España
Terstch: «Ya no se sabe quién es más delincuente en ese gobierno con el que amenazan a los españoles»
Hermann Tertsch no es alguien que se muerda la lengua en Twitter. Sus intervenciones en esta red social suelen ir cargadas de contundencia. Y más cuando el tema a comentar es Vox, el partido para el que el también periodista trabaja como europarlamentario.
En esta ocasión, José Luis Rodríguez Zapatero ha sido el objeto de las críticas de Terstch. El que fuera presidente del Gobierno español entre 2004 y 2011 realizó unas declaraciones al respecto de Vox que no sentaron nada bien a su ya mencionado representante.
“Creo que la emergencia de una fuerza política de extrema derecha tiene también un recorrido. Todo en la vida política es un proceso. Y ese proceso arranca de la derrota del Partido Popular en las elecciones de 2004. Y de la no aceptación, o deslegitimación, que Aznar hace de esa derrota para justificar o intentar esconder sus propios errores”, contaba Zapatero esta semana en una entrevista que le realizó Público.
“Eso se ha prolongado en una parte de la derecha más dura, que acabó siendo la cobertura y el empuje intelectual de la extrema derecha. Los mismos que cuestionaban el atentado del 11M de 2004, los que luego comenzaron a decir que Rajoy era de centro izquierda o de izquierdas y lo llamaban la ‘derechita’. Esto se sabe en qué laboratorio de ideas comienza: es en FAES”, comentaba también el antiguo líder del PSOE.
“De ahí se propaga. También sabemos en qué medios de comunicación, en qué tertulianos y como casi siempre pasa en la política y en la vida: nada es en balde. Allí armaron todo eso”, sentenciaba Zapatero. Para añadir más tarde lo siguiente: “Tanto que hablan de independencia, hay fuerzas, ya no solo Vox, opinadores y analistas, que se han hecho independientes, pero independientes de la democracia. Se han independizado de la democracia”.
La respuesta de Terstch
Tras leer este extracto de la entrevista, Tertsch ha respondido a Zapatero con la habitual rotundidad que le caracteriza. Lo ha hecho por alusiones, después de que el expresidente afirmase que Vox es hijo de FAES, una fundación muy ligada al Partido Popular y que preside José María Aznar.
“Dice Zapatero que Vox es fruto de FAES. No Zapatero, Vox es la reacción de la nación española a la amenaza que tú y Sánchez simbolizáis como nadie, piezas de la peor conjura contra España que comenzó con el 11M y el frente PSOE/ETA/ERC para este golpe al que ahora asistimos”, fueron las palabras del eurodiputado de Vox en su perfil de Twitter.
“Ya no se sabe quién es más delincuente en ese gobierno con el que amenazan a los españoles”, tuiteó Terstch horas más tarde, en un TL plagado de ataques contra el PSOE. Aunque la peor parte se la llevó, como se ha podido comprobar, Zapatero.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
