España
Típico de la canalla roja: en el Consejo de Ministros andan a bofetadas. Iglesias se encara a Celáa por la caótica vuelta al cole
No todo es de color de rosa en la coalición entre el PSOE y Unidas Podemos, aunque Sánchez e Iglesias se esfuercen en aparentarlo. En el Consejo de Ministros ha habido discusión.
Precisamente el día en que Pedro Sánchez más ha mostrado y demostrado su lealtad para con Pablo Iglesias, éste no le ha correspondido. Más bien al contrario.
M. Blasco.- Unidas Podemos ha roto la confidencialidad que Pablo Iglesias, Irene Montero, Alberto Garzón y Manuel Castells están obligados a guardar sobre las deliberaciones del Consejo de Ministros para que la polémica en torno al inicio del curso escolar no les salpique.
Ello el mismo día en que el presidente del Gobierno ha respaldado públicamente a su socio de gobierno en su rueda de prensa de La Moncloa por la financiación de Podemos, y el PSOE ha votado en contra de la comparecencia de Iglesias en el Congreso para hablar de la presunta caja B en su partido.
Así las cosas, desde la formación morada han filtrado a la prensa que durante el primer Consejo de Ministros del curso político, Iglesias ha arremetido contra la ministra de Educación ante el resto de miembros del Gobierno y ha acusado a Isabel Celáa de “falta de liderazgo”.
Se trata de una acusación que desde la semana pasada le vienen haciendo insistentemente las comunidades pero que cobra especial relevancia en boca del vicepresidente de Derechos Sociales. Éste también insistió intramuros de La Moncloa en que la bajada de la ratio en las aulas es indispensable.
Los ministros de Unidas Podemos pidieron durante la reunión que los 2.000 millones de euros del fondo Covid para las comunidades destinados a Educación estén condicionados y únicamente puedan destinarse a la contratación de más profesores y a alquilar o acondicionar espacios que permitan desdoblar las clases.
La formación morada, sin embargo, no ha filtrado la respuesta de la aludida, aunque el mensaje lanzado por el propio Sánchez en su comparecencia ha sido bien claro: “El curso escolar debe iniciarse con normalidad, ésa es la hoja de ruta, y no hay otra”.
Cabe recordar que, según el artículo 5 de la la Ley del Gobierno del año 1997, “las deliberaciones del Consejo de Ministros serán secretas”. Es más. Cuando los ministros juran o prometen su cargo también se comprometen expresamente a guardar ese secreto.
Lo ocurrido este martes en el seno del Consejo de Ministros es fiel reflejo de lo que está sucediendo entre el PSOE y Unidas Podemos. Aunque Sánchez e Iglesias se esfuerzan por mantener engrasada su alianza, por debajo se suceden las tiranteces y los roces entre los ministros de uno y otro partido. Entre Margarita Robles e Irene Montero, entre esta última y Carmen Calvo o entre Pablo Iglesias e Isabel Celáa, como es el caso.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
