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Opinión

Todo está relacionado: “Crónica de una degeneración anunciada”

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Envueltos en la vorágine política, continuamos asistiendo a la indefinición tanto en el ámbito nacional como en el de algunas regiones, que siguen en el limbo de la parálisis después de más de dos meses y medio y de uno y medio, respectivamente, desde las fechas en que fuimos llamados a las urnas, tras lo cual se refuerza la pantomima que en muchos casos supone nuestra democracia partidocrática y el fraude en el que se traducen los pactos postelectorales que en no pocas ocasiones no responden a lo que los ciudadanos votan.

Así vimos hace unos días la consumación de la “felonía” de VOX en Murcia, que se repite en Madrid, en las que el mensaje inequívoco de la campaña electoral: “Nuestro principal objetivo es que no gobierne la izquierda”, se traduce en votar junto a Podemos y PSOE la negativa a investir al candidato del Partido Popular primero e impedir siquiera que haya candidato después, en la principal economía de España -hoy comunidad uniprovincial también, otra de las incomprensibles “creaciones” de este sistema-, en base a un supuesto ninguneo con el que pretenden vestir su ansia de tocar el poder que le negaron las urnas al no alcanzar una representación significativa en ninguno de los dos casos, más allá del papel de comparsa en ambas regiones, sin que se pueda entender otra cosa que su deseo de estar en primera línea en los medios a los que denostaban no hace mucho: “mis principios por una foto y que hablen de nosotros aunque sea mal”, que ya lo están haciendo no pocos -incluso los que no hace mucho los defendían ciegamente-, que han tardado bastante en ver lo que algunos venimos diciendo de este “Fraude VOX” desde 2014 y a lo que otros que también lo conocieron de cerca se han venido uniendo desde entonces. Siempre anteponiendo el protagonismo a la prevalencia del objetivo que anunciaban. Lo dicho, un auténtico fraude electoral, mejor dicho, otro, porque no es el único.

Eso, sin entrar en lo que suponen de inefectividad gestora los alargamientos de los periodos de “gobiernos en funciones”, que en algunos casos como en el del gobierno central sería más apropiado llamar de “sin gobierno”, debido a unos plazos que en España son vergonzosos y de lo que hasta Grecia nos acaba de dar una lección: elecciones el domingo y el lunes nombramiento del nuevo presidente y formación de gobierno, además de haber dejado fuera del parlamento a Syriza, la izquierda podemita griega de Alexis Tsipras, y a Amanecer Dorado, la extrema derecha de Nikos Mijaloliakos, que algunos malintencionados comparaban respectivamente con VOX y Santiago Abascal. Cierto que haber obtenido mayoría absoluta ayuda, pero en España -muy dada a las vacaciones, especialmente en el ámbito político- ni así se evitó una paralización de la gestión de gobierno que en 2011 fue de un mes largo -mayoría absoluta de Mariano Rajoy que pudo adelantarse a la lección que nos dio Grecia el domingo-.

En España, si hay que “pactar”, o sea, subvertir el deseo popular, nos vamos ya camino de los tres meses con visos de llegar a seis -ya hubo precedente en 2016-, sin que sea fácil entender que el sistema no obligue a que haya un debate de investidura en un plazo máximo de una o dos semanas, que sería lo lógico, y si no se puede formar gobierno convocar nuevas elecciones en el plazo máximo de un mes. Se me ocurre que si sus “señorías” no empezaran a cobrar sus generosos sueldos -con la excepción en todo caso de la Mesa del Congreso- hasta que no se constituyera de manera efectiva el Poder Legislativo, tras la formación del gobierno, la agilidad se impondría por encima de los espurios y calculados intereses de los supuestos “representantes” del pueblo. Otro cambio urgente que necesita el sistema.

Por si fuera poco, la semana nos ha “obsequiado” nuevamente con la aberrante celebración del “día del orgullo gay”, que nunca entenderé que merezca tal algarabía, y mucho menos que consista en la exhibición lamentable de toda clase de “espectá-culos”, sexo explícito o actos de demostración de ese “amor homosexual” que parece que sea más fuerte y sincero porque se haga en público en un jolgorio, cuando menos, alejado de la estética, si no de la mínima ética humana y, por supuesto, moral, en los que no tienen el menor reparo en utilizar a niños sin que se escuche un solo comentario de esas asociaciones de defensa del menor, que en esos días también “se dan vacaciones” y miran para otro lado si lo hacen los suyos. Ya sé que mi comentario no entrará en el concepto de “libertad de expresión” que para los que dan ese espectáculo sí ampara sus comportamientos, pero así lo veo yo.

Se trató de un espectáculo en el que de nuevo hemos visto la doble vara de medir a la hora de calificar las agresiones verbales y al parecer físicas a representantes de un partido político que no era “de los suyos” por parte de los que sistemáticamente predican la democracia pero no la respetan y que no llegaron a mayores por la intervención policial. Este año, además, con un invitado especial, el otrora admirado juez del caso Faisán, Fernando Grande-Marlaska, hoy responsable del orden público y que bailando el “Sobreviviré” oficial de estos eventos, tuvo una actuación bastante reprobable en su ambigüedad característica, más propia del sectarismo sanchista que de un ministro del ramo del que hoy los partidos de la oposición piden su dimisión o cese, que tendría que haber sido ya si se confirma que ha habido “intervención” en el “informe policial” que exculpa a los presuntos agresores. Que no digo yo, líbreme Dios, que haya que perseguir o encarcelar a los homosexuales como hacen sus admiradas dictaduras de izquierdas -Cuba, por ejemplo-, colgarlos de una grúa como sus amigos iraníes o tirarlos desde la azotea como en Irak, pero de ahí a considerarlo un “orgullo”, va un trecho. Recuerdo, ¡qué tiempos aquellos!, que me enseñaron que un orgullo era trabajar o estudiar y formarse, terminar la carrera, encontrar un empleo, esforzarse y hacer méritos para conseguir algo, ayudar al prójimo, sacar adelante una familia, educar bien a los hijos…, pero no exteriorizar la parte animal que todo ser humano lleva dentro. Debo estar desfasado.

También conocimos la noticia de que casi uno de cada cuatro universitarios -el 27’7%- no encuentra trabajo en los cuatro años siguientes a terminar su carrera, según un informe sobre “Inserción laboral de los titulados universitarios” del curso 2013-14, publicado por el Ministerio de Ciencia Innovación y Universidades y más de la mitad -el 53%- no lo encuentra durante el primer año. Algo que contrasta con la euforia que allá por Marzo de 2015 publicaba un conocido medio y que poco después motivó mi artículo “Cuatro de cada diez jóvenes tienen titulación universitaria”, que comenzaba con una pregunta para la reflexión: “¿cuántos de esos jóvenes titulados españoles encuentran un empleo, profesional y económicamente, acorde con la cualificación que el título supondría?” y el MCIU me ha dado, cuatro años después, la respuesta oficial con los porcentajes que cito más arriba. Porque este es el resultado de esa “Incontinencia Universitaria” que vengo denunciando desde los años ochenta en que la clase política -por acción o por omisión- ha ido cayendo desde entonces en su carrera desnortada de abrir universidades en todas las capitales de provincia -y ciudades de mediana importancia-, sin freno ni control y sin un previo análisis objetivo de la necesidad real sobre qué disciplinas podían ser necesarias, o siquiera convenientes, para el mercado y la sociedad, en ese intento “igualitarista”, que no igualitario, de la izquierda de que todo el mundo tuviera acceso ‘fácil´ a la Universidad, que llevó aparejada una sensible y creciente bajada del nivel de calidad en la docencia y sus impartidores -entre el 82 y el 96 tener el carnet del PSOE se convirtió en el principal mérito para dotar cátedras- que han sido y son los “formadores” de la mayoría de los que ahora “forman” y de los padres actuales. Simultáneamente se bajó el listón de la exigencia de esfuerzo y mérito como valores selectivos en busca de la excelencia, que es lo que debería buscar una buena Universidad, hoy muy escasas en la enseñanza superior española. Al final, lo que debían ser cribas de la excelencia complementando la preparación de los futuros cuadros con una buena Formación Profesional, que antes se impartía en las Universidades Laborales, también apartadas del sistema por “franquistas”, se convirtieron en fábricas de desempleados y frustrados que el mercado no quiere ni necesita. Pero queda muy bien de cara a la estadística decir que casi todos nuestros jóvenes son “universitarios”, que tenemos cero “analfabetos” aunque una buena parte no entiendan lo que leen y escriban con más faltas de ortografía que aciertos, pero todos igualitos y “chupiguays”, que “mola mazo” como dirían nuestros progres. Y no hablemos del coste de mantenimiento de tanta universidad inútil o contraproducente y de tanto “profesor” mediocre, que sería un asunto que habría que analizar con detenimiento, pero trasciende el propósito de hoy.

Pero como digo en el título, “Todo está relacionado”, aunque en orden inverso al que he venido comentando los tristes acontecimientos de la semana, como es obvio. Sin duda, esta laxitud del sistema docente masificado e igualitarista, tanto en cuanto a la calidad de la enseñanza como en la pérdida del rigor en la exigencia académica -que un 95% de los presentados aprueben la Selectividad, en mi opinión no debería ser motivo de orgullo sino de preocupación, vistos los resultados-, tenía como fin último influir negativamente en la sociedad y lo ha hecho. Había que empezar por los “cimientos” para destruir el “edificio” y los enemigos de nuestros valores y raíces basados en el Humanismo Cristiano se pusieron a la tarea de romper la célula fundamental, deformar al individuo y acabar con la familia y ahí está como primera evidencia ese “orgullo gay” mal entendido y mucho más allá de la tendencia sexual del individuo, respetable siempre mientras no se traspasen ciertas líneas de decoro y respeto, superadas año tras año en estos eventos descontrolados que sólo dejan basura moral y física -véanse las fotos de las calles de Madrid tras la “celebración”- hoy lamentablemente crecientes en el corto plazo si no se ataja de raíz el problema vía educación y exigencia. Unida a eso ha ido la implantación sibilina de términos en ese sentido y la proliferación de tipos de “familia”, término que ha pasado del concepto tradicional de padre, madre e hijos -si los hay- a utilizarse para cualquier otra convivencia de individuos de cualquier sexo incluida la de consigo mismo, que también es ya “familia”, si interesa al “progresismo” de izquierda.

Por último, teniendo en cuenta que, como es lógico en una “democracia”, aunque sea tan particular y desvirtuada como la nuestra, al Parlamento y demás instituciones llegan “representantes” de esa sociedad que estoy describiendo y, precisamente por eso, no podemos sorprendernos del mediocre nivel que demuestra la inmensa mayoría de nuestros políticos actuales -afortunadamente hay excepciones-, que anteponen sus intereses personales al bien general de lo que representan, algo que se hizo más patente especialmente desde la llegada del primer mediocre por excelencia que ascendió al máximo nivel de una democracia, “Para ser presidente del gobierno solo hace falta ser español y mayor de edad”, dicen que confesaba a su mujer el que llegó a la Moncloa por Atocha, sin entrar en más detalles, y así nos va desde 2004 y no se ha sabido, querido o, a lo mejor, podido, tratar de cambiar en 2000 o 2011 y así nos va.

¡Viva la “democracia” totalitaria que la izquierda impuso y que la derecha consintió! Pese a todo, “es el menos malo de los sistemas políticos”, que decía Sir Winston Churchill… ¿o no?


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¿Son las mujeres efectivas en el Ejército?

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En la pregunta va implícita el debate entre el militar institucional (o vocacional) y el ocupacional, que parece ser el caso de esta comandante, que sigue abierto, pues responde, también al modelo de FAS que se pretende, máxime cuando está abierta la cuestión sobre la profesionalización del Ejército. La profesión militar, para ser auténtica, hay que vivirla vocacionalmente. Y ello sin perjuicio de que cada día gane más en un pretendido ocupacionalismo fruto de la inevitable especialización técnica.

La única cuestión que parece haber suscitado, aquí y en otros lugares, algunos problemas es la de la integración de las mujeres en las FAS. El principio constitucional de igualdad veta cualquier discriminación por razón de sexo; y en virtud de la necesaria desigualdad a la que lleva la igualdad bien entendida han existido, en ocasiones, dobles baremos: el masculino y el femenino, menos exigente por estar adaptado a las globalmente inferiores capacidades y condiciones físicas de la mujer.

El problema tiene dos importantes variaciones: en primer lugar, si es posible que la mujer ocupe cualquier puesto en las FAS; y, en segundo, si es necesario y conveniente un doble baremo de pruebas para el acceso a la carrera militar o a algunos de sus puestos y funciones.

Como término general existen las siguientes diferencias:

1.- Físicas: menor peso, menor estatura, menor resistencia a la fatiga, mayor resistencia al dolor, diferencias constitucionales, menor fuerza, mayor flexibilidad, mayor elasticidad.

2.- Psicológicas: menor estabilidad emocional, menor resistencia al estrés, menor control emocional, mayor capacidad verbal, menor agresividad física, mayor sumisión, menor independencia.

Muchas de estas diferencias, además de las fisiológicas derivadas de las físicas y con posibles consecuencias psicológicas (periodo, embarazo, lactancia, menopausia), son las que llevan a numerosas fuerzas armadas a vetar el acceso de la mujer a determinados puestos en las FAS o, en general, a primera línea de fuego (éste es el caso de Inglaterra, Francia, República Checa, EEUU y Grecia). Otros ejércitos, como es el caso del israelí, tras la experiencia de movilización general y participación de la mujer en combate han comprobado que existen una serie de circunstancias que obligan a apartarla de esa primera línea, aun cuando hace un papel insustituible en segunda línea. Finalmente, en otros países se permite que las mujeres ocupen cualquier puesto, como son los casos de Hungría, Canadá, Suecia, Belgica, Holanda y Noruega, aunque muchos de ellos tengan limitaciones puntuales en los destinos como submarinos, tanquistas, comandos especiales o fuerzas navales. Hay países en los que en ningún caso participa la mujer en las Fuerzas Armadas. Italia y Alemania, principalmente.

Lo que en ningún caso debe hacerse es rebajar el baremo para cubrir los puestos vacantes con quien sea. Es decir, a cada tipo de puesto le corresponde un mínimum físico y psíquico que debe ser superado por quien sea para ocupar ese puesto. Pues, de otro modo, se perdería la efectividad militar y, por tanto, la guerra.

La fallecida ex ministra socialista de Defensa, Carmen Chacón, junto a un grupo de mujeres militares.La fallecida ex ministra socialista de Defensa, Carmen Chacón, junto a un grupo de mujeres militares.

En España, la incorporación de la mujer a las FAS es una cuestión que se ha legislado tarde y mal. El Decreto Ley 1/1988 trató de ordenar esta cuestión sin demasiado éxito. (Derogado por el R.D 562/1990 de ingreso en los centros docentes militares). Y es que a los problemas derivados de la legalidad se unen otros reales: instalaciones en cuarteles, campamentos, buques, etc. La regulación posterior ha sido incompleta e incoherente, entre otras cosas, porque nunca se ha sabido hacia dónde ir.
En este sentido, existían diferentes baremos de pruebas físicas para acceso a militar de empleo en la modalidad de tropa y marinería, y no, en cambio para las Escalas Superiores y Medias del CGA. ¿Es justificable ese doble baremo? ¿Por qué no pueden ingresar varones que, no pasando su baremo, sí pasan el de las mujeres? Pero aún resulta más clamoroso que se vetara de forma general el acceso de soldados femeninos a destinos de tipo táctico u operativo en destinos de la Legión, de operaciones especiales, paracaidistas, así como de fuerzas de desembarco, dotaciones de submarinos o de buques menores, unidades que sí podian estar bajo el mando de oficiales y suboficiales féminas.

El artículo 129.2 in fine de la Ley 17/99 dice expresamente que “entre los requisitos exigidos para ocupar determinados destinos se podrán incluir límites de edad o condiciones psicofísicas especiales (…), sin distinción ninguna por razón de sexo”. Pauta interpretativa que deroga, implícitamente, toda distinción de puestos en razón de sexo, como los antes señalados.

Por mandato de la Ley 17/99 y del RD. 66/2000, la OM. de 12 de abril de 2000 dispone que serán las correspondientes convocatorias las que establezcan un doble baremo físico para medir la capacidad de los aspirantes en los procesos selectivos. Así pues, en las resoluciones por las que se convocan plazas para los centros docentes militares de formación (así como para MPT.s) se incluyen ya dobles baremos.

Jurídicamente ya no tiene cabida la discriminación en el acceso y en la posterior carrera, aunque hay que revisar, precisamente, el concepto de igualdad en el acceso y la carrera, no pareciendo lógica la asimilación de políticas de “discriminación inversa” según modelos civiles y por la propia naturaleza de la función militar.

En cuanto a la existencia de dobles baremos se argumenta que en deporte las pruebas son diferentes, pero la guerra no es un deporte. También se señala que, en todo caso, la diferencia cualitativa entre hombre y mujer enriquece el funcionamiento de las FAS, y es cierto, sobre todo si nos dirigimos a los más altos escalones de mando y dirección, pero no es así en niveles inferiores en los que la capacidad física y ciertas actitudes de obediencia militar son todo.

Desde mi punto de vista y dado lo delicado de la cuestión (eficacia militar adversus igualdad civil), parece lógico establecer una sólida y rigurosa política de puestos que, con realismo, acepte al mejor, física y psicológicamente, sea hombre o mujer. Con unas pruebas únicas que sean lo duras que tengan que ser.

Teniente coronel de Infantería y doctor por la Universidad de Salamanca


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Tres batallas decisivas

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Cuando aún gobernaban los socialistas, los cabestros de la Junta de Andalucía pretendieron desfigurar el sentido de las Navas de Tolosa convirtiéndolo en una especie de homenaje a la multiculturalidad, entre ignorante y malintencionado.

Vivimos en el reino del disparate, que podría ser divertido si no ocultara propósitos repulsivos. El hecho real es que el sultán almohade Muhammad al Násir (Miramamolín para los cristianos), decidió hacer un esfuerzo extremado para imponerse en la península y proseguir, si las armas le favorecían, hasta la misma Roma. Al efecto hizo predicar la guerra santa en el islam, reuniendo contingentes de muy diversas procedencias, hasta turcos, calculados en unos 120.000 hombres.

La yihad alarmó al rey castellano Alfonso VIII y a los cristianos en general, de los que acudieron a España hasta 30.000 de más allá del Pirineo, para unirse a unos 70.000 peninsulares. Visto el extremo peligro, los reinos españoles dejaron de lado las rencillas, bien participando directamente, como Navarra, con Sancho VII, y Aragón, con Pedro II, o permitiendo a sus súbditos acudir al encuentro, casos de Portugal y León. Sin embargo, las fuerzas ultramontanas, principalmente francesas, se volvieron atrás, disgustadas por lo que consideraban excesivas complacencias de los españoles con judíos y moros.

Los musulmanes, sagazmente, prefirieron esperar en Despeñaperros, a fin de que el ejército hispano, mal abastecido en una época de hambre, se cansase y desgastase en una larga marcha desde Toledo, bajo la canícula implacable de julio. Llegados los españoles al lugar donde esperaban los islámicos, comprobaron la imposibilidad de forzar el paso, y también de perder tiempo en rodeos, pues ello podía provocar deserciones en masa, después de las fatigas sufridas. Como es sabido, un pastor les orientó por un paso oculto que les permitió acercarse indemnes al campamento enemigo. Ante el primer choque, favorable a los musulmanes, Alfonso “animó” al arzobispo de Toledo: “Voy y yo aquí muramos”. Pero una carga impetuosa de los cristianos rompió las líneas contrarias y alcanzó el real del sultán, desbandando a su ejército.

Fue un episodio decisivo porque frenó una expansión islámica que ya había causado derrotas muy dolorosas a los hispanos; porque desprestigió al Imperio almohade en el norte de África, facilitando su descomposición interna y las rebeliones contra él en el Magreb; y porque la frontera española era desde siglos antes la defensa europea que contenía los embates musulmanes, y entonces corrió un muy grave riesgo de quebrarse, con efectos difíciles de calcular. De haber vencido los almohades, habrían tenido el camino libre hasta, al menos, los Pirineos.

Al año siguiente Pedro de Aragón, uno de los héroes de las Navas de Tolosa, se enfrentó en Muret, sur de Francia (o de la actual Francia) a una cruzada predicada por el papa Inocencio III contra los cátaros, a quienes protegían muchos nobles de la región. La cruzada congregó a numerosos nobles del norte de Francia al mando de Simón de Montfort, cuya intervención temían los señores del sur y el rey de Aragón, que por entonces se expandía más allá de los Pirineos, hacia Toulouse y Provenza. En esta ocasión Pedro II tuvo menos suerte, pues fue vencido y muerto.

El resultado tuvo importantes efectos históricos, pues afirmó la presencia francesa en toda aquella zona, bloqueando la expansión de aragoneses y catalanes, y obligó a estos a concentrar más sus energías en la otra dirección de sus avances, es decir, en la Reconquista. Quizá, aunque no es seguro, una victoria aragonesa en Muret habría apartado de la península los esfuerzos de aragoneses y catalanes, orientándolos al sureste francés. En todo caso, los nacionalistas suelen lamentar mucho el resultado de la batalla, pues, de haber sido otro, habría alejado a Cataluña (o eso piensan y desean ellos) de los asuntos de España. El hijo de Pedro, Jaime I el Conquistador, ya dedicó plenamente sus afanes a la Reconquista.

Y un año después tuvo lugar en Bouvines, al norte de Francia, otra batalla decisiva para la historia de Francia y de Europa occidental. Por entonces lo que hoy entendemos por Francia estaba dividido políticamente entre los territorios del oeste, los más extensos con diferencia, bajo la soberanía del rey de Inglaterra; amplias zonas al este pertenecientes al Sacro Imperio Romano Germánico; una serie de condados y ducados en el centro, bajo teórico vasallaje del rey francés, que lo era en la práctica poco más que de la región de París; y el sureste, prácticamente independiente o bajo el protectorado de Aragón hasta la batalla de Muret.

El rey Felipe II Augusto de Francia se propuso recobrar cuantos territorios pudiera de los ingleses y someter a su autoridad real, no solo teórica, a los nobles. Ello, más las intrigas en torno a la titularidad del Sacro Imperio, llevaron a la formación de una alianza entre Inglaterra (Juan Sin Tierra), el Imperio (Otón IV de Brunswick) y diversos nobles: Felipe Augusto quedaba cogido en una tenaza, con probabilidad de sucumbir él y sus proyectos, y hasta la misma Francia, al menos por largo tiempo. Por suerte para él, ingleses e imperiales actuaron mal coordinados y finalmente los franceses pudieron enfrentarse en Bouvines, en inferioridad material, a los imperiales de Otón, derrotándolos.

La batalla tuvo efectos extraordinarios: Otón fue derrocado y el Imperio entró en un período de descomposición; la alianza antifrancesa se disolvió y los ingleses tuvieron que ceder Bretaña, Normandía y otros extensos territorios; Felipe Augusto, quizá exagerando algo, vio en su victoria la salvación de Francia y la explotó para acrecentar el prestigio real y su poder sobre los nobles, impulsando una orientación unitaria que tardaría aún siglos en completarse. Una consecuencia indirecta, no menos crucial, fue el descontento de los barones ingleses que habían perdido sus posesiones en el continente, y las disputas entre la nobleza normanda y la anglosajona, que derivaron en la imposición, al rey Juan, de la CartaMagna.

Esta limitaba considerablemente el poder regio y aseguraba el de los nobles y la Iglesia, estableciendo al mismo tiempo el principio esencial del habeas corpus para impedir los juicios arbitrarios (un precedente de ese derecho se encuentra en la España visigoda). La CartaMagna, aunque de carácter netamente feudal, está considerada un precedente o semilla del liberalismo inglés y del estado moderno.


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Carta abierta a Griezmann

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Antoine: Permíteme que te diga te has equivocado totalmente. Me explico. Ante todo, no es bueno salir de un sitio por la puerta de atrás, como tú has hecho.

La vida da muchas vueltas y cerrarte para siempre la del Atleti no conduce a nada.

Si fueras un Señor (que no lo eres), te habrías marchado hace dos años, sin necesidad de sacar el pastón que te has sacado…para nada.

Porque eres un buen jugador, pero no un crack. Un crack no falla un penalty en una final de Champions.
Y como el Atleti sí lo es, jamás te lo ha recriminado, pero yo sí. Tampoco has ganado ningún Trofeo al más goleador de la Liga. Ni te has echado nunca el equipo a la espalda. Más bien te la guardaban.

Con el mejor portero del mundo y la mejor defensa detrás, es fácil hacer alguno que otro gol. Ya veremos en el Barça sin lo uno ni lo otro cómo te va.

Has preferido ser cola de león que cabeza de ratón. Craso error. Los elogios siempre se los llevará tu admirador Messi.

Querías comer en su mesa, ya lo has conseguido. Pero sólo te vas a comer el postre. El solomillo, siempre para él.

Y también ya sabes que no llegas con buen pie a tu nuevo equipo.

Cuando falles, te vas a enterar de las broncas que te van a echar. Y cuando hagas un buen pase, el gol siempre será “del otro”.

Como será, que antes de empezar, por no respetar, no te han respetado ni tu 7. Por algo será…
Acabo. Deberías haber cambiado impresiones con Falcao, el Kum Agüero o Arda Turan. Ellos te podrían explicar mejor que nadie el frío que hace fuera del Atleti.

En fin, como la cosa no tiene remedio, allá tú; ya eres mayorcito. Dices que sabes el paso que has dado.
Sinceramente, creo que no.


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