Sucesos
Tres de los seis implicados en la «Manada» de Bilbao están en paradero desconocido
La juez dejó en libertad condicional a cinco de los seis supuestos implicados en la agresión sexual de la que fue víctima una joven el pasado agosto en Bilbao. La condición era que debían hacer acto de presencia regularmente en comisaría. Una regla que han incumplido tres de ellos, que se encuentran en paradero desconocido.
Según apunta El Correo en su edición de este jueves, la Ertzaintza trata de localizar a los tres individuos, de entre 18 y 21 años, que hace días que no acuden a firmar. Desde el entorno de los jóvenes señalan que podrían haberse incluso marchado a Francia.
Este mismo miércoles, el Departamento de Seguridad vasco confirmó que las pruebas de ADN solo han detectado material genético de uno de los seis implicados. Se trata del conocido como «el búho», cabecilla de esta última «Manada».
Las pruebas han revelado rastros genéticos de otras personas, pero no de los arrestados, de forma que por el momento se desconoce quiénes participaron en la violación.
Se esperaba que las pruebas realizadas en el laboratorio arrojaran algo de luz sobre el caso. Tal y como denunció la propia víctima, la agresión sexual tuvo lugar el pasado 1 de agosto en el parque Etxebarria de Bilbao. Previamente había quedado con «el búho» a través de las redes sociales. En un momento dado, varios hombres la abordaron y perpetraron la violación. La descripción de la joven permitió a la Policía dar con seis varones en los alrededores del mercado de La Ribera.
Es precisamente «el búho» el único de los detenidos que sigue entre rejas, dado que los otros supuestos implicados en la agresión sexual quedaron en libertad con la condición de acudir regularmente a los Juzgados de la capital vizcaína. En cualquier caso, la investigación continúa abierta, y se esperan los resultados de nuevas pruebas.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
