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Europa

Un «arma de primera elección»: Sólo en Londres se registraron más de 450 ataques con ácido en 2018

Redacción

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El año pasado sólo en Londres hubo más de 450 ataques con ácido (504 en todo Reino Unido) y 1.800 desde 2010. Es el epicentro de los ataques. En el mundo, el 80% de las víctimas de estos ataques son mujeres, según Acid Survivors Trust International.

Un joven de 16 años fue detenido en Londres la semana pasada por perpetrar cinco ataques con ácido en una hora y media. El joven, cuya presunto móvil era el robo, se ha declarado inocente. Pero no es un hecho aislado. El pasado mes de abril 20 personas fueron atacadas en un club del distrito de Hackney y dos quedaron ciegas. Sólo ese mes se registraron 45 crímenes con ácido, según The Guardian . En junio una joven escribió una carta para que cambie la ley mientras seguía postrada en la cama de un hospital. Fue atacada junto a su prima en el barrio de Beckton el día de su cumpleaños.

Todo ello son pequeñas muestras de lo que sucede en Reino Unido, donde en los últimos meses ha habido un aumento significativo de este tipo de ataques, sobre todo en Londres. Según datos de la Policía, hasta el pasado mes de abril se habían cometido en Inglaterra y Gales unos 400 ataques con ácido, si bien el móvil del delito cambia. Puede tratarse robos, ataques racistas, agresiones sexuales o incluso crímenes de honor (contra mujeres que supuestamente han deshonrado a sus familias). Entre 2005 y 2015 se doblaron, publicó The Guardian hace un año, y seis de cada diez víctimas eran hombres.

Los expertos consideran que los ataques con ácido han proliferado porque son sustancias accesibles en tiendas e incluso en el hogar y hasta ahora su uso tenía menos consecuencias que el de otras armas, como los cuchillos. Además, la gran mayoría de estos ataques no llegan a juicio. Lanzar ácido no es un delito específico. Las pandillas conocen las ventajas de usar ácido para atacar a alguien en lugar de un cuchillo: los cargos son más graves si te atrapan con un cuchillo y las condenas a prisión son mayores.

Simon Harding, un criminólogo y experto en bandas de la Universidad de Middlesex, asegura a la BBC que el ácido se está convirtiendo en un “arma de primera elección”. “Lanzar ácido es una forma de demostrar dominio, poder y control, creando un enorme temor entre los miembros de las bandas rivales”, explica. Añade que el ácido es probable que genere una acusación de daños corporales intencionales, mientras que el uso de un cuchillo es muy probable que derive en una acusación por intento de homicidio y además es más fácil deshacerse de una botella de ácido que de un arma blanca, donde se puede encontrar ADN más fácilmente.

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(La Gaceta Europea)

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España

Lo único bueno que nos trae Europa: retuercen el brazo a Sánchez para aumentar el gasto en Defensa

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El portaaeronaves Juan Carlos I se renueva con 50 equipos para su nueva propulsión y 35.000 metros de cableado

La gran revisión del buque insignia ha movilizado a más de 300 profesionales y cerca de 40 empresas especializadas

Tras casi cuatro meses de trabajos, el buque insignia a L-61 Juan Carlos I estará puesto a flote este lunes 10 de noviembre, antes de iniciar las pruebas de mar previstas para la primera quincena de diciembre, según ha informado la Armada española.

El proyecto, uno de los más relevantes desde la entrega del buque a la Armada en 2010, ha movilizado a más de 300 profesionales y cerca de 40 empresas especializadas , reflejando la magnitud técnica y humana de la actuación. Los trabajos comenzaron el 17 de julio, con la entrada del buque en dique seco , y han incluido actuaciones críticas para garantizar su operatividad durante la próxima década.

El punto central de la modernización ha sido el reemplazo completo del sistema de propulsión, un proceso de alta complejidad que permitirá optimizar el rendimiento energético del buque. Se han desmontado los Pods existentes, desinstalado 48 equipos del sistema anterior e instalado 50 nuevos equipos para sustituir su propulsión de última generación.

El proyecto ha implicado el tendido y conectado de más de 35.000 metros de cableado —tanto de fuerza como de control— y la reutilización y reconexión de otros 31.000 metros ya existentes. Estas tareas aseguran la integración total del nuevo sistema y su compatibilidad con los sistemas eléctricos y de control del buque.

La inmovilización ha incluido un programa de trabajos de varada de gran envergadura: tratamiento de superficies del casco y la superestructura, revisión de hélices transversales, estabilizadores, anclas y cadenas, y la renovación de ánodos y sistemas de protección catódica (ICCP) . También se ha intervenido en el sistema antiincrustante MGPS, se han sustituido o revisado más de 200 válvulas de fondo y se han limpiado y pintado casi 80 tanques y sentinas.

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Entre las labores más complejas destacan también las de mantenimiento de los grupos generadores diésel, que han sido sometidas a un «overhaul» completo para garantizar la confiabilidad y disponibilidad necesarias para alimentar los nuevos sistemas de propulsión.

Modernización total

El capitán de corbeta Héctor Arias Macías, jefe de Máquinas del buque, ha subrayado la importancia técnica y humana del proyecto: «La modernización efectuada en el buque se traduce en una mayor confiabilidad de los sistemas y en una mejora sustancial de las condiciones de vida a bordo».

Según explica, las mejoras en habitabilidad se reflejarán en «las zonas de esparcimiento, aseos y cocinas, que se han renovado por completo junto con las cámaras frigoríficas». Arias ha destacado además «la empatía y profesionalidad con la que todo el personal y las empresas implicadas han afrontado el proyecto», y ha reconocido que «ver al buque de nuevo a flote, tras cuatro meses en dique seco, listo para la siguiente misión, nos llena de orgullo e ilusión».

Imagen del L-61 al frente de un grupo naval

Imagen del L-61 al frente de un grupo naval. Armada Española

 

Por su parte, Joaquín Pery Bohórquez, jefe de programa de Navantia, ha subrayado «la magnitud de esta inmovilización, tanto en términos de empleo en la Bahía de Cádiz, como en el trabajo conjunto con la Armada para garantizar la plena operatividad del buque y la mejora de la habitabilidad para la tripulación».

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Pery ha destacado que «han sido meses de intenso trabajo en los que Navantia se ha involucrado para entregar a tiempo y con la calidad que la Armada requiere», en una actuación que consolida la experiencia del astillero gaditano en el mantenimiento de grandes unidades navales.

El Juan Carlos I, puesto en servicio en 2010, es el buque de mayor tamaño y capacidad de la Armada Española, con una eslora de 231 metros, una cubierta de vuelo apta para aviones AV-8B Harrier II Plus y helicópteros, y capacidad para transportar un batallón completo de Infantería de Marina con sus vehículos y equipos.

Con esta modernización, el buque insignia de la Armada refuerza su papel como plataforma estratégica de proyección anfibia y aérea, preparada para afrontar las nuevas misiones nacionales e internacionales que le sean encomendadas.

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