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Opinión

Un Ejecutivo muy degenerado. Por Jesús Salamanca Alonso

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Si en ocasiones alguna ministra sale a escena para dar fe de su indigencia intelectual, desfachatez y demostrada degeneración humana, pues ahí tienen a la ministra de Igual-Da sin denostar el homicidio de la niña de Gijón.

Mucho presumir el Gobierno de crecimiento, pero estamos en el vagón de cola de la UE. No se recuperará nuestra economía hasta 2025; Bruselas y el BCE dicen que España será la última en salir de la aguda crisis debido a las políticas mediocres y procomunistas que se han aplicado; grandes empresas que habían confirmado su instalación en España, postergan la decisión y exigen garantías al Ejecutivo, algo que éste no hace porque no puede dar garantías con una deuda pública brutal; la inflación está destrozando la economía española y ahora mismo tenemos dos puntos y medio más que la media europea.

España es líder en inflación subyacente, al igual que somos líderes en desempleo, incluso el Gobierno esconde bajo nombres disimulados otras figuras de parados que, sin dudarlo, llevaría las cifras a millón y medio más que los que ahora están contabilizados. Imagínense ustedes: si el Gobierno socialcomunista fue incapaz de contabilizar las víctimas de la pandemia y erró en más de 30.000 personas, ¿se imaginan contabilizando el paro, el abandono existente en el IMV o en los parados de formación y los mal llamados contratos indefinidos? Y mientras la crisis arrolla a la parte del Ejecutivo socialista, éste sigue abriendo brechas con el sector comunista de Unidas Podemos: esa es la prueba de que el presidente y sus raros ministros -entre las ministras ha elegido a lo peor de cada casa y la indigencia intelectual más perturbada de cada camada– no trabajan porque duermen hasta la siesta del carnero.

Ningún país de la Unión Europea tiene un «gazpacho» de errores y un desastre económico como el nuestro. Mejor no hablar de nuestra desventaja competitiva con Europa porque nos pintan la cara de forma descarada y abrumadora por los cuatro costados. A la vista de la realidad diaria, y tras muchos años estudiando cómo los gobiernos pueden destrozarlo todo, asumo la afirmación de Núñez Feijóo en el Senado respecto a que «la deuda pública es una soga al cuello de las generaciones venideras», así como que «la carga fiscal impuesta por el Gobierno a la inmensa mayoría de los españoles destroza las economías de las familias y las pequeñas y medianas empresas».

Si alguien se pregunta por las pruebas de lo dicho anteriormente, voy a dar una solo: el recurso a los Bancos de Alimentos ha tenido un repunte del 20% en el último año y se prevé que se incremente con la llegada del otoño. Pero hay más indicadores de pobreza achacables a este deficiente y arrastrado Gobierno; esas van desde el abandono a la clase menos pudiente, el destrozo de la clase media y el excesivo coste de vida. No olviden que la Fundación La Caixa y la Federación Española de Banco de Alimentos atribuyen ese aumento a la inflación y al excesivo encarecimiento de la cesta de la compra. En la encuesta que hoy presenta un medio de comunicación, el 46% de la ciudadanía achaca la culpa de la crisis a Sánchez y sus catetos ministros. Yan solo un23% la achaca a Vladimir Putin.

En fin, lectores, saben que Sánchez llegó al cargo montado en mentiras y falsedades y ahora sigue en esa línea. Es una evidencia que no vale para el cargo que ocupa, ni para formar equipos que mejoren el futuro de España. El propio Alfonso Guerra ha dicho que Sánchez «es absurdo» Su equipo económico es catastrófico, abanderado de dejadez y brutalmente «azotado» por todos organismos independientes de Europa. Hasta a las impresentables ministras se las empieza a notar dubitativas cuando toca alabar las políticas desastrosas de Sánchez y el socialcomunismo verbenero.

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Sus hechos no pueden ser peores. Por desgracia carece de dignidad porque de haberla tenido ya hubiera dimitido tras el caso PLAYBOL, SL –ahora investigado por la Fiscalía Europea tras el cambalache de la fiscalía general del Estado y sus acólitos—además de las nefastas políticas puestas en marcha y la represión a un sector de españoles con leyes como la de la Memoria «Histérica» y la mal llamada Ley de Memoria Democrática que, dicho sea de paso, se pone casi siempre del lado del verdugo frentepopulista y republicano, pero abandona a las víctimas que defendieron España y la pusieron en el camino de progreso. Recuérdese que en todo ese tiempo, los comunistas luchaban por ellos y su egoísmo mientras que los socialistas se mantuvieron «XL Años de Vacaciones y Ninguno de Honradez». Eso sí, ni socialistas, ni comunistas lucharon por España y mucho menos por la libertad. Doy fe. Ahí están los hechos, hoy día irrefutables, aunque la izquierda pretenda reescribir la historia que ellos mismos traicionaron y apuñalaron.

Y como, de vez en cuando, alguna ministra sale a la palestra para dar fe de su indigencia intelectual, su desfachatez, analfabetismo y demostrada degeneración humana, pues ahí tienen a la ministra de Igual-Da ante el caso de Gijón; claro caso de feminismo asesino y espeluznante. Ni siquiera la ministra ha sido capaz de salir a dar la cara porque sabe que se la pintan, pero sí sale a hacerlo cuando es el hombre quien comete el acto violencia.

 Que una madre llegue a matar a su hija y que la ministra no lo denuncie pone de manifiesto el alto grado de degeneración y enfermedad que acorrala y envuelve a algunas personas. No entiende la tal Montero que la violencia vicaria se da en la pareja, de uno a otra y de otra a uno.

Cuando la homicida es la mujer, silencio y al escondite. Al contrario, le falta tiempo a la ministra para demostrar su estupidez habitual y sus dotes de «bocachanclas» maleada, trasnochada y oxidada. Parece estar más acabada y podrida que una breva a merced de los pájaros. Merece que le hagan los perrillos, sin esperar más.

El cinismo de la «menestra», además de sectario es incendiario. Entre ella y la nueva «niña del exorcista» de Podemos, por suerte, acabarán matando esa ideología que lleva a su espalda más de cien millones de asesinados en el mundo.

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España

Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

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«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».

Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.

Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.

Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?

Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.

Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.

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En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.

Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.

Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.

Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.

El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.

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Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.

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