España
Un grupo de 41 senadores franceses denuncian «la represión» contra los líderes del proceso independentista catalán
Un grupo de 41 senadores franceses de diferentes partidos de izquierdas y de derechas han denunciado «la represión» contra los líderes del proceso independentista catalán y han pedido en una declaración que Francia y la UE intervengan para «restablecer las condiciones del diálogo». El gobierno de Emmanuel Macron no comparte y critica con severidad la declaración de 41 senadores franceses que dicen denunciar la presunta «represión» del Estado español contra «los representantes legítimos del gobierno de la región de Cataluña».
Nathalie Loiseau, ministra de Asuntos europeos y previsible cabeza de lista del partido de Macron a las próximas elecciones europeas, ha censurado la iniciativa de un heteróclito grupo de senadores en estos términos: «Francia reitera su apego constante al respeto del marco constitucional de España. Es en este marco, que es el del Estado de Derecho, en el que debe plantearse el asunto de Cataluña. Nadie, incluso si es parlamentario francés, tiene que interferir».
Fernando Carderera, embajador de España en Francia, ha publicado un comunico oficial, lamentando y rechazando el escrito de los senadores francesas: «Demuestra un desconocimiento absoluto de la situación en España de un grupo de senadores franceses». Emmanuel Macron es uno de los más firmes defensores del Estado español, desde antes, durante y después de los «sucesos» del otoño de 2017, manifestando, siempre, una solidaridad sin tacha con los gobiernos de Mariano Rajoy y Pedro Sánchez.
Por su parte, el ministerio de Asuntos Exteriores dirigido por Josep Borrell ha agradecido mediante un comunicado al gobierno francés «su rápida y contundente respuesta» al que han abordado como un manifiesto «inadmisible». El secretario de Estado para la UE y el embajador de Francia en España han mantenido esta tarde un encuentro en la sede ministerial donde han manifestado su rechazo al pronunciamiento. «Revela un alarmante nivel de desinformación de los senadores firmantes», explica la nota.
François Calvet, uno de los promotores de la iniciativa y representante del departamento de los Pirineos Orientales (la llamada Catalunya Nord), ha explicado a Efe que el manifiesto busca que Francia y otros Gobiernos europeos intervengan «para que haya una mediación», porque la situación actual «no beneficia a nadie». «El papel de Europa es tratar de encontrar soluciones, no quedarse con los brazos cruzados», porque «hay una subida de tensión que no puede más que acabar mal», ha advertido el senador por el partido conservador Los Republicanos.
Ha insistido en que quieren que «haya una discusión entre el Estado central y Cataluña» y que «el diálogo no se lleve al nivel judicial», en alusión al proceso ante el Tribunal Supremo español. En la declaración, publicada en el blog del senador André Gattolin, miembro de La República en Marcha (el partido del presidente francés, Emmanuel Macron), los firmantes piden que «Francia y los países de la Unión Europea intervengan para restablecer las condiciones del diálogo para encontrar soluciones políticas a un problema político».
«Una represión»
Los 41 firmantes (el Senado francés cuenta con 348 miembros) reclaman también «el respeto de las libertades y de los derechos fundamentales en Cataluña, por supuesto sin inmiscuirnos en los problemas políticos de un país vecino y sin tomar partido sobre la cuestión de la independencia de Cataluña».
Denuncian, además, «la represión de la que son víctimas los cargos electos legítimos, representantes políticos de la Generalitat de Cataluña encarcelados o forzados al exilio por sus opiniones en el ejercicio de los mandatos que les dieron los electores».
Calvet ha justificado el término de «represión» para calificar el trato a los responsables juzgados ante el Supremo en Madrid, a los que ha calificado de «presos políticos» porque «creemos que no se puede detener a la gente por sus convicciones».
A juicio de los 41 senadores, la situación de esos políticos constituye «un verdadero ataque a los derechos y las libertades democráticas». Al mismo tiempo, consideran que «la gravedad de esta situación se ha subestimado en Francia». El texto es resultado de una iniciativa de Gattolin y de otros cuatro senadores, entre los que está François Calvet, y surgió a partir de otras declaraciones similares de alcaldes de los Pirineos Orientales que habían solicitado la libertad de los presos.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
