Sucesos
Un grupo de menores no acompañados agrede brutalmente a un vigilante del centro de Hortaleza
La violencia se recrudece en el centro de menores de Hortaleza. Un grupo de siete chicos ha agredido brutalmente a uno de los vigilantes de seguridad, que ya ha presentado la correspondiente denuncia en Comisaría.
Lo ha confirmado el vicepresidente regional, Pedro Rollán, en la rueda de prensa posterior a la reunión del Consejo de Gobierno, quien le ha deseado «una rápida recuperación». El vicepresidente ha asegurado que el Ejecutivo madrileño está en «continua conversación» con los responsables de los centros de menores por si fuese necesario «reforzar las medidas de seguridad» o «incrementar el número de efectivos» dedicados a las tareas de vigilancia.
El delegado sindical de Comisiones Obreras, José Manuel Íñiguez, por su parte, ha asegurado en Telemadrid que se trata de una pandilla de menores que «tiene trastornos debido al consumo de inhalantes que se deben tratar de forma específica». Critica que la situación de los trabajadores es muy estresante, debido «sobre todo al hacinamiento» y a este tipo de comportamientos agresivos.
Desde el sindicato Satse denuncian que el pasado fin de semana en el centro de menores de Hortaleza había 107 jóvenes, de los que 38 pernoctaron en el centro de primera acogida Isabel Clara Eugenia –ubicado a espaldas del de Hortaleza–, a los que se suman otros tres que acuden a dormir solo algunas noches.
Según el sindicato, la capacidad del centro «es mucho menor» por lo que es «habitual» que los menores tengan que dormir en colchones en el suelo.
Reclaman una solución urgente por parte de todas las administraciones implicadas, para evitar que actos como este se vuelvan a repetir. Satse advierte de que esta situación afecta también al resto de centros de la red.
Para Satse la situación «es insostenible» por la sobreocupación de plazas, el hacinamiento de los jóvenes, el deterioro de las instalaciones y la precariedad de la plantilla. «Las plantillas son muy deficitarias, lo que está provocando que desempeñen con una mínima normalidad su función educativa y/o formativa», insisten desde el sindicato, que reclama un aumento del personal «en todos los estamentos».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
