Sucesos
Un miembro de Vox Toledo pasó por la cárcel tras dejar discapacitado a un profesor por una brutal paliza
Un miembro de Vox Toledo, José Ignacio Vega Peinado, pasó más de un año en prisión tras agredir brutalmente a un profesor de Sociología de la Universidad de Valencia, al que le han reconocido una discapacidad del 20 por ciento. Vega Peinado fue condenado a cuatro años de prisión, tras lo que huyó a Reino Unido. Allí fue detenido por la Interpol y trasladado a España para que ingresara en la cárcel de Picassent.

Extracto del diario Levante en el que se habla del juicio a José Ignacio Vega Peinado
También se le relaciona con una paliza, cuando era miembro de Acción Radical, a un joven, al que golpearon con un gato hidráulico en la cabeza, que le obligó a permanecer ingresado en el hospital durante 547 días y que tuvo graves consecuencias neurológicas como parálisis en el lado derecho del cerebro, dificultad en el habla y epilepsia.
Según publica «La Marea», Vega Peinado Vega Peinado participa en los actos ordinarios del partido verde en la ciudad y en reuniones con miembros del tejido empresarial toledano en representación de Vox y es un empresario muy conocido en la capital toledana. Vega Peinado, que ha sido fotografiado junto al secretario general del partido, Javier Ortega Smith, fue candidato del partido España 2000.

Ignacio Vega Peinado, miembro de VOX Toledo, haciendo el saludo nazi junto a sus compañeros skinheads en los años 90
Vega, más conocido como ‘El Toro’, fue condenado por una pelea que ocurrió frente al Bar Canadá en la Avenida Antic Regne de Valencia. Cuando él y otro compañero suyo estaban pateando a un hombre. El profesor que estaba dentro del local salió para recriminarle su actitud, en ese momento ‘El Toro’ se abalanzó sobre el profesor y le pateó la cabeza con unas botas militares reforzadas.
El resultado de esa agresión fue una fortísima contusión craneal que le provocó un ingreso hospitalario de dos semanas, una operación y un periodo de rehabilitación de 413 días que acabó con una discapacidad reconocida del 20%.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
