Internacional
Un secreto a voces: El comunismo chino se regocija por el asesinato del exlíder nipón Shinzo Abe
Los promotores de la burla son serviles al régimen de Xi Jiping. Estos también criticaron a una periodista por mostrarse empática con el político japonés.
El asesinato del ex primer ministro nipón Shinzo Abe conmociona al mundo. Su último respiro fue en un acto político en plena vía pública tras recibir varios disparos por parte de un antiguo miembro de las Fuerzas Marítimas de Autodefensa que estaba «insatisfecho» con el exmandatario y por eso «se dirigió a matarlo» .
El dantesco hecho provocó que de Estados Unidos a Inglaterra los distintos mandatarios y políticos expresaran sus condolencias e impresiones por lo abrupto del incidente. Pero desde China surgieron reacciones diferentes. Desde allí —en las redes sociales controladas por el Estado— no hubo pesar, sino celebración.
«Espero que sea el actual primer ministro japonés (al que le dispararon)… y también el coreano», se lee en la captura tomada de una publicación apenas ocurrió el tiroteo.
«Los nacionalistas chinos en Weibo comenzaron a celebrar que el ex primer ministro japonés Abe recibió un disparo durante la campaña de hoy. Llaman ‘héroe’ al atacante y envían deseo de muerte a Abe», escribió el activista en Twitter.
Otra táctica para ensalzar ideales del PCCh en la red
Los promotores de la burla son personas serviles al régimen de ese país, quienes son usadas como herramienta de propaganda para promover un supuesto patriotismo. Los últimos años se ha visto cómo esta corriente migró al mundo digital para fortalecer los sesgos políticos a favor de Xi Jinping.
Hacia el año 2019 el denominado «nacionalismo online» fue calificado como «una bendición de doble cara para las autoridades» por el profesor de Política de la China Moderna, Florian Schneider. Este advirtió al portal Nueva Sociedad que la corriente ideológica «puede ser una palanca poderosa para ayudar a movilizar apoyo, pero al mismo tiempo puede ir más allá del control de las autoridades y amenazar su legitimidad».
Fácilmente las opiniones respecto al asesinato de Shinzo Abe podrían ubicarse en ambos escenarios descritos por el experto, ya que el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China pidió no vincular el incidente con las relaciones entre ambos países. En su lugar, dijo que el régimen estaba «conmocionado» por el ataque. Pero eso no deja de demostrar hasta dónde llega el extremismo ideológico que se alegra por el asesinato en plena vía pública de un exfuncionario nipón.
Ataque contra periodista que informó el tiroteo
A ambos países los dividen las aguas del Mar de China Oriental y siglos marcados por el conflicto. Sin embargo, siguen siendo socios comerciales y durante el mandato de Shinzo Abe hubo algunos avances que relajaron las tensiones.
Pero ambos países han querido históricamente liderar la región y eso los lleva a una disputa interminable. Tanto así que esta pugna ha ido migrando a los ciudadanos. Eso fue lo que pasó con Zeng Ying, periodista de nacionalidad china a la que no quedó de otra que disculparse públicamente tras recibir ataques de ira por mostrar empatía en el reporte sobre el tiroteo al ex primer ministro nipón.
Los seguidores del PCCh también reaccionaron a esto. “No vemos a ningún reportero japonés llorando por Abe. ¿Cómo es que un periodista chino está tan desconsolado?”, señaló un comentario replicado por South China Morning Post.
La periodista tuvo que salir al paso y describirse como «poco profesional» al mostrar emociones personales en una plataforma pública y «herir los sentimientos de todos». Un señal de cómo el comunismo en China permite que extremistas en redes sociales apliquen la censura por mano propia.
En paralelo, en Bilibili —similar a YouTube— la frase «buenas noticias» se dejó ver en la sección de comentarios de un video sobre el asesinato de Shinzo Abe.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
