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Un testigo del crimen del futbolista del Sao Paulo dice que «el objetivo era castrarlo, pero no matarlo»

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Daniel Correa Freitas

Un sospechoso de participar en la paliza y el asesinato del jugador del Sao Paulo Daniel Correa Freitas reveló, a través de sus abogados, a las autoridades brasileñas que el objetivo de los atacantes era «castrarlo, pero no matarlo».

«Fueron con el objetivo de asegurarlo, hacer la castración y dejarle a la intemperie para que buscase ayuda, pero no matarlo», dijo a medios locales el abogado de uno de los sospechosos detenidos, Eduardo Henrique da Silva, de 19 años.

Testigos y sospechosos continuaron este martes ofreciendo detalles a las autoridades sobre este homicidio que ha conmocionado al mundo deportivo brasileño y cuyas investigaciones han permitido de momento detener a seis personas.

Uno de los últimos testigos en ofrecer su declaración ha sido una joven de 19 años que estuvo en la casa de la región metropolitana de Curitiba, donde Correa fue sorprendido en la cama con la esposa del empresario Edison Brittes Júnior, principal sospechoso del crimen, ya arrestado.

Dijo que Brittes Júnior le «ordenó» a ella y a los otros invitados de la fiesta de su hija Allana, quien cumplía 18 años y también está entre los detenidos, limpiar las manchas de sangre por causa de los golpes que recibió el futbolista, de 24 años.

La joven relató que «incluso el colchón del matrimonio fue cortado en la parte donde había sangre» y que ese pedazo «fue quemado junto con los documentos de Daniel», según se recoge en los autos filtrados por el portal ‘GloboEsporte’.

De acuerdo con las investigaciones, el centrocampista fue torturado mediante la extirpación de sus genitales y asesinado con un arma blanca por Edison Brittes, quien, según la testigo, espetó a Correa en su dormitorio: «¡Desgraciado! ¡Quién te mandó estar con una mujer casada, en mi cuarto, con mi mujer!».

Aún se investiga si el jugador del Sao Paulo abusó sexualmente de la esposa del empresario, Cristiana Brittes, también detenida por cómplice, aunque sí está demostrado que se fotografió con ella en la cama mientras esta dormía y compartió las imágenes con algunos de sus amigos vía Whatsapp.

La testigo dijo que después de las agresiones que recibió en la casa, Daniel fue colocado en el maletero de un automóvil y que a la vuelta Edison Brittes confesó que le había matado.

Según los testimonios obtenidos, durante el viaje al local donde se produjo el asesinato, Brittes vio la fotografías en el teléfono móvil de Daniel con su esposa en la cama, abrió el baúl y le cortó el cuello.

El centrocampista jugaba en calidad de cedido en el club Sao Bento, de la Segunda división brasileña.

Brittes alegó en su defensa que mató a Daniel para proteger a su esposa de un intento de violación, tesis que rechaza el fiscal encargado del caso.

Además de Brittes, su esposa y su hija, también están detenidos los otros tres sospechosos que al parecer estaban en el coche para ayudar a torturar y asesinar al futbolista.

El programa «Fantástico», de la emisora Globo, divulgó el domingo pasado unas imágenes en las que aparecían la familia Brittes y los otros tres hombres detenidos reunidos en un centro comercial el 29 de octubre, dos días después de haber cometido el crimen.

De acuerdo con la investigación, el objetivo de esa reunión fue pactar una versión única de los hechos y presentarla a la Policía.

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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy

Redacción

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zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.

La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.

Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.

También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.

Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.

En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.

La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).

Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.

Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.

 

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