España
Un virus en la Corona: El rey emérito don Juan Carlos donó casi 70 millones de euros a sus dos amantes
El rey emérito Juan Carlos I donó 2 millones de euros a Marta Gayá , con quien confesó haber mantenido una relación sentimental, desde la misma cuenta que pagó 65 millones de euros a su también presunta amante Corinna Larsen , según la prensa española. Así lo revela Okdiario , que apunta que las entregas, de un millón cada una, se realizaron en 2011 y 2012.
La semana pasada se publicó en prensa que el monarca donó 65 millones a Larsen, a través de una offshore panameña en 2012, procedente de 100 millones que recibió del rey de Arabia Saudita .
Suiza mantiene abierta una investigación respecto a este dinero por si se correspondiera a una comisión para la construcción del tren de alta velocidad (AVE) a La Meca.
El monarca confesó a un amigo, Josep Cusí, en una conversación interceptada por los servicios españoles en 1990, su amor por Gayá diciendo que «nunca he sido tan feliz» y refiriéndose a ella como «my girlf» («mi novia»).
El rey y Gayá habrían mantenido una relación durante unos 15 años , desde 1990 hasta la aparición de Corinna, en 2004. Se conocieron en los años 80 en Mallorca, donde se encontraba ella, durante un veraneo de la familia real. En julio de 2017 fueron vistos en público por última vez juntos, durante la inauguración en Irlanda de la Iglesia de San Juan Bautista, tras lo que viajaron a República Dominicana, Miami y Suiza.
La donación a Gayá, decoradora de 71 años, se produjo en 2011, lo que, según Okdiario , da a entender que restableció el contacto con ella después de su ruptura con Larsen
Larsen anunció la semana pasada que denunciará en Londres al rey Juan Carlos, con quien presuntamente mantuvo una relación extramatrimonial, por amenazas para que no revele «secretos de Estado».
Un portavoz de la empresaria alemana señaló que sufre una campaña de acoso desde 2012 , cuando salió a luz su relación al conocerse el viaje que realizaron juntos a Botswana.
«Tras ocho años de abusos, que también han ido dirigidos contra mis hijos, y dado que no hay final a la vista, no me veo con más opciones que tomar acciones legales», declaró a The Daily Mail.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
