Internacional
Una adolescente francesa recibe amenazas de muerte tras criticar el islam: «Tengo derecho a blasfemar»
El caso de Mila (16 años), la adolescente amenazada de muerte por decir que «en el Corán solo hay odio, el Islam es una mierda», ha desenterrado el enfrentamiento entre partidarios y adversario de castigar jurídicamente la blasfemia.
Encantada e inquieta con el escándalo, Mila, la adolescente, homosexual, ha deseado confirmar sus palabras, «matizadas» de este modo: «Estoy contra todas las religiones. Y no pienso callarme por el torrente de amenazas e insultos racistas de todo tipo».
Tras la «matización», Mila reafirma el fondo de su pensamiento de este modo: «Detesto las religiones. El Corán es una incitación al odio permanente. Y el Islam es una mierda, efectivamente. Ya sé que mucha gente volverá a excitarse: me importa tres c… A quienes me amenazan vuelvo a repetirles: vuestra religión es una mierda, y le meto el dedo en el culo a vuestro dios… gracias, y hasta la vista».
Haciéndose eco de las protestas muy enérgicas de las asociaciones musulmanas, Laurence Rossignol, senadora socialista, pidió una intervención judicial, por estas razones: «En Francia está prohibido insultar a los adeptos de una religión». Nicole Belloubet, ministra de Justicia, replicó desde otro ángulo: «En una democracia, las amenazas de muerte son inaceptables».
No quiere callarse
Un juez del tribunal de Vienne (departamento de Isère) comenzó por intentar estudiar el posible delito de blasfemia, pero el caso se cerró rápidamente.
Por el contrario, el escándalo se ha prolongado a través de redes sociales y emisiones de radio y televisión, enfrentando a partidarios y adversario del «castigo» judicial del presunto delito de blasfemia. Ante ese debate, un grupo de intelectuales y personalidades católicas, judías y agnósticas, encabezadas por Christine Pedotte, directora de «Témoignage chrétien», y el gran rabino Yann Boissiére, han publicado un «manifiesto» pidiendo al presidente Emmanuel Macron la abolición de los delitos de blasfemia.
Mila se ha visto forzada a vivir recluida en el domicilio paterno, en una localidad del norte del departamento de Isère, dependiente de la prefectura de Grenoble. La Gendarmería ha enviado a un grupo armado a su colegio, con el fin de proteger físicamente a la adolescente, temiendo posibles agresiones físicas de muy distinta procedencia.
Mila lleva varios días sufriendo una riada de ataques e insultos de la más diversa naturaleza. Grupúsculos de extrema derecha radical comparten con grupúsculos radicales musulmanes, una animosidad verbal muy violenta contra la adolescente, que no oculta su homosexualidad e insiste en que no está dispuesta a «callarse» ni «enterrar» su «lenguaje coloquial».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
