Sociedad
Una edil del PSOE reconoce en un pleno que bebe, fuma, juega a la lotería y «no» ha sido mujer de un solo hombre
«Adicta al tabaco, se gasta en lotería de Navidad más que la media, bebe cervezas y no ha sido mujer de un sólo hombre». Es lo que ha reconocido este jueves ser la concejal de Medio Ambiente y Seguridad Ciudadana del Ayuntamiento por el PSOE de Soria, Lourdes Andrés. Así lo ha confesado en el pleno municipal, donde ha recordado al edil de Sorianos Luis Alberto Romero que de su vida privada sólo ha dado explicaciones a su padre, que era para ella su única autoridad.
El pleno municipal del Ayuntamiento de Soria ha finalizado en bronca, tras la moción presentada por el concejal de Ciudadanos Jesús de Lózar para incluir la ludopatía como adicción en el Plan regional de Drogas. La petición fue aprovechaba por el concejal de Sorianos Luis Alberto Romero para exigir a la edil socialista del equipo de Gobierno Lourdes Andrés explicaciones por acudir a la inauguración de una de las salas de juego de la ciudad.
La aludida ha contestado al concejal de Sorianos advirtiendo que de su vida privada no tiene que dar ninguna explicación ni al pleno ni a nadie, y ha asegurado que es «invitada a ir a muchos sitios», y ha señalado que tiene «más adiciones» porque fuma y bebe alcohol.
«Bebo alcohol porque tengo más de 18 años y se han publicado fotos conmigo bebiendo ‘mahous’. Cuando voy a misa no me bebo la mahou y cuando vengo al pleno bebo agua», indicó.
Asimismo, ha señalado que asistió a la sala de juegos con un amigo, jugó 2,5 euros en la sala, y detalló que eran las 4 horas de la mañana. «Estas explicaciones no se las tengo porque dar a usted. Hace unos años se las daba a mi padre que era el único autorizado para pedirlas», ha dicho. Asimismo, Lourdes Andrés ha invitado al concejal de Sorianos a hacer lo propio con su actividad privada como escultor y artista.
Por otro lado, también le ha recordado que si los sorianos se gastan de media 250 euros en la compra de lotería de Navidad, ella juega más y «no» se enorgullecía de ello.
Jugar más que la media
«En este salón de plenos hay gente que se juega más que la media y que yo confiese mis adiciones no le da derecho a usted a insultarme. No tengo 13 años sino 56 y sé lo que tengo que hacer. No soy educadora y mis hijos ya están muy bien educados. Yo puedo tomar cervezas aunque mis propuestas en política sean para que los jóvenes no beban», ha dicho en declaraciones recogidas por Ical.
Asimismo, ha insistido en que tiene adicción al tabaco y por eso no la tienen que «lapidar» y «no» ha sido mujer de un sólo hombre pues ha conocido más. «Igual me tienen que expulsar de alguna celebración eclesiástica porque no le parece bien mi modo de vida al que la celebra. Pero, ¿yo he prometido amor eterno a alguien?, ¿De qué me acusa?», se ha preguntado.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
