Sociedad
Una madre rusa vende la virginidad de su hija de 13 años por 21.200 euros
Una mujer rusa ha sido encarcelada por tratar de vender la virginidad de su hija, de 13 años, a un pedófilo adinerado. Irina Gladkikh, de 35 años, ha sido condenada a cuatro años y medio de cárcel y se le ha retirado la custodia de la niña, así como de otro hijo menor.
La mujer fue atrapada después de cerrar el pacto con un pedófilo, quien iba a pagar 21.200 euros por tener sexo con su hija. La madre incluso había obtenido un certificado en el que se afirmaba que la pequeña era virgen, además de mandar fotografías «sexualizadas» de la niña al supuesto «comprador».
«Vinimos a Moscú para conocer a un hombre rico, con el fin de obtener ayuda económica después de proporcionarle servicios sexuales por parte de mi hija», admitió al tribunal de Lyublinsky la propia acusada, quien estaba apoyada por dos cómplices: una amiga que se encargó de buscar al comprador y una segunda que también apoyó la operación. A ambas se les ha condenado a tres años y medio.
La operación se desarrolló durante el encuentro pactado en un restaurante de Moscú. La madre apareció acompañada de una de las cómplices. Allí tenían pactado reunirse con un hombre rico, pero en su lugar acudió un policía. En el momento que se hizo efectivo el negocio y la mujer tuvo el dinero en el bolso, las fuerzas de seguridad entraron en acción.
Actualmente, la niña y su hermano viven con su abuela. La madre, quien era asidua a los concursos de belleza, había trabajado como comercial. Sin embargo, la policía también constató que ella y sus cómplices habían ejercido la prostitución con anterioridad.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.

Ramiro
07/07/2019 at 13:37
Y esta puta, ¿porqué no se pone a trabajar «en lo suyo», en lugar de prostituir a sus hijas…?
ESPERO QUE SE PUDRA EN LA CÁRCEL.
Ramiro
12/12/2018 at 18:20
Y esta puta, ¿porqué no se pone a trabajar «en lo suyo», en lugar de prostituir a sus hijas…?
ESPERO QUE SE PUDRA EN LA CÁRCEL.