Sociedad
Una pareja de ancianos fallecieron tomados de la mano después de 70 años de casados
Es la historia más conmovedora que leerás el día de hoy. La pareja de ancianos Norma June Pretell y Francis Ernest Pretell, fallecieron hace unos días tomados de la mano después de 70 años de casados.
Ambos se conocieron muy jóvenes y no pensaron que se enamorarían a primera vista, desde el momento en que decidieron ser enamorados, la pareja prometió que jamás se separarían y es en las malas donde deberían estar más unidos que nunca y así lo demostraron.
Toda la comunidad británica fue testigo de lo que le pasó a los ancianos ya que su foto recorrió todo Internet volviéndose viral en pocos minutos. Ernest, que tenía 92 años, juró no separarse de Norma, de 90, a quien le habían diagnosticado Alzheimer a su edad tan avanzada.
Hasta que sus fuerzas se lo pidieron él trató de ayudarla en lo más que pudo hasta que contrataron a especialistas. Su hija Amanda fue la encargada de que conociéramos su historia ya que ella escribió al diario Daily Mail para que muchos sepan que el amor verdadero sí existe.
La joven no pudo estar cuando fallecieron pero lo que pasaron hizo que los sintiera más cerca y quiso compartirla con todos: «Todos los que conocían a esta pareja cristiana, ordinaria y trabajadora comprendían que eran una cosa extraordinaria: su historia de amor de 70 años».
Ellos estaban en una casa hogar ya que Francis no quería separarse de su esposa ni dejarla sola en ese lugar, así que en su habitación, ambos no pudieron más y decidieron partir. La enfermera que los veía se ausentó por unos 10 minutos y cuando llegó, vio a la pareja tomada de la mano y sin moverse.
Cuando llamó al doctor, éste fue a revisarlo y tuvo que dar la noticia de que habían fallecido al mismo tiempo. La foto fue tomada por el personal para estampar que su matrimonio sigue vivo en imágenes y en el corazón de los que los conocieron.
Esta historia se hizo tendencia en las redes sociales y muchos no dudaron en compartirla. ¿Qué te pareció? Estoy segura que todos quieren un amor así.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
