Sociedad
Vade Retro: ¿Fue la profanación de la lápida de Franco un ritual satánico?
Laureano Benítez Grande-Caballero.- Cuando Pedro Sánchez perpetró el enésimo golpe de Estado del PSOE contra España, los corifeos paniaguados por Soros se apresuraron en llamar “Gobierno bonito” a la pléyade de “eminencias” y “expertos” que supuestamente lo conformaban, hasta el punto de que se llegó a olvidar el calificativo de “Gobierno Frankestein”, como se solía rotular a la posibilidad de que se formase un Frente Popular con 22 partidos, de los cuales prácticamente todos venían marcados por el antiespañolismo y el totalitarismo.
Al día siguiente de aquella aciaga jornada, sin embargo, saqué un artículo donde califiqué a este engendro como “Gobierno Bafomético”, afirmando que el dios satánico cabruno y hermafrodita de los cuernos era quien iba a ejercer realmente su presidencia.
No me equivoqué, desde luego, como lo prueba la obsesiva manía de este Frente Popular por resucitar las viejas costumbres de su antepasado del año 36: desenterrar cadáveres, destruir las libertades, perseguir a la Iglesia, liquidar a los partidos conservadores, exacerbar la sociedad buscando una nueva Guerra Civil, etc.
Bafomet, rey de demonios, emperador de Monte Pelado, inspirador de cultos satánicos, de ritos macabros, de aquelarres y vudús, de magia negra… “Performances” cuyo centro es el sacrificio de animales y humanos —niños, preferentemente—, donde se derrama la sangre que es ofrecida a Satanás como maligna libación, némesis siniestra de la sangre crística que se ofrece en la Eucaristía.
Estos últimos días ha sido actualidad el hallazgo en varios lugares de nuestra geografía de restos de animales con huellas evidentes de haber sido sacrificados en rituales satánicos. ¿Qué animal es el que se suele emplear en estos casos?: sí, la gallina, víctima predilecta de todos los rituales negros del satanismo, la brujería, el vudú y la santería.
Otra práctica ritual de los misterios satánicos es la profanación de cadáveres, desviación esotérica del canibalismo que practicaron los homínidos hasta el Neolítico, pues con esta práctica se persigue la apropiación de la energía y el poder del alma del fallecido.
De ahí que, cuanto más poder tenga el cadáver, cuanto mayor sea su aura de fuerza, fama y prestigio, más fructífera será su profanación —se me viene ahora a la mente las manos cortadas al cadáver de Perón, y la calavera del apache Gerónimo que está en poder de la secta Skull&Bones—.
En este terreno hay que buscar las verdaderas motivaciones del intento de profanación de la tumba de Franco. Y posiblemente también sea necesario rastrear aquí la profanación del “artista” que el otro día profanó su lápida, como permiten sospechar una serie de extrañas coincidencias.
Por ejemplo, ¿es casualidad que la profanación de la tumba tuviera lugar justamente el día de “Halloween”, la fiesta satánica por antonomasia, cuyos protagonistas son los difuntos? ¿Es casualidad que la supuesta paloma de la paz pueda semejarse a una gallina? ¿Es casualidad que la pintada y el mensaje escrito se hayan hecho con un color rojo que pretende simbolizar la sangre? —¿es acaso casualidad que a los comunistas se les llame “rojos”?— ¿Es casualidad que la letra “d” de la palabra “libertad” semeje a un falo, empleado profusamente en los rituales satánicos?
En cuanto a la supuesta paloma, en el poema mesopotámico “Lugalbanda” se describe al rey de los demonios, llamado Anzû, cuya iconografía le representa con alas y garras, con una apariencia indudable de ave de presa. Como gran parte del esoterismo —especialmente la masonería— bebe directamente en la antigüedad babilónica, es posible que del demonio Anzû derive la gallina de los rituales satánicos.
Que la profanación hubiera sido costeada y organizada por el Gobierno es otro cantar, pero de lo que no cabe ninguna duda es de que en el Kongreso hay sin duda un bando satanista no desdeñable entre los diputados, como lo hay en la Curia vaticana, en los ayuntamientos y, en general, en casi todas las instituciones gubernamentales, aunque no tengan gallinas en su simbología, ateniéndonos a que incurren en prácticas totalmente satánicas —corrompiendo a los niños con juegos eróticos, enseñando a los jóvenes cómo tomar drogas, legalizando las blasfemias, desmontando cruces, etc.—, y a que el satanismo está cada día más extendido en nuestra sociedad.
Ya lo decía Anton Szandor LaVey (1930-1997), el judío de origen ruso, que fundó la Iglesia Mundial de Satán la noche del 30 de abril de 1966, y escribió la “Biblia satánica”, donde afirma que el objetivo de la magia negra es “Cambiar situaciones o eventos en concordancia con los deseos propios, los cuales, usando otros métodos convencionales serían inmodificables”. ¿Lo ven?: no albergo dudas de que este Gobierno sería capaz de utilizar incluso hasta la magia negra con el fin de exhumar a Franco y luego enterrarle en un lugar apartado que dificultara su homenaje por parte de tantísimos españoles que le veneran, porque, usando los métodos convencionales, la tumba del caudillo es absolutamente inmodificable.
Pero, ojo al dato, porque resulta que Jess LaVey, hijo del eximio satanista, se convirtió al cristianismo, y profesó como pastor, convirtiéndose en el “Reverendo Jess”, ejerciendo su ministerio en California. Así que mucho cuidado, porque lo que creyeron que iba a ser un proceso “exprés” y sencillo, se ha convertido ya en una auténtica pesadilla para el gobierno bafomético.
Damas y caballeros, ¿quién duda a estas alturas que Franco seguirá en el Valle? Pues contra los poderes celestiales, no hay “magia roja” que valga. Al tiempo.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
