Sucesos
(VÍDEO) Cataluña, el vertedero de España: Detenida por golpear en la cabeza a un vigilante del metro con su porra
Los Mossos d’Esquadra arrestaron este domingo a las 8.00 horas de la mañana a una mujer que agredió a dos vigilantes de seguridad. A uno de ellos le causó heridas en la cabeza que requirieron puntos de sutura.
Los hechos se produjeron en la estación de Metro de Pep Ventura de la Línea 2 y fueron grabados por otra usuaria desde el andén opuesto. Este lunes la mujer ha pasado a disposición judicial y, tras prestar declaración, ha salido en libertad con cargos. La causa se mantiene abierta por un delito de lesiones.
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Por causas que se investigarán, una pareja de usuarios se enfrentó violentamente a dos vigilantes de seguridad. Los agentes se centraron en reducir al hombre, de 27 años. Durante el forcejeo con este, uno de los vigilantes perdió su porra. La mujer, de 35 años, la cogió y atacó a los dos agentes, golpeándolos reiteradamente en la cabeza, como se aprecia en el vídeo captado con su teléfono por una usuaria que además prestó declaración posteriormente a la policía catalana.
En el vídeo se ve también que cuando uno de los vigilantes puede zafarse del hombre, se dirige a la mujer, la zancadillea y la derriba para reducirla. Con las dos personas sujetadas, se dio aviso a los Mossos, que escucharon la versión de los vigilantes y de testimonios como la autora del vídeo que publica este diario y procedieron a arrestar a la mujer por un delito de lesiones y a investigar a su acompañante, el hombre con quien forcejean en las imágenes, por el mismo delito.
Sergio Sánchez, asesor de ADN Sindical de Seguridad y Servicios de Catalunya, explicó que los incidentes comenzaron cuando esta pareja, que se encontraba en estado ebrio, detuvo el servicio, al parecer, para evitar que alguno de ellos perdiera el metro. Este fin de semana se celebraba en Badalona, ciudad a la que pertenece la estación de Pep Ventura, las Festes de Maig.
«Debería ponerse a un policía en el centro de control y otorgar a los vigilantes el rango de agente de la autoridad estando bajo su mando. Sin eso, es muy difícil que la gente nos respete y se comporte», lamentaba Sánchez
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
