España
(VÍDEO «ELECTORAL») El acoso y las graves amenazas a cara descubierta de una acémila independentista vascongado contra delegados de VOX en Bilbao
No queda sino dar la razón a VOX cuando denuncia que en Vascongadas la libertad de pensamiento, de expresión y de elección política no existe. Y, posiblemente, lo más frustrante de todo ello se deba a que los personajillos que ejecutan a la Dama Libertad son unos seres zafios, gañanes, incultos: desertores «del arao», analfabetos funcionales y balbuceadores inconexos. Es decir, vascongados con ideas indepes y educados en Ikastolas. O como sea que llamen a sus corrales educativos en ese dialecto artificial suyo que a fuerza de politiqueos han denominado «lengua» para escarnio, mofa y befa de los estudiosos y linguistas de la cosa vascuence.
Porque, déjenme que les explique algo: cuando oigan a una de esas acémilas presumir de que su «lengua» es la más antigua de Europa, del mundo o del universo (van cambiando según les parece) que sepan que les están mintiendo con la bellaquería que de ellos hace que sean lo que son.
Verán; esta cosa que algunos vascongados intentan hablar y pocos consiguen es un «artefacto», un «constructo», un dialecto «frankenstein» diseñado y construído en los años 60 del siglo XX. Tal cual. Porque, vean. El vascuence, esa forma de comunicación arcaica y primitiva de gran interés cultural e histórico, no era «una» forma de comunicación. Eran DECENAS de variantes de una forma de comunicación, tan distintas que, a veces, el vascuence de un caserío no era entendido por los lugareños de otro caserío que se entendían en una variante muy distinta.
¿Que ocurrió cuando el paleto enfermizo y racista recalcitrante de Sabino Arana se inventó la cosa vasca? pues que varios intelectualoides se pusieron a trabajar con los residuos del vascuence que pudieron recopilar y, entre todos, crearon algo que denominaron «Batua». Que acabó siendo ese «vascuence milenario» inventado totalmente en 1960. Con dos cojones.
Tanto es así, oigan, que más de un vasco me ha confiado, en voz no muy alta, que el vasco que hablaba con su familia en el pueblo y el que tuvo que aprender en el colegio no tenían nada que ver.
Bien, puestos elementos, cuya propia existencia parte de una mentira, vive de una mentira, y se alimenta de una historia inexistente, como verán en el vídeo, insultan, chillan, berrean y acosan a unas mujeres en una cafetería por el hecho de ser «españolas» y por tanto, unas «fascistas» dado que son delegadas de VOX en el día de las elecciones.
¿Y saben que es lo más gracioso a la par que patético?
Que el troglodita que las insulta, con errores gramaticales que hacen reir a estas valientes mujeres, llega a llamarlas «xenófobas». ¡xenófobas! Un gañán que odia a unas señoras por ser de fuera, las acusa de xenófobas!
Pura lógica PENEuvista, y sabinoaranesca.
Pura mierda, oigan.
Deben saber que los hechos que se reflejan en este vídeo ocurrieron en Bilbao, el 12 de Julio de 2020, cafetería «Covent Garden». Los propietarios y trabajadores ignoraron los hechos.
Pueden visitar el lugar y afear la conducta de los presentes y propietarios en:
Covent Garden
Areiltza Doktorearen Zumarkalea, 28, 48009 Bilbo, Bizkaia
944 66 75 49
Localización Google Maps:
https://goo.gl/maps/Xq6SoQqD7LMkyWXD9
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España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
