Internacional
(VÍDEO MUY DIVERTIDO) Medios prosaharauis difunden un vídeo de Mohamed VI, tambaleándose por la noche parisina, y rodeado de «hombres»
En el vídeo difundido, Mohamed VI está visiblemente afectado, algo que estos medios achacan a un supuesto estado de embriaguez.
Varios medios prosaharauis han difundido en las redes sociales un vídeo en el que aparece el rey de Marruecos, Mohamed VI, acompañado por varias personas en las calles de París. En la grabación, cuya fecha no se ha hecho pública, se ve al monarca acompañado aparentemente por los hermanos Azaitar, conocidos por mostrar una vida de lujos al lado del rey marroquí.
En el vídeo difundido, Mohamed VI está visiblemente afectado, algo que estos medios achacan a un supuesto estado de embriaguez.
«Al parecer, dos ciudadanos de origen marroquí han captado con sus cámaras al monarca en una de las calles de París. Después, un guardaespaldas del rey se aproxima al vehículo por donde se hace el video y le ordena apagar las cámaras por la embriaguez que padece Mohamed VI», asegura el medio prosaharaui ECSaharaui.
Los hermanos Azaitar, inseparables de Mohamed VI
Los hermanos Omar, Ottman y Abu Bakr Azaitar conocieron a Mohamed VI en una audiencia en Rabat el 20 de abril de 2018. Desde entonces, son inseparables. Viven en palacio, viajan juntos y organizan la vida política y familiar del rey de Marruecos, algo que preocupa y mucho al entorno del monarca.
Abu Bakr Azaitar, de 34 años, es luchador de artes marciales mixtas, conocido en su entorno profesional como Gladiator; su hermano Ottman también es luchador y es cuatro años menor y, por último, Omar, es entrenador de ambos y gemelo de Abu Bakr.
El aparato de Estado marroquí lanzó una campaña para defenestrar a la ‘nueva familia’ de Mohamed VI, según publicó el 7 de junio en exclusiva El Confidencial. Su objetivo declarado, informaba el citado medio, es salvar una monarquía en vías de descomposición «a causa del cuasi secuestro de Mohamed VI a manos de los hermanos Azaitar, que viven en palacio y le controlan».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
