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«VOSOTROS, LOS VERSTRYNGE» repaso histórico de la nueva «familia política» de «El Chepas»

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[EN LA IMAGEN SUPERIOR, JORGE VERSTRYNGE Y MARÍA VIDAURRETA]

En los primeros días de mayo de 1945 un Heinkel 111 de la Luftwaffe amerizaba maltrecho en la bahía de La Concha de San Sebastián. En un vuelo imposible desde Oslo, Leon Degrelle había conseguido escapar de los Aliados y llegar a zona “amiga” en España. Degrelle era el jefe del Partido Rexista Belga, de ideología racial (más que racista) y colaboracionista con los nazis durante la ocupación alemana de Bélgica, al estilo de Petain en Francia. Además, era comandante de la División Wallonien de las Waffen SS con el grado de general, y obtuvo la Cruz de Hierro con Hojas de Roble. El Partido Rexista tenía como simpatizante ilustre a Georges Remy (Hergé), el creador de Tintín. Y había otro simpatizante y es posible que afiliado: Willy Verstrynge.

Degrelle obtuvo la nacionalidad española como José León Ramírez Reina, y a finales de los 60 era un próspero promotor inmobiliario en la Costa del Sol. Mientras era condenado a muerte por traición en ausencia en Bélgica.

Hacia 1945 o 1946, Willy Verstrynge logra escapar de Bélgica y llega a Tánger, zona internacional por aquel entonces. Hombre de recursos, se casó con una sevillana adinerada (Antonia Rojas) allí, donde nació Jorge Verstrynge en 1948. Pronto localizaron a Willy los servicios secretos aliados, y le ofrecieron traicionar a León Degrelle a cambio de inmunidad, lo cual aceptó con sumo gusto. Se trataba de llevar a Degrelle a una trampa para repatriarle a Bélgica y cumplir la sentencia de muerte. Pero Willy era más bien torpe y no pudo lograr el objetivo. Fuera por el dinero escaso o porque el matrimonio no funcionaba, probó fortuna el Congo, sin que haya muchas más reseñas de su vida posterior. [SIGUE MÁS ABAJO]

Su hijo Jorge disfrutó de una vida burguesa, con buena educación en los mejores colegios, y hacia 1972 colabora intensamente con CEDADE (Círculo Español de Amigos de Europa), asociación de ideas neonazis, en la cual, ¡oh sorpresa!, aparece como miembro de honor y conferenciante León Degrelle. Tras algunos escarceos con los Guerrilleros de Cristo Rey, Jorge recala en Alianza Popular, desde donde inicia un periplo político digno de estudio: primero en el PP, luego en el PSOE, de ahí a IU, para acabar en Podemos, y como asesor de La Sexta.

León Degrelle y el avión en el que llegó a España

En su vida personal, que es pública, matrimonió con María Vidaurreta, ex Lady España, y entró en el circuito del famoseo en los 80 y 90. Con ella tuvo dos hijos (Erich y Sigfrid) que han hecho una brillante carrera como ejecutivos internacionales de la banca “explotadora y capitalista”. Más tarde se casó con Mercedes Revuelta, de cuya unión nace Lilith Verstrynge.

Ahora, Lilith ha sido nombrada por Pablo Iglesias como Asesora a la Vicepresidencia paulina, con algunos méritos en su curriculum, como haber estado de becaria en el Parlamento Europeo. Responde su historial a una persona joven que ha tenido acceso privilegiado a la educación selecta, a viajes y a relaciones políticas de altura.

Lo sorprendente en esta historia es que a la saga de los Verstrynge nadie osa acusar de “hijos de fascistas”, y lo fueron de verdad, no en el sentido rufianesco-echeniquero de llamar fascista a todo semoviente. Cuando hemos visto que a Ruiz Gallardón se le echaban encima porque su abuelo fue Víctor Ruiz Albéniz, cronista del Régimen Franquista, o a Aznar respecto de su abuelo Manuel Aznar, periodista franquista. Ni siquiera la Gran Almudena, que nos fríe a novelitas sobre los nazis en España se ha atrevido a mencionar el caso de Degrelle y los Verstrynge, en forma monográfica y censora.

Pablo Iglesias ya ha demostrado cual es su interés en la vida: medrar y convertirse en brazos de quien sea en una de esas parejas míticas de la “gauche divine”, como Marisol y Antonio Gades o Ana Belén y Víctor Manuel. Su postureo es de manual. Ora le vemos haciendo pucheros por su abuelo fusilado “por sus ideas” (en realidad formó parte de los servicios de represión de la República), ora se relaciona a alto nivel con los hijos de los que reprimieron al pueblo, según su maniquea versión de la Historia.

Si se confirmara el “affaire” sentimental del que todos hablan, podría decirse que Pablo escala en la jerarquía social, y que tiene buen olfato para acogerse al poder económico y de determinadas élites.

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    Los dos minutos de odio. Por Diego Fusaro

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    Quienes hayan leído 1984 de George Orwell (una lectura muy recomendable siempre, y más aún en nuestra época tan orwelliana), recordarán sin duda la emblemática figura de Emmanuel Goldstein.

    Él es el principal enemigo del Partido que gobierna Oceanía.

    Debido a su oposición al Gran Hermano, todos los días, a partir de las 11:00, en todas las oficinas y lugares públicos, se celebran manifestaciones de histeria colectiva contra él: los «dos minutos de odio», como los califica la obra maestra de Orwell. Las masas hipnotizadas por la propaganda del Gran Hermano suspenden toda actividad para manifestar histéricamente su odio hacia Emmanuel Goldstein, del que no saben nada más que lo que el partido les dice a diario sobre él, presentándolo precisamente como el enemigo por excelencia, como la amenaza que pone en peligro la paz de su mundo.

    También en este caso, como en muchos otros, la fantasía distópica de Orwell parece superada con creces por nuestro presente completamente distópico. También el Occidente actual, rectius uccidente, tiene su Emmanuel Goldstein, que sin embargo se llama Vladimir Putin.

    A todas horas, la radio, la televisión y los periódicos de la civilización falsamente democrática del Gran Hermano repiten propagandísticamente que él es el enemigo, el peligro máximo, la amenaza suprema para el paraíso occidental Y las masas tecnonarcotizadas y teledependientes se prestan con estúpida euforia a esta representación de histeria colectiva, exhibiéndose en otras tantas variaciones tragicómicas de los dos minutos de odio de la memoria orwelliana.

    Es una práctica antigua y probada del poder hacer creer que la contradicción y el enemigo están al otro lado del muro, en el espacio exterior con respecto a la sociedad totalmente administrada por el propio poder: de este modo, desviando siempre la mirada de las contradicciones internas de nuestra sociedad, se produce una unificación ficticia del interior, llamado a cooperar en función de la resistencia al enemigo exterior, del que tal vez, como hoy (pero lo mismo vale para Emmanuel Goldstein), se dice que está listo para invadir nuestra civilización.

    Al igual que en la novela de Orwell, siempre hay un Emmanuel Goldstein detrás de cada contradicción, detrás de cada distorsión, detrás de cada mal, y lo mismo ocurre hoy en día en el orden discursivo dominante, que siempre y de nuevo señala a Putin —el nuevo Emmanuel Goldstein— como responsable de todos los males.

    ¿Alguien se atreve a discrepar de la Unión Europea de la vestal de los mercados apátridas Ursula von der Leyen?

    Debe haber detrás la longa manus de Putin. ¿Alguien se atreve a criticar las políticas imperialistas de las barras y estrellas? Debe ser un agente secreto enviado por Putin a Occidente. ¿Alguien se atreve a cuestionar los equilibrios de la globalización neoliberal, cada vez más asimétrica? Por necesidad, es un infiltrado solapado de la Rusia de Putin. Releer a Orwell puede ser realmente beneficioso para un despertar colectivo del hechizo hipnótico de la sociedad del espectáculo y la manipulación milimétrica de las conciencias.

    Apaguen la radio y la televisión, lean a Orwell. Quien se lo sugiere es, por supuesto, un espía enviado por Emmanuel Goldstein…

    Por Diego Fusaro

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