España
Ha sonado la hora de VOX: O gana, o lo pierde todo
Y no es una exageración. Esta y no otra es la situación política y social de VOX en estas horas.
Caminar por el filo de una navaja es muy complicado. ¿Lo imaginan? deslizarse con los pies descalzos por el filo infinito de una inmensa cuchilla de afeitar afilada y engrasada… nada que separe las plantas de sus pies del frío y afiladísimo metal… y saltar y caer del lado correcto o erróneo implica la vida, o la muerte.
Evidentemente lo anterior es una metáfora, pues los partidos políticos no están vivos, pero es, desde luego, una metáfora muy cercana a la realidad que se está viviendo en estas horas en VOX.
Estamos ante un partido del que la cúpula está manteniendo el control de forma muy, pero que muy precaria. Ahí tenemos los ejemplos palmarios de las cúpulas de VOX CATALUÑA, por ejemplo, de los que tanto hemos hablado en este medio, y sobre los cuales planea desde hace tiempo la amenaza cierta de la expulsión sumarísima pero que extraños enjuagues y amiguismos impiden que se lleve a término. De momento.
Por otro lado, también estamos ante un partido que, con gallardía, ha presentado una enmienda a la totalidad de los presupuestos andaluces, después de haber sufrido lo indecible mediante el irresponsable y canalla desprecio de ese partido sin ideología, sin moral y sin ideas pero con muchos mandiles, muchas dudas y muchas sospechas: Ciudadanos. Los esbirros infames de la masonería, de Macrón, de Valls.
Pero volvemos a dar otro bandazo, y nos encontramos al VOX de Torremolinos, dónde una irresponsable, pazguata y relamida «miembra» del partido ha tenido a bien ciscarse en toda la ideología y toda la moral exhibida hasta ahora por VOX y unirse, de forma alegre y festivalera, cual go-go girl de tercera regional, a las celebraciones del indescriptible y vomitivo «orgullo gay» con sus banderitas de colores, sus niños travestidos de 10 añitos y sus machorras peludas expeliendo sudores y otros humores por entre los pliegues de sus carnes tolendas expuestas al público visitante. Hablamos de Lucía Cuín Torres, número dos de VOX por Torremolinos que ha expresado públicamente su apoyo incondicional al «colectivo» LGTBI y ha participado en el «despliegue» de la bandera del orgullo maric… perdón. Del Orgullo Gay. Faltaría más.
Pero la hora ha sonado. El péndulo debe inclinarse. VOX debe moverse.
O bien VOX en un alarde de gallardía, valor y nobleza española mantiene su órdago, y permite el gobierno de la izquierda allí dónde la izquierda sume, y retira el apoyo a los presupuestos andaluces, como parece que ya ha comenzado a hacer, o bien Ciudadanos se la enfunda y cede, aceptando alguna componenda en la que sea el PP quien «ceda» competencias a VOX tras pactarlo con C’s…
O bien VOX se desinfla, traiciona a todos sus seguidores y votantes, y queda convertido en un pequeño despojo de color verde que será el organismo supletorio para el PP: una suerte de meretriz y sumisa voluntaria que aceptará alegremente las órdenes y humillaciones del Amo.
En verdad, en verdad podemos decirles que como patriotas que somos, estamos deseando ver que VOX se mantiene en su sitio y hace valer los principios y moral que tanto tiempo hemos echado de menos en la arena política española.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
