Sucesos
VOX se querella contra La Ser por delito de odio y contra los sentimientos religiosos tras pedir que se dinamite el Valle de los Caídos
VOX ha presentado una querella contra el presentador de de la sección Hora Veintipico, Héctor de Miguel, que se emite durante el programa Hora 25, cuyo director, Aimar Bretos, está querellado también; y el director de general de Cadena Ser, Ignacio Soto Pérez, por delito de odio y también contra los sentimientos religiosos, contemplados en los artículos 524 a 526 del Código Penal.
La querella se interpone tras las declaraciones de Héctor de Miguel, quien aseguró, durante la emisión de su sección, que “el Valle de los Caídos es una puta mierda”, tras lo cual se preguntó: “¿Por qué no entramos ahí con dinamita y lo volamos todo? Si puede ser un domingo, mejor”.
La vicesecretaria Jurídica de VOX, Marta Castro, entiende, y así lo refleja en sus escrito al Juzgado de Instrucción de Madrid, que estas declaraciones -replicadas por otros medios de comunicación-, al margen de la ideología política, «que seguro está incluida en la intencionalidad de De Miguel, atacan y dañan los sentimientos religiosos de muchos ciudadanos».
La Vicesecretaría Jurídica denuncia que se ha superado el límite de la libertad de expresión, conforme determinó el Tribunal Constitucional, y al no quedar amparadas este tipo de declaraciones en el mismo, ni en libertad de expresión ni en la comunicación de ningún hecho objetivo. Por eso, «la actuación de los responsables del medio, también querellados, a la luz del artículo 30 del Código Penal, deberán responder de las mismas en concepto de cooperador necesario, como recoge el artículo 28 del Código Penal».
Acción violenta
Castro señala también empleo de los verbos «volar» y «dinamitar», cuyo intencionalidad es «realizarlo de forma violenta». Además, destaca VOX, «aludiendo al uso ordinario de tal basílica que en un momento en la que presumiblemente y casi con toda certeza una iglesia tiene la mayor ocupación semanal, es la misa dominical, sin importante la vida de los ciudadanos que acudan a la práctica de su profesión religiosa».
La formación recuerda que el Valle de los Caídos es un conjunto monumental histórico, cuyo epicentro es la cruz más grande del mundo, con una altura de 150 metros de altura, asentada sobre la cumbre de un risco que domina todo el valle circundante, y donde además se encuentran sepultados muchos españoles.
Así, VOX insta al Juzgado a tomar declaración a los querellados; oficiar a la Cadena SER para que aporte al procedimiento el video completo del programa donde se realizaron estas declaraciones y oficiar a la unidad de delitos telemáticos de la Policía Judicial para que informe sobre la difusión del programa.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
