España
Zarzuela encubre a la ridícula pareja y dice ahora que pidió a Sánchez y a su esposa «permanecer» al lado de los Reyes
La Casa del Rey ha precisado que el jefe del Gobierno, Pedro Sánchez, y su esposa, Begoña Gómez, siguieron las instrucciones que se les facilitó en la recepción del Palacio Real, que fueron las de»permanecer» con los Reyes «hasta que los siguientes invitados llegaran a las inmediaciones» del Salón del Trono.
El Palacio de la Zarzuela ha emitido un comunicado «ante las interpretaciones surgidas a raíz del malentendido» que tuvo lugar este viernes, en la tradicional recepción que don Felipe y doña Letizia ofrecieron con motivo de la Fiesta Nacional.
En línea con la versión que dio ante la polémica suscitada, Zarzuela insiste en que Sánchez y su esposa «siguieron en efecto y en todo momento las indicaciones de la Casa de Su Majestad el Rey».
Estas instrucciones fueron, prosigue el comunicado, «las de que permanecieran en el Salón del Trono del Palacio Real con Sus Majestades, hasta que los siguientes invitados llegaran a las inmediaciones de dicho salón para proceder al tradicional saludo a los Reyes».
«Como quiera que la presencia del resto de invitados quedó restablecida de forma inmediata, el ritmo habitual de saludo fue recuperado sin solución de continuidad, y se produjo la situación sobrevenida a la que se hace referencia», concluye la nota.
El episodio ocurrió al comienzo del besamanos de los Reyes en el Salón del Trono.
El jefe del Ejecutivo y su esposa fueron los primeros en saludarles y nada más hacerlo, se situaron a su derecha.
Durante un breve instante, permanecieron a la vera de don Felipe y doña Letizia hasta que un miembro del servicio de protocolo de la Casa del Rey les pidió que avanzaran, después de estrechar la mano de la presidenta del Congreso, Ana Pastor, que era la siguiente en la línea de saludos.
Moncloa consideró que se había tratado de una «anécdota» y corroboraba la versión ofrecida por Zarzuela de que «siguieron en todo momento las indicaciones» que les dio el servicio de la Casa Real.
En un primer momento, el Gobierno justificó que Sánchez y su esposa se quedaron junto a los Reyes en que les habían comentado que iba a haber una foto de los Reyes con las máximas autoridades del Estado, la cual no se llegó a realizar.
El comunicado de la Casa del Rey señala textualmente lo siguiente:
«Ante las interpretaciones surgidas a raíz del malentendido producido durante el saludo de Sus Majestades los Reyes y el presidente del Gobierno y su esposa, doña Begoña Gómez, la Casa de Su Majestad el Rey quiere aclarar lo siguiente:
Tal y como esta Casa informó ayer, el presidente del Gobierno y su esposa siguieron en efecto y en todo momento las indicaciones de la Casa de Su Majestad el Rey, que fueron las de que permanecieran en el Salón del Trono del Palacio Real con Sus Majestades, hasta que los siguientes invitados llegaran a las inmediaciones de dicho salón para proceder al tradicional saludo a los Reyes.
Como quiera que la presencia del resto de invitados quedó restablecida de forma inmediata, el ritmo habitual de saludo fue recuperado sin solución de continuidad, y se produjo la situación sobrevenida a la que se hace referencia».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.

Ramiro
07/07/2019 at 14:05
Y este rey tan progre, tan moderno, casi republicano, ¿cree que con estas actitudes va a salvar la ya fallecida monarquía, a la que solo le falta un entierro en consonancia?
Ramiro
14/10/2018 at 20:31
Y este rey tan progre, tan moderno, casi republicano, ¿cree que con estas actitudes va a salvar la ya fallecida monarquía, a la que solo le falta un entierro en consonancia?