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11-M, la gran mentira del PSOE y el PP. Conferencia por Miguel de Cervera

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Miguel De Cervera

La Asociación Alfonso I de Santander concedió el viernes, en un raro ejemplo de libertad en nuestros días, una conferencia cuyo título lo dice todo: «11-M, la gran mentira del PSOE y el PP». Su autor, Miguel de Cervera, es un investigador especializado en crimen de Estado y manipulación de las masas.

En un lenguaje claro y directo, y apoyado nada más que en los datos, Miguel de Cervera describió la esencia de lo ocurrido en el 11-M. «La explicación oficial del atentado ha navegado entre dos grandes mentiras. Una es la versión oficial islamista, que vino a sustituir la mentira inicial de ETA y que resultaba, en interesado popurrí de ambas versiones, todo ello una enorme mentira de Estado que nunca se pudo creer nadie. Y la segunda gran mentira es negar esa versión, que es falsa de raíz, pero sin dar ninguna explicación sobre lo que realmente sucedió en esos trenes y esas elecciones. Y así es cómo la celda queda vacía».
El conferenciante culpó a Losantos de constituirse en el gran defensor y beneficiario de esa segunda manipulación, sin la cual no hubiera sido posible dividir a la sociedad y dejar atrás un crimen sin culpables. «Los magrebíes y asturianos a los que acusaron no pudieron ser, por muchas razones, pero Losantos se ha limitado a insistir en eso e instalarse en lo que no pasó. El «queremos saber la verdad», para este personaje, se ha quedado en eso: una vacía declaración de intenciones. Todo para que los verdaderos (y poderosos) asesinos sigan sueltos. Libres para seguir manipulando elecciones, aunque sea a costa de matar a 200 españoles. Hoy en día, menos mal, los pucherazos salen más baratos, y ahí tenemos a Sánchez para demostrarlo».
Miguel de Cervera tuvo duras palabras para el PSOE, pero sobre todo para un PP que no es nada inocente de lo ocurrido: «no se puede obviar que los que gobernaban entonces eran los amigos de las gaviotas, que fueron los que presentaron todas aquellas falsas pruebas y detenidos. Y es cierto que el PSOE se benefició de la tragedia, cómo no, pero no era la primera opción de los verdaderos terroristas del 11-M. Un poderoso grupo que está por encima del Estado y que decidió que iba a ganar el PP, en primera, pero Aznar fue tan chantajeado con la autoría del atentado que prefirió ceder a regañadientes La Moncloa. Dejarse ganar las elecciones, sí, antes que aceptar dicho chantaje, porque claro está que ahí ocultaban algo muy gordo. Por eso, también, echaron luego pelillos a la mar y se dejaron hasta acusar de asesinos. Y eso fue lo que pasó y lo que Losantos oculta, todavía hoy».
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Los dos minutos de odio. Por Diego Fusaro

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Quienes hayan leído 1984 de George Orwell (una lectura muy recomendable siempre, y más aún en nuestra época tan orwelliana), recordarán sin duda la emblemática figura de Emmanuel Goldstein.

Él es el principal enemigo del Partido que gobierna Oceanía.

Debido a su oposición al Gran Hermano, todos los días, a partir de las 11:00, en todas las oficinas y lugares públicos, se celebran manifestaciones de histeria colectiva contra él: los «dos minutos de odio», como los califica la obra maestra de Orwell. Las masas hipnotizadas por la propaganda del Gran Hermano suspenden toda actividad para manifestar histéricamente su odio hacia Emmanuel Goldstein, del que no saben nada más que lo que el partido les dice a diario sobre él, presentándolo precisamente como el enemigo por excelencia, como la amenaza que pone en peligro la paz de su mundo.

También en este caso, como en muchos otros, la fantasía distópica de Orwell parece superada con creces por nuestro presente completamente distópico. También el Occidente actual, rectius uccidente, tiene su Emmanuel Goldstein, que sin embargo se llama Vladimir Putin.

A todas horas, la radio, la televisión y los periódicos de la civilización falsamente democrática del Gran Hermano repiten propagandísticamente que él es el enemigo, el peligro máximo, la amenaza suprema para el paraíso occidental Y las masas tecnonarcotizadas y teledependientes se prestan con estúpida euforia a esta representación de histeria colectiva, exhibiéndose en otras tantas variaciones tragicómicas de los dos minutos de odio de la memoria orwelliana.

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Es una práctica antigua y probada del poder hacer creer que la contradicción y el enemigo están al otro lado del muro, en el espacio exterior con respecto a la sociedad totalmente administrada por el propio poder: de este modo, desviando siempre la mirada de las contradicciones internas de nuestra sociedad, se produce una unificación ficticia del interior, llamado a cooperar en función de la resistencia al enemigo exterior, del que tal vez, como hoy (pero lo mismo vale para Emmanuel Goldstein), se dice que está listo para invadir nuestra civilización.

Al igual que en la novela de Orwell, siempre hay un Emmanuel Goldstein detrás de cada contradicción, detrás de cada distorsión, detrás de cada mal, y lo mismo ocurre hoy en día en el orden discursivo dominante, que siempre y de nuevo señala a Putin —el nuevo Emmanuel Goldstein— como responsable de todos los males.

¿Alguien se atreve a discrepar de la Unión Europea de la vestal de los mercados apátridas Ursula von der Leyen?

Debe haber detrás la longa manus de Putin. ¿Alguien se atreve a criticar las políticas imperialistas de las barras y estrellas? Debe ser un agente secreto enviado por Putin a Occidente. ¿Alguien se atreve a cuestionar los equilibrios de la globalización neoliberal, cada vez más asimétrica? Por necesidad, es un infiltrado solapado de la Rusia de Putin. Releer a Orwell puede ser realmente beneficioso para un despertar colectivo del hechizo hipnótico de la sociedad del espectáculo y la manipulación milimétrica de las conciencias.

Apaguen la radio y la televisión, lean a Orwell. Quien se lo sugiere es, por supuesto, un espía enviado por Emmanuel Goldstein…

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Por Diego Fusaro

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