Sociedad
643.037 inmigrantes llegaron a España en 2018 y la población española se redujo en 9.368 personas
La llegada de inmigrantes a España en 2018 compensó el aumento de las defunciones y la caída de la natalidad e hizo que se registrase el mayor aumento poblacional desde 2008, de 276.186 personas, lo que situó la población residente en España en 46,93 millones de habitantes.
Así, según los últimos datos de la Estadística de Migraciones que elabora el Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2018 se registró el mayor aumento poblacional desde 2008 cuando lo hizo en 570.333 personas, aunque advierte de que ese es el primer año de la serie histórica en términos homogéneos.
El alza del pasado año fue consecuencia de un saldo migratorio positivo de 333.672 personas (hubo 643.037 llegadas procedentes del extranjero y 309.365 salidas) que compensó el saldo vegetativo negativo de 56.262 personas (367.374 nacimientos, frente a 423.636 defunciones).
Destaca el INE que la llegada de extranjeros es la mayor desde 2008, primer año de la serie homogénea, y que la salida de población es la menor registrada desde el mimo año. Unas llegadas que crecieron un 20,8 % respecto al año anterior y unas salidas que cayeron un 16,1 %.
En términos relativos, el crecimiento anual de la población se ha duplicado desde el 0,28 % de 2017 al 0,59 % de 2018. Según estas cifras, a fecha 1 de enero de 2019 residían en España 46,93 millones de personas, la mayor cifra desde 2012 cuando vivían aquí 46,82 millones.
2018 se ha convertido en el tercer año de crecimiento ininterrumpido de la población que vive en España, que aumentó en 86.940 personas en 2016 y en 131.408 en 2017, tras cuatro años consecutivos de caídas (2012 -con 90.326 ciudadanos menos-, 2013 con 215.691, 2014, con 62.634 y 2015 con 9.466 habitantes menos).
Explica el INE que el crecimiento de la población en 2018 se debió al aumento de los habitantes extranjeros, ya que los de nacionalidad española se redujeron.
Así, el número de extranjeros aumentó en 285.554, hasta los 4,85 millones a 1 de enero de 2019 debido, en gran medida, a un saldo migratorio positivo de 330.197 personas.
Por el contrario, la población de nacionalidad española se redujo en 9.368 personas debido al saldo vegetativo negativo (de 102.682 personas), que no se vio compensado ni por el saldo migratorio positivo (3.475 personas) ni por las adquisiciones de nacionalidad española (90.828).
Si solo se contabiliza a los españoles nacidos en España, el pasado año la población se redujo en 98.595 personas.
Al desglosar los datos de entradas y salidas de España se observa que de las 643.037 personas que optaron por establecer su residencia en España (casi un 21 % más que un año antes), 83.728 eran españoles, mientras que de las 309.365 que se fueron (un 16 % menos) 80.253 también lo eran.
Y entre los extranjeros que llegaron a España destaca el aumento de los venezolanos, con 42.803 más, seguidos de los colombianos (39.977) y marroquíes (32.217), mientras que los que más descendieron fueron los procedentes de Ecuador (4.173 menos), Rumanía (2.359) y Bulgaria (1.387).
Pese a estas cifras la población extranjera mayoritaria sigue siendo la marroquí, con 714.239 ciudadanos viviendo en España, seguida de la procedente de Rumanía (671.233), Reino Unido (287.292), Italia (244.148), Colombia (199.540) y China (190.624).
En términos relativos, los mayores crecimientos de población se dieron entre los residentes de Venezuela (47 %), Honduras (32,4 %) y Colombia (25,1%) y los principales descensos entre los de Ecuador (3 %), Bulgaria (1,1 %) y Rumanía (0,4 %).
Por comunidades autónomas, en 2018, la población creció en trece comunidades autónomas y se redujo en las cuatro restantes.
Los mayores incrementos fueron los de Baleares (1,79 %), Comunidad de Madrid (1,39 %) y Canarias (1,39%) y los principales descensos los registraron el Principado de Asturias (0,52 %), Extremadura (0,47%) y Castilla y León (0,43 %).
España
Acrecentado fariseísmo sindical. Por Jesús Salamanca Alonso
«Hoy, mencionar a los sindicatos mayoritarios es motivo de chanza, mofa y pitorreo burlesco y descontrolado. Siete años esperando las movilizaciones de calado y no han dado un solo paso».
Los desencuentros entre la CEOE y los sindicatos vasallos del sanchismo se han trasladado a los propios trabajadores. Las discrepancias en la negociación son el motivo de las movilizaciones impulsadas por los sindicatos mayorías que, dicho sea de paso, cada vez representan a menor número de trabajadores. El único «mérito» alcanzado por las dos formaciones mayoritarias es ser muy afines al sanchismo y al desaparecido «yolandismo», que repartía millones y cambiaba de traje como el que reparte chuches entre los niños de educación infantil. Son sindicatos sin credibilidad hacia los que no se descarta una movilización contra su fariseísmo cabalgante, mala gestión, su mediocridad, su parasitismo y su nula ocupación por los problemas de los trabajadores.
Hoy, mencionar a los sindicatos mayoritarios es motivo de chanza, mofa y pitorreo burlesco y descontrolado. Siete años esperando las movilizaciones de calado y no han dado un solo paso. Se han dedicado al parasitismo, a evitar las madrugadas y al pago de viajes de sus afiliados a paraísos exóticos con fondos del Erario público. Ahora investiga la fiscalía europea si tales viajes eran financiados también por fondos europeos. No entramos en sus Agencias de Viales, que son cosa privativa de ellos, siempre que no se usen fondos públicos.
De esos sindicatos, cada vez más afines a la mafia criminal sanchista y al ruinoso «yolandismo tombolero», requieren cada vez mayor control y mayor transparencia, entre otras cuestiones para poder confiar en ellos, aunque lo que no se ha hecho… mal lo pueden arreglar a toro pasado. Esa transparencia pasa por que sea el Tribunal de Cuentas quien actúe con rigor sobre la facturación, subvenciones y otros pagos. También la UCO debe actuar contra los ministerios de riego económico para callar bocas a los sindicatos y domesticarlos, sin asonadas ni alborotos ni movilizaciones ni ruido de ningún tipo.
Lo del «yolandismo» está por salir y sorprende que la prensa de investigación no haya sacado nada: se ha detenido en los siete mil euros del viaje a la entrega de los Óscar, el viaje a ver al Papa y pagos varios en hoteles gallegos y no gallegos. Pero eso es el chocolate del loro. Tranquilidad, que todo se sabe y todo se desgrana: pongamos como ejemplo el recorrido «archisobado» del Peugeot, pues resulta que no era un Peugeot, sino un Mercedes de más de setenta mil euros, que paraba cuatrocientos metros antes de llegar al destino. ¡Manda huevos! Falsos hasta para viajar. Es como si los sindicalistas de un sindicato obrero viajan en un Mercedes para hacer campaña electoral y paran en la misma puerta del destino donde lo pueden ver todos los trabajadores de esa empresa. ¿Entienden lo que quiero decir? ¿Sera, por eso, por lo que Félix Bolaños ha dicho «que no quiere verla (a Yolanda Díaz) en el sanchismo ni en la puerta de entrada. Él sabrá a qué se refiere, en qué está pensando y qué es lo que sabe de antemano que tanto le asusta.
Volviendo a las discrepancias iniciales, éstas tienen un claro origen: los salarios, el incumplimiento de la normativa y la propia negociación. El punto de inflexión no es otro, según la CEOE, que la reducción de jornada a 37,5 horas semanales. Lo sorprendente es que los sindicatos viciados nunca señalan la reducción de salarios en esa misma proporción ni se comprometen a pagar nada. Ellos piden y que paguen otros. ¡Cómo se nota que están acostumbrados a las gambas! Generalmente, cuando se consigue algo, suelen cargarse de méritos que no suelen ser suyos.
¡Qué poca dignidad sindical! ¡Cuánto abuso, corrupción y falsedad acumulan y encubre el Gobierno! Al menos, ya tenemos tres comunidades autónomas que van a ir eliminando las ayudas y subvenciones a los sindicatos y la próxima será la andaluza. Esta gente, con tal de no perder un euro, son capaces de acogerse a la «prioridad nacional» e intentar convencer a sus afiliados que la idea ha sido suya, aunque la defiendan los partidos. Por cierto, la idea de la «prioridad nacional» era la sorpresa que el PSOE tenía guardada para recuperar votos y lanzarla en la campaña andaluza, pero se le ha pinchado el globo y, lo que consideraban extraordinaria medida, ahora la rechazan. Torpes y cenizos hasta más no poder.
El demérito sindical radica en que ahora, cuando ven perdida su situación de privilegio, piden con urgencia que «se blinde su dotación económica». ¡Qué cara más dura y espalda más! ¿Cuántos crustáceos aspiran a descabezar? Hoy por hoy lo único que hay que blindar en los sindicatos es su urgente modernidad y el mantenimiento de sus estructuras con fondos de los afiliados, así como olvidarse de subvenciones, montantes económicos y patrimonio sindical que se otorgan para callar al oponente.
