A Pedro Sánchez le estalla la economía - ALERTA NACIONAL
Connect with us

Cartas del Director

A Pedro Sánchez le estalla la economía

Published

on

Comparta este artículo, ¡Ahora también en MeWe, la red social sin censura!

Con las últimas cifras del desempleo en la mano, se entiende cabalmente el empeño del presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, en adelantar el debate electoral al lunes pasado. Porque los datos que tenía que hacer públicos el Ministerio de Trabajo son demoledores si se ponen a la luz de los mensajes de optimismo y relajación con los que el Gabinete socialista viene despachando las alertas y advertencias sobre el frenazo de nuestra economía. Y que el candidato del PSOE, como hizo durante el citado debate, exhiba como gran solución el anuncio del nombramiento de un vicepresidente del ramo, no contribuye, precisamente, a tranquilizar a una opinión pública que mantiene muy presente el nombre de otro fichaje estrella socialista, Pedro Solbes, que acabó atrapado entre el mero voluntarismo político y la cruda realidad. Porque, una vez más, los hechos acabarán por imponerse sobre el discurso electoralista de la izquierda. No sólo porque en este mes de octubre el incremento del número de inscritos en las oficinas de empleo sea el más alto desde 2012, sino porque el número de contratos indefinidos lleva ocho meses seguidos cayendo a plomo, con un acumulado anual del 4,8 por ciento.

Asimismo, aunque las cifras interanuales nos dicen que se sigue reduciendo el desempleo, con 77.000 parados menos con respecto a octubre de 2018, se trata del peor dato de los últimos cuatro años. En 2016 la caída del paro fue de 411.000 trabajadores, y los dos años siguientes, incluso ya camino de la parálisis política, la reducción nunca fue inferior a las 250.000 personas.

Podríamos seguir desgranando más cifras negativas, como el incremento del 7,2 por ciento del paro juvenil o la subida del 11,6 por ciento de las prestaciones por desempleo, hasta los 1.591 millones de euros, pero sería abundar en lo expuesto, porque lo que importa es el plano general de una economía que se desacelera insensiblemente y que, como siempre ocurre en España, golpea primero al mercado de trabajo. Que en estas circunstancias el partido que sostiene al Gobierno en funciones haya tratado de eludir el debate forma parte de la más elemental estrategia electoralista, pero no dice nada bueno de lo que podemos esperar de su futura gestión.

Más aún, si ésta viene condicionada al final por las exigencias de una extrema izquierda populista, que nutre su programa de la barra libre del gasto público, compensada, eso sí, en el incremento de unos hipotéticos ingresos tributarios que, de llevarse a efecto, acabará por asfixiar a las empresas y a las clases medias trabajadoras. Tal vez, la crisis en Cataluña, grave y con perspectivas de empeorar a medida que se aproxima la cita con las urnas, sea un factor prioritario en el discurso de todos partidos políticos, pero no se debería sustraer a la sociedad española este otro debate económico, cuya trascendencia no escapa a nadie.

Es cierto, y no queremos obviarlo, que las señales que emite la economía mundial son contradictorias.
De hecho, muchos de los ingredientes de la sospechada recesión son de carácter político, como las restricciones al libre comercio de la Administración Trump o el Brexit, y que, como tales, pueden revertirse. Pero, igualmente, estamos asistiendo a la reducción paulatina del crecimiento de las grandes y medianas economías, con clara incidencia en la Unión Europea. Con el agravante para el caso español de que nuestra deuda pública está ya al límite de lo tolerable y el margen de reacción es mucho menor que el que había al principio de la anterior crisis financiera mundial.

Es imperativo que los candidatos, en esta recta final de la campaña, planteen a los electores qué medidas piensan adoptar ante un cambio de escenario y, sobre todo, cómo prevén ajustar los presupuestos del Estado. Porque de promesas maravillosas, ya tenemos bastante.


Comparta este artículo, ¡Ahora también en MeWe, la red social sin censura!
Advertisement
Deje aquí su propio comentario

Cartas del Director

Pacto con los odiadores de España

Published

on

Comparta este artículo, ¡Ahora también en MeWe, la red social sin censura!

Las negociaciones para la formación del Gobierno se están convirtiendo en un mercado persa auspiciado por las mentiras sistemáticas de Pedro Sánchez y por una deslealtad constitucional alarmante. Los primeros pasos de la alianza social-comunista son indiciarios de que existe una hoja de ruta prediseñada para la demolición del sistema constitucional de 1978, ideado para una reconciliación histórica que ahora la izquierda pretende revertir. Sánchez ha iniciado un proceso de dinamitación de esa estructura declarando su sumisión a las pretensiones del independentismo vasco y catalán. En cuestión de horas se han conocido los detalles de una propuesta de sustitución del Estatuto vasco de autonomía por otro que santifique su autodeterminación con la erradicación del andamiaje institucional del Estado. Se trata de una segunda versión del «plan Ibarretxe» avalada por el PNV y la marca vasca de Podemos, partido que aspira a ocupar una vicepresidencia del Gobierno de la nación y varios ministerios. Todo ello, después de que el PSC haya decidido que Cataluña es una nación; de que el PSOE se haya entregado a Bildu en Navarra para aprobar los presupuestos forales y de que La Moncloa haya aceptado participar de una «mesa de extorsión» con ERC para garantizarse la investidura.

El cuadro lo completan las primeras maniobras visibles de algunos magistrados del TC al servicio de los intereses de Sánchez. La foto de la socialista Chivite negociando los próximos presupuestos forales con Bildu es la constatación de lo que advertimos en su día, que los proetarras se iban a cobrar la operación política que en junio facilitó la llegada del PSOE al poder en Navarra. Esa imagen vuelve a destrozar el discurso de Sánchez que hace unos meses afirmó que ni el PSN ni el PSOE alcanzarían pacto alguno con los herederos políticos de ETA. De nuevo, la hemeroteca aplastando la coherencia de Sánchez, que a estas alturas lleva camino de convertirse en un mentiroso compulsivo.

Estos partidos son socios destructivos, no van de farol, y sitúan al socialismo ante una disyuntiva dramática. Termine pactando o no con este tipo de socios, algunos de cuyos líderes están en la cárcel por sedición o lo han estado por terrorismo, su silencio resulta más que elocuente. Porque aunque no acabe sellando la investidura, su mera predisposición a ceder al chantaje debería inhabilitarle para liderar nada en España. Sánchez está permitiendo que Iglesias, Junqueras, Urkullu y Otegui sean los dirigentes más influyentes y condicionantes de España. Pero son precisamente los que quieren destruir la arquitectura del Estado, lo cual es trágico teniendo en cuenta que de los 350 diputados del Congreso, 276 se declaran constitucionalistas…, incluido el PSOE, cuyos hechos e intenciones desmienten sus palabras. Sánchez pretende gobernar España con la minoría extorsionadora que odia España, y es una exigencia moral que el constitucionalismo mayoritario lo impida.


Comparta este artículo, ¡Ahora también en MeWe, la red social sin censura!
Continue Reading

Cartas del Director

¿Por que las mafias progresistas se alarman porque crece Vox y no por las causas que provocan su crecimiento?

Published

on

Comparta este artículo, ¡Ahora también en MeWe, la red social sin censura!

Ingenuamente alcanzamos a creer en la sinceridad de los fedatarios de los valores democráticos cuando machaconamente defendían la infabilidad de los votantes. “El pueblo siempre tiene razón”, sentenciaban los trápalas con clamor de jeremías. Ahora se ha visto que no, que también en eso nos engañaron, que lo que quisieron decir es que hay votos buenos y votos malos, votantes con y sin pedigrí democrático, que solo votando lo que ellos quieren se tiene derecho a gozar de la respetabilidad cívica que se concede, por ejemplo, a los votantes de partidos que promueven la insurrección golpista o cuyos dirigentes han vivido durante años en permanente roce con el terrorismo.

Ahora ya sabemos que el concepto que estos prendas tienen de la democracia española es bastante restrictivo. Más de tres millones de españoles han votado a Vox en las elecciones generales del pasado domingo. Si nos atenemos al diagnóstico que hace la izquierda, nos encontramos ante una masa de gente enajenada que delira cuando vota y que necesita ser guiada y conducida al redil de los ciudadanos ejemplares.

Si aceptamos la lógica democrática como la mejor de cuantas han sido creadas por el hombre para regirse políticamente, o la menos mala, no debería ser un buen negocio criminalizar a los votantes ni establecer que hay asuntos de la vida pública que no pueden ser discutidos ni aún menos cuestionados.

Lo que hacen estos días las mafias progresistas es convertir en anatema las consecuencias y no las causas por las que millones de españoles huyen de las ofertas políticas tradicionales para echarse en los brazos de Vox.

Aún aceptando que el voto a Vox sea contrario a la institucionalidad democrática (que no lo es), deberían preguntarse por qué tanta gente ha buscado refugio electoral en dichas siglas. Estas podrían ser algunas de las razones:

Cuando la izquierda radical predica austeridad pero se compra un chalé de 2000 metros cuadrados, no se tiene demasiada autoridad para aleccionar a un español que vive con menos de mil euros al mes y en medio de una imposible convivencia multicultural

Cuando el representante del Estado en Cataluña se suma al corte de carreteras y promueve el sabotaje de infraestructuras de transporte, tampoco se tiene mucha autoridad para reconvenir a millones de españoles sobre su voto a una opción que para ellos representa sobre todo el orden y el principio de autoridad perdidos.

Cuando barrios que han votado siempre a la izquierda, como en el caso de Málaga la Palmilla, con una población en paro abrumadoramente mayoritaria, se decantan ahora mayoritariamente por Vox, ¿se habrá debido tal vez a la escasa o nula visibilidad que sus problemas han tenido durante años.

Cuando el Rey tiene que visitar Cataluña ocultando sus movimientos, por miedo a los violentos, ¿debería extrañarnos que muchos españoles consideren que hemos llegado a una situación límite?

Cuando no puedes exhibir una bandera española en espacios públicos de Cataluña y Vascongadas, porque corres el riesgo de que te agredan, o de que te maten, ¿no es comprensible que muchos votantes culpen a éste y a los gobiernos anteriores de la desaparición del Estado en esas comunidades?

Cuando un hombre es detenido tras ser denunciado por un delito de maltrato que no ha cometido, o se le priva del derecho a estar con sus hijos, ¿es descabellado que los damnificados se decanten electoralmente por el partido que defiende la derogación de la infame ley de violencia de género?

Cuando desde las instituciones se enloda la memoria de muchos héroes españoles, y en cambio se ensalza la de Carrillo, o la de muchos pistoleros de ETA. O cuando se reescribe la historia de España sobre la base de los prejuicios ideológicos, convirtiendo a malos en buenos y a buenos en villanos, ¿no es comprensible que muchos españoles exijan que no se construya un cuadro idílico de la II República ni un relato sectario de la España transcurrida entre 1936 y 1975? No se puede dar lecciones de memoria histórica en una Barcelona que rememoró el año pasado el 90 aniversario de los bombardeos italianos, pero olvidó a la treintena de presos franquistas (casi todos catalanes) fusilados el 11 de agosto de aquel mismo año en el castillo de Montjuïc, un espacio -como la Modelo y pronto la comisaría de Vía Layetana- acaparado por la memoria oficial del nacional-populismo. Guste o no, esa es, también, memoria de todos. Lo demás son usos políticos de las ruinas o, directamente, perversión moral.

Cuando conviertes la profanación de Franco en espectáculo televisivo para solaz y consumo de tus supuestos votantes, ¿no es natural que esto terminase provocando un gran efecto emocional en los millones de españoles que se sienten agradecidos, aunque no lo manifiesten públicamente, al regimen que los hizo prosperar y les dio paz y seguridad.

Cuando saltas la valla fronteriza de Melilla e hieres gravemente a un guardia civil, logrando que el ministro Marlaska te proporcione refugio y acomodo legal, ¿nos podemos sorprender que muchos españoles voten para que nuestras fronteras sean tan seguras y estén tan vigiladas como el casoplón de Iglesias, rodeado por muros y protegido día y noche por guardias civiles para disuadir a los intrusos?

Cuando Pedro Sánchez se echa en manos de los separatistas para garantizar su futuro personal, al mismo tiempo que compromete el de España, ¿es ilógico que muchos españoles estén tan cabreados?

Cuando un andaluz no puede ser atendido en un centro sanitario de la Generalitat, porque le exigen la tarjeta sanitaria de aquella región, o porque no hable catalán, ¿es entendible que muchos quieran poner coto a las autonomías?

Cuando pueden condenarte por islamofobia si denuncias las tendencias violentas que existen en el islam, pero en cambio te protege el sacrosanto derecho a la libertad expresiva si afirmas que todos los curas son pederastas, ¿se puede reprochar a los españoles que hayan elegido la opción política que propone acabar con los delitos de odio?

Se nos dice por un lado que cualquier cosa considerada justa puede discutirse, defenderse o refutarse pacíficamente; que hasta la independencia de algunos territorios puede lograrse si es a través de los mecanismos que contempla la propia ley. Por otro lado, se criminaliza a Vox por mantener un punto de vista distinto al oficial sobre determinados temas de orden moral, que se consideran indiscutibles. Por una parte se acusa a Vox de ser un partido inconstitucional por pretender modificar, con arreglo a la norma, el artículo de la Carta Magna que consagra el sistema autonómico. Por la otra, se concede a Podemos todos los parabienes democráticos sin embargo su deseo de acabar con el artículo 56 de la Carta Magna, que califica al Rey como jefe del Estado y símbolo de su unidad y permanencia. En un contexto tal de subverción moral y de ataque a la inteligencia de los españoles, ¿alguien puede extrañarse de que los votantes de Vox se reproduzcan como hongos?

Cuando en las aulas se obliga a los niños a estudiar temarios tendenciosos, ¿es lícito votar al partido que propone centralizar las competencias educativas?

Cuando el PSOE dice que la Gürtel estuvo mal pero que los ERE fueron una tontería, ¿estamos ante uno de esos casos de relativismo moral que tanto daño han causado a la credibilidad de la casta dirigente?

Cuando Pedro Sánchez sostiene que el problema en Cataluña es político, y no de oden público, ¿está contribuyendo o no a que cada vez más españoles perciban a sus dirigentes como parte del problema y no de la solución?

Cuando la izquierda desea la muerte del hijo que está gestando Inés Arrimadas, o Willy Toledo se caga en Dios y la mafia progresista le ríe la gracia, o se promueve con dinero público ataques contra los católicos, ¿se tiene legitimidad para hablar de respeto a la convivencia?

Cuando las movilizaciones violentas en Cataluña han sido convocadas por un sindicato liderado por un exterrorista de Terra Lliure que asesinó a nueve personas, ¿se tiene legitimidad para hablar de respeto a la democracia?

Cuando caretos tan feos como los de Elisa Beni, Angélica Rubio, Ana Pastor, Beatriz Talegón, Anabel Alonso… están todo el día dictando sentencia contra Vox, ¿no están provocando el efecto contrario que el que torpemente se proponen?

Si esta gente se atuviese a un diagnóstico real, si conectaran con la calle, si conocieran más el alma española, comprenderían que el voto a Vox ha sido sobre todo una OPA a todos ellos, a una forma de ser y de gobernar, de vivir y de hacer, de pensar y de alterar conciencias, que muchos electores han rechazado sin contemplaciones, con una patada directa y certera en el culo del sistema.

Ha sido un garrotazo directo a todos esos ministros y a todas esas ministras obstinados en reverdecer las políticas de odio que nos condujeron a la ya conocida contienda civil. Ha sido un forma de castigar la política hecha sevicia y todas esas normas concebidas para corromper lo mejor de nuestra condición humana y dividir a los españoles. Ha sido un crochet al mentón de los socialistas por tantas cosas que sería muy difícil enumerarlas todas juntas. Pero sobre todo, ha sido un voto de castigo por la forma que ha tenido el Gobierno de gestionar la crisis catalana más que por su existencia misma.

La democracia busca la participación de todos los ciudadanos en las opciones políticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a sus propios gobernantes, o bien la de sustituirlos oportunamente de manera pacífica –cfr. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia , N.º 406–. No es fácil respetar y vivir esa democracia, sobre todo cuando políticos y periodistas se defican a criminalizar a quienes votan opciones distintas para hacer frente a problemas reales.

La democracia no es una concepción de la vida ajena a los valores, que son fundamentales y globales, y entrañan una fraternidad universal. Cuando esos valores se desintegran, la propia democracia entra en una profunda crisis de identidad. La Constitución de 1978, a diferencia de la norteamericana, se edificó sobre valores que fueron negociados y otros aún más genuinos que simplemente han sido desde entonces ignorados o relegados.

Una auténtica democracia, como la que el PSOE no quiso nunca defender, no es solo resultado de un respeto formal a las reglas, sino el fruto de una aceptación convencida de los valores que inspiran los procedimientos democráticos: la dignidad de toda persona, el respeto de los derechos de cada español a proclamar y defender su identidad en cualquier parte de nuestro territorio nacional, la asunción del “bien común” como fin y criterio regulador de la vida política. Al faltar el consenso general de estos valores entre las mafias progresistas, España ha perdido el significado de la democracia y se ha llegado incluso a comprometer su estabilidad. Esa es la razón principal de que Vox, en menos de un año, haya pasado de ser una fuerza residual a ocupar 52 asientos en el Congreso.

Si quieren ser creíbles y no ser percibidos como una burda banda de farsantes, comiencen por combatir el virus mortífero y no al enfermo que padece sus consecuencias.


Comparta este artículo, ¡Ahora también en MeWe, la red social sin censura!
Continue Reading

Cartas del Director

Un PSOE sin voz, al servicio de Sánchez

Published

on

Comparta este artículo, ¡Ahora también en MeWe, la red social sin censura!

Con la excepción de algunos de sus dirigentes históricos, como Felipe González, Joaquín Leguina y Juan Carlos Rodríguez Ibarra, que nada práctico acaban por hacer, y un más que circunspecto Emiliano García Page, un espeso manto de silencio se extiende entre las filas socialistas ante el último «doble mortal» político de su secretario general, Pedro Sánchez, que, ayer mismo, comenzó a negociar su investidura con ERC, un partido separatista que ha encabezado el golpe antidemocrático en Cataluña y que no parece dispuestos a renunciar a ninguno de sus postulados, todo lo más, a amoldarse a un apaciguamiento tacticista, condicionado a la liberación de sus dirigentes encarcelados y a la apertura de una mesa de negociación que, por sí sola, pone en tela de juicio los principios constitucionales del Estado. Ni siquiera la inveterada vocación de poder del PSOE, una anomalía en el mundo occidental, explica la ausencia de críticas internas ante una apuesta que, como describió gráficamente el dirigente castellano-manchego, puede obligar a Pedro Sánchez «a gobernar de rodillas».

Podría entenderse, incluso, que la pasiva reacción de los cuadros del partido ante los malos resultados electorales y la amenaza de podemización del futuro Gobierno se debiera a la misma perplejidad que embarga al resto de los españoles, pero que el PSOE en su conjunto sea incapaz de reaccionar ante las supinas contradicciones, las palmarias incoherencias, las falsas promesas, las medias verdades y las mentiras completas del presidente del Gobierno en funciones carece de explicación racional. Porque no es baladí, y las consecuencias se verán en el medio plazo, que un político con las responsabilidades de quien gobierna la Nación, prometiera en el debate electoral, no hace ni quince días, que iba a reintroducir en el Código Penal el delito de convocatoria ilegal de referendos, llevar al sistema educativo de toda España una asignatura de formación en valores constitucionales y modificar la elección del Consejo de la televisión pública de Cataluña y, ahora, esté recabando apoyos parlamentarios de los mismos partidos contra quienes estaban pensadas esas mismas medidas.

Si, ciertamente, es un tópico que las promesas electorales están hechas para no cumplirse, lo que los ciudadanos están viviendo es la superación del marxismo por parte de Pedro Sánchez, pero el de Groucho. Sin duda, hay que insistir en ello, está manera de contemplar la política como un mero instrumento de provecho personal explica que el PSOE se haya dejado más de setecientos mil votos en unas elecciones que han visto la debacle de Ciudadanos y la fuerte caída de Podemos. Ni a su derecha ni a su izquierda los socialistas han sido capaces de recuperar apoyos, y vuelven a sus peores resultados.

Que el secretario general socialista se asienta sobre una militancia radicalizada, se demostró en las primarias del partido. Que un PSOE alejado de sus tradicionales postulados socialdemócratas está muy lejos de la mayoría social, también. De ahí que no sean de recibo los intentos de Sánchez de trasladar la responsabilidad de un Gobierno como el que se prepara, forzosamente condicionados por quienes pretenden, lisa y llanamente, acabar con el actual sistema constitucional, a los partidos del centro derecha.

Por supuesto, es posible una alternativa a la conjunción de la extrema izquierda populista con el separatismo, como admiten dirigentes caracterizados del Partido Popular que, dicho sea de paso, expresan sus opiniones con libertad y normalidad, pero para ello sería imprescindible que el candidato socialista diera un primer paso esa dirección. Porque los hechos son diáfanos: el mismo domingo Pedro Sánchez, sin atender la llamada de Pablo Casado, ya había decidido cubrirse la espaldas de su fracaso.


Comparta este artículo, ¡Ahora también en MeWe, la red social sin censura!
Continue Reading
Advertisement
Advertisement
Advertisement

Copyright © 2019 all rights reserved alertanacional.es

Do NOT follow this link or you will be banned from the site!
ArabicBulgarianChinese (Simplified)DanishEnglishFinnishFrenchGermanGreekItalianNorwegianPortugueseRomanianRussianSpanishTurkish
A %d blogueros les gusta esto: