España
A Pedro Sánchez lo sacan del burladero y lo obligan a debatir
Paloma Cervilla.- Qué rematadamente mal le ha salido a Pedro Sánchez la estrategia de los debates en televisión. Hay veces, que cuando las cosas se hacen desde la soberbia, desde el tacticismo para machacar al contrario con grandes dosis de veneno, se te vuelven en contra.
Primero racaneó un debate con Pablo Casado, sabiendo que lo podía perder. Si en las anteriores elecciones pidió y pidió un cara a cara con Mariano Rajoy, ahora, por pura conveniencia, ya no lo veía tan útil.
Después apostó por un debate a cinco (PSOE, PP, Podemos Ciudadanos y VOX) para escenificar lo que ha llemado el “trifachito”. Su objetivo era presentarse como la única izquierda que será capaz de frenar a la derecha. Ninguneó a la televisión pública RTVE, a la que cuando le ha convenido ha puesto como ejemplo de independencia. Y apostó por Atresmedia, despreciando a los profesionales de la pública.
Cuando la Junta Electoral le dijo que no podía contar solo con VOX, sino que también tenían que estar presentes otras formaciones políticas que sí tenían representación, se desorientó y entonces dijo que sí quería ir a la televisión pública.
Pero entonces sí que estaba atrapado en su propia trampa. Ahora RTVE, sí, pero entonces el resto de partidos le tomaron la delantera y le dijeron, que sí, que muy bien, que un debate en la pública, pero siempre y cuando se mantuviera el de Atresmedia para el día 23 de abril, con el que ya se habían comprometido.
En un intento de salir del atolladero, maniobró a través de Rosa María Mateo, presidenta de la RTVE, y fijó la fecha del debate el 23 de abril, el mismo día que el de Atresmedia, y advirtió de que solo iría a uno, el de la pública.
El resto de partidos se dieron cuenta del miedo que le había entrado a Pedro Sánchez ante la posibilidad de tener que debatir dos veces, en días consecutivos y se negaron a suspender el debate de Atresmedia. Irían a los dos y si Sánchez no venía al de Atresmedia su silla se quedaría vacía.
Refugiado en su burladero y ante la posibilidad de convertirse en un ridículo nacional, esta mañana ha salido y ha confirmado que asistirá a los dos debates. Un aquelarre político del que quiso huir y que ha terminado por arrollarle. A ver cómo sale y si tiene consecuencias en la mayoría que le dan las encuestas el 28 de abril.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
