Sociedad
«A todos los cerdos les llega su San Martín» (refrán popular). Admitida la querella contra el alcalde que derribó la Cruz de Callosa por malversación
El exalcalde socialista de Callosa contrató » a dedo» a un abogado para defenderse en un juicio según la querella de Abogados Cristianos. La Cruz de Callosa de Segura se convirtió en un símbolo de resistencia por la libertad religiosa y frente a la imposición de la Ley de Memoria Histórica.
El Juzgado de Instrucción de Orihuela ha admitido a trámite una querella de la Asociación de Abogados Cristianos contra el anterior alcalde de Callosa de Segura, Francisco Maciá (PSOE), y el que fue su teniente alcalde, Ismael Ballester (IU).
Ambos están acusados de un presunto delito de malversación, tipificado en el artículo 432.1 del Código Penal, por contratar «a dedo» con dinero público, a un abogado externo al equipo jurídico del ayuntamiento del municipio.
Ismael Ballester hizo uso de la defensa de este abogado en un juicio celebrado en octubre de 2018 por un delito contra el honor de Abogados Cristianos. La organización de juristas señala que “el abogado contratado con dinero público tiene despacho en el Barrio de Salamanca de Madrid y está muy vinculado al PSOE”.
Polonia Castellanos, presidente de Abogados Cristianos, resalta que “igual que en este caso vulneraron la ley con una contratación ilegal, hace ahora ya tres años que este mismo equipo de gobierno derribó la cruz de la plaza de la Iglesia con gravísimas anomalías que están saliendo a la luz en el proceso judicial que sigue aún en los tribunales. Esperamos que el nuevo equipo de gobierno del ayuntamiento de Callosa investigue las irregularidades con las que se llevó a cabo el derribo de la cruz”.

Cruz de la plaza de la Iglesia de San Martín en Callosa de Segura / Google Maps
Historia de una resistencia popular en defensa de la cruz
En el año 2016, el gobierno de coalición formado por el PSOE y la alianza de grupúsculos comunista Izquierda Unida decidió derribar el monumento a la cruz situado junto a la Iglesia de Callosa de Segura amparada en la ley de memoria histórica.
El caso fue controvertido, no sólo por el propio hecho en sí, sino porque la parroquia ha defendido en todo momento que la cruz, situada en la plaza contigua al templo, pegada al edificio y rodeada por una valla, estaba situada en terreno privado.
Una buena parte de los vecinos del pueblo se constituyeron en custodios de la cruz y durante meses hicieron guardias para impedir el derribo del monumento. Finalmente, en enero de 2018, y con un dispositivo policial exagerado a todas luces para desalojar a los custodios, la mayoría de avanzada edad, la cruz fue derribada.

La cruz de Callosa de Segura es retirada pese a la oposición de los ciudadanos / EFE.
Durante meses, los custodios protestaron por el derribo de la cruz. Destacó por su perseverancia en esta tarea Teresa Agulló, una mujer octogenaria que vive frente a la iglesia y que proyectó durante semanas una silueta de la cruz derribada desde su casa. El precio, multas de 100 euros diarias por parte del Ayuntamiento, que fueron retiradas judicialmente tras una acción también defendida por Abogados Cristianos.

La Policía multa con cien euros al día a la vecina que proyecta la imagen de la Cruz de Callosa de Segura.
Teresa Agulló fue reconocida por su perseverancia en defensa de la Cruz por la asociación HazteOir.org en el año 2018.

Teresa Agulló, Premio HazteOir.org 2018, entrega a Ignacio Arsuaga una réplica de la cruz de Callosa de Segura en presencia de Blanca Escobar. /HO
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
