España
Abascal arremete contra Sánchez y le pregunta directamente si está cumpliendo las órdenes de Soros: «Con que me conteste a esto me vale»
Abascal ha comenzado su intervención recordando a las decenas de miles de españoles fallecidos por la epidemia de coronavirus y a todos aquellos «a quienes las políticas del gobierno están llevando a la ruina».
«España», ha afirmado el político vasco, «ha sufrido el confinamiento más estricto y, a su vez, se ha situado a la cabeza de los países en número de muertes por millón de habitantes«.
Muy crítico por terminar su discurso con la frase: «¡Viva el 8M!»
El líder del partido verde le ha reprochado también al Gobierno haberse echado en manos de «ETA, el PNV y ERC, partidos que están tratando de canalizar el descontento popular para destruir España».
Asimismo ha recordado que tanto Vox como los españoles que han acudido a sus protestas no han «usurpado» ninguna bandera y les ha recomendado que, en lugar de perderse en discursos teóricos estériles opten por «no quemarla y no arriarla» de las instituciones y por «enarbolarla en sus mítines» pues «la enseña nacional» es de todos.
A continuación se ha referido a las acusaciones de terrorismo que el vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, ha proferido respecto a Juan Roig o Amancio Ortega, comparándoles con el «victimismo» que éste ha desarrollado respecto a la acusación que se realizó respecto a su padre.
Abascal ha afirmado que, desde Vox, no se va a «caer en sus provocaciones guerracivilistas» y que las responsabilidades de este gobierno se terminarán dirimiendo en los tribunales. En ese sentido también ha querido recordar que, en su partido, no se olvidan del «asunto Delcy» en el que se vio involucrado el ministro Ábalos.
«El enemigo es el virus»
El presidente de Vox también respondió a algunas de las principales afirmaciones de Sánchez, cuando afirmó que «el enemigo es el virus» y se pronunció en contra de los insultos. El presidente del Gobierno no contaba, sin embargo, con que Abascal en su intervención hiciera una lista de los calificativos con los que, recientemente, les ha definido el vicepresidente Iglesias: «acusaciones de golpismo, parásitos, referencias al Frente Popular».
Otro de los temas sobre los que se pronunció fue sobre el nombramiento de los ex-diputados del PSOE, José Montilla y José Blanco, como miembros del consejo de administración de Enagás, destacando que «mientras a los españoles no les pagan los ERTEs».
«Los españoles tienen dignidad, quieren trabajar, no sus limosnas»
En referencia al Ingreso Mínimo Vital aprobado por el Gobierno, Abascal ha señalado que será «la cartilla de racionamiento que no permitía dormir al presidente del Gobierno» y ha explicado que, a juicio de su partido, «la renta mínima es la incapacidad de un gobierno para crear empleo. Una renta mínima temporal no sólo es buena, sino necesaria para apoyar a una familia en situación de dificultad, pero una renta mínima permanente tal como la han planteado ustedes no es más que un augurio de pobreza y una promesa de ruina«.
Finalmente, Abascal se pronunció sobre las movilizaciones de los «antifa» y los menas y contrapuso su actitud violenta y la de un Gobierno caracterizado por cesar ilegalmente a responsables de la Guardia Civil, esconder el número de fallecidos y obligar a la policía a multar ilegalmente a los ciudadanos, a las movilizaciones pacíficas de la Caravana por la Libertad y concluyó su discurso afirmando que «ustedes no son un gobierno, son la sucursal de unos progres multimillonarios y de unos narcodictadores comunistas, pero no les tenemos miedo».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.

