España
Agricultores y ganaderos reciben con gritos y pitos a Sánchez en Palencia exigiéndole que eche a Garzón
Al grito de «Garzón, cese o dimisión», decenas de personas han dado ‘la bienvenida’ a Sánchez y le han pedido la destitución del ministro de Consumo por sus declaraciones sobre la calidad de la carne realizadas a The Guardian.
Los agricultores y ganaderos palentinos han recibido con protestas al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que este domingo ha presentado a Luis Tudanca como candidato a la presidencia de esa comunidad autónoma.
Al grito de «Garzón, cese o dimisión», decenas de personas han dado ‘la bienvenida’ a Sánchez y le han pedido la destitución del ministro de Consumo, Alberto Garzón (UnidasPodemos), por sus declaraciones sobre la calidad de la carne realizadas al diario británico The Guardian.
Casi una hora antes de que diese comienzo el acto político, que que ha durado menos de una hora, los agricultores y ganaderos ya se concentraron frente al recinto donde el presidente del Gobierno iba a intervenir y realizaron una sonora pitada, con gritos y abucheos cuando entró una caravana de coches en la que se intuía que viajaba.
Las organizaciones agrarias, Asaja, COAG y UPA habrían convocado esta concentración este domingo, a las once de la mañana, a las puertas del Complejo Deportivo Eras de Santa Marina, para expresar el desacuerdo y malestar de los agricultores y ganaderos de la provincia con «las actuaciones y declaraciones» del ministro de Consumo, han informado este viernes a través de un comunicado firmado por las tres organizaciones profesionales agrarias.
La concentración estaba encabezada por una pancarta en la que se leía «Garzón, cese o dimisión», firmada por las tres organizaciones agrarias mayoritarias, que han criticado al ministro de Consumo, Alberto Garzón, por «el daño que está haciendo al sector» y que se ha agravado en los últimos días con la entrevista realizada en el periódico británico The Guardian sobre la calidad de la carne española.
Asaja, COAG y UPA explican que no entienden que un ministro de España «hable mal reiteradamente de las producciones de su propio país y, más aún, en medios de comunicación extranjeros», por lo que piden a Pedro Sánchez que le destituya «inmediatamente», ya que elñ cargo «le viene grande y está maltratando a miles de familias del campo».
Durante su intervención, Pedro Sánchez no ha hecho referencia alguna a las polémicas declaraciones de Garzón aunque se limitó a señalar que su Gobierno trabaja por los agricultores y ganaderos y puso como ejemplo la aprobación de la ley de la cadena alimentaria.
Alberto Garzón: «Mis declaraciones fueron impecables»
Por su parte, Alberto Garzón, en una entrevista que publica este domingo El Periódico de Cataluña, ha asegurado que no se ha sentido solo en la polémica por sus críticas al modelo de macrogranjas, que atribuye a un «bulo» promovido por el lobi cárnico e impulsado por las derechas, por lo que se muestra convencido de que acabará la legislatura como ministro de Consumo.
Además, considera «impecables» sus declaraciones a The Guardian en las que defendía la ganadería extensiva y criticaba el modelo de las macrogranjas, ya que «contaminan los suelos y contaminan el agua», causando un impacto ecológico «descomunal» y un «maltrato animal» y que luego exportan carne «de peor calidad».
Por su parte, el PP ha exigido la destitución de Garzón a raíz de estas declaraciones, que también han sido criticadas por dirigentes del PSOE, hasta el punto de que ministros socialistas han asegurado que se trataba de una «opinión personal».
«No me siento solo, sino en la línea de lo que hemos dictaminado que era este Gobierno progresista, en la lucha contra el cambio climático y para proteger a la ganadería extensiva. Y en ese mensaje yo me siento extraordinariamente cómodo. Yo soy una persona de convicciones y voy a seguir diciendo lo que creo, no lo pienso abordar desde otra perspectiva», afirma Garzón.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
