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Alemania organizará la Eurocopa 2024
El Comité Ejecutivo de la UEFA decidió que Alemania organice la Eurocopa 2024 durante la votación de este jueves en Nyon (Suiza), en la que el proyecto germano se impuso al presentado por Turquía, que sumó otro intento fallido.
Con su decisión, la UEFA confirmó la condición de favorito con la que partía Alemania, un país que antes de su unificación en 1990 ya acogió la competición en 1988 y que tiene también la experiencia de haber organizado dos Mundiales, en 1974 y 2006, además del femenino en 2011.
Turquía, igual que en tres ocasiones precedentes, se marchó de vacío pese al fuerte apoyo que su gobierno ha prestado al proyecto.
El presidente de la UEFA, el esloveno Aleksander Ceferin, anunció el nombre de Alemania como futuro organizador tras un «proceso de candidaturas transparente», culminado con «una votación democrática», hecha de forma secreta, en la que sólo puede haber un ganador.
«Son dos candidaturas muy fuertes, de dos países de fútbol peleando por la organización de la Eurocopa, pero solo uno puede hacerlo», dijo Ceferin poco antes de desvelar el resultado a favor de Alemania.
Berlín, Colonia, Dortmund, Duesseldorf, Fráncfort, Gelsenkirchen, Hamburgo, Leipzig, Stuttgart y Múnich son las sedes que tendrá Alemania, que cuenta con el campeón del mundo en 2014 Phlipp Lahm como embajador y que apuesta por unir el fútbol e impulsar la magia del fútbol.
Con el lema «Unidos por el fútbol en el corazón de Europa», el proyecto ganador de Alemania ya fue considerado por la comisión de evaluación de la UEFA como de «alta calidad y cumplidor de la expectativas generales en aspectos políticos, sociales, de sostenibilidad y derechos humanos».
«La Federación de Alemania y las ciudades sede se han comprometido a aplicar un plan de acción en apoyo a los derechos humanos y un sistema para remediar cualquier violación de éstos relacionada con el torneo», señaló el informe hecho público hace una semana.
Éste afirmó que «la falta de un plan de acción de Turquía en el área de derechos humanos era materia de preocupación», así como los plazos de ejecución de obras en tres de sus diez estadios.
También las infraestructuras germanas y su decena de campos, «todos operativos», fueron considerados de «buen nivel», así como de las tres zonas para aficionados previstas en cada uno de ellos y de su fácil accesibilidad a pie o en transporte público.
Otros puntos destacados a favor de Alemania fueron las garantías aportadas para prevenir la reventa y ofrecer «la mejor opción» para la estructura del comité organizador, «desde un punto de vista legal y organizativo» fueron otros de los aspectos .
La candidatura alemana en su dossier y en su presentación garantiza un flujo de ingresos estable para la UEFA, con estadios llenos, paquetes de hospitalidad de alto nivel y excelentes relaciones comerciales con marcas de primer orden mundial.
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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy
zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.
La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.
Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.
También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.
Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.
En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.
La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).
Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.
Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.
