España
ALERTA NACIONAL LO ANUNCIÓ HACE MÁS DE TRES AÑOS: Una investigación concluye que el Covid se ensambló en un laboratorio utilizando métodos comunes
Que miles de millones de personas se hayan visto obligadas durante años a creer que el virus que ha cambiado el mundo para siempre tenía un origen natural, una zoonosis azarosa pasando de un murciélago o un pangolín a un comensal chino de gustos exóticos, todo sometido a una férrea censura de opiniones en contrario, quizá sea la mayor «operación psicológica» que se haya aplicado a la humanidad entera.
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Lo explicó en términos humorísticos uno de los progres más seguidos de la televisión norteamericana, de opiniones siempre impecablemente «woke», Jon Stewart: si aparece súbitamente un nuevo coronavirus en la ciudad que alberga uno de los poquísimos y más avanzados laboratorios del mundo especializados en experimentos con coronavirus, es que procede del laboratorio en cuestión.
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El paso de un virus de una especie a otra es una circunstancia rarísima (o tendríamos una pandemia cada mes), y creer que se ha dado con un coronavirus nuevo justo en la misma ciudad que presume de uno de los más avanzados laboratorios de experimentación en coronavirus es sencillamente demencial.
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¿Qué probabilidad habría de que se hubiera dado tal coincidencia? Menor de una entre cien millones, según un nuevo estudio publicado por bioRxiv y titulado La huella de la endonucleasa indica un origen sintético del SARS-CoV2.
A diferencia de estudios anteriores, que analizaban aspectos cualitativos como las características del virus, la reciente investigación evalúa por primera vez la probabilidad de un origen de laboratorio sobre una base cuantitativa. Esta metodología innovadora permite a los autores presentar hallazgos objetivos que parecen superar cualquier estudio previo.
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Lo interesante del nuevo estudio es que no se basa en ninguna de las pruebas ya conocidas que apuntan hacia un origen de laboratorio del virus SARS-CoV-2 . Por ejemplo, no tiene en cuenta el sitio de escisión de furina altamente inusual que hace que el virus sea particularmente virulento y que con toda probabilidad se insertó deliberadamente en el virus en el Instituto de Virología de Wuhan. Tampoco tiene en cuenta la gran coincidencia de que la pandemia comenzó a las puertas mismas del principal laboratorio de coronavirus del mundo.
En cambio, los autores —Valentin Bruttel, inmunólogo molecular de la Universidad de Würzburg en Alemania; Alex Washburne, biólogo matemático de Selva Science; y Antonius VanDongen, farmacólogo de la Universidad Duke-, adoptaron un enfoque novedoso que evalúa la génesis del virus SARS-CoV-2 desde un ángulo completamente nuevo. Los autores examinaron las diminutas «huellas dactilares» que quedan en el proceso de ensamblaje de los virus en los laboratorios. Si bien el uso de técnicas de ingeniería genética sin fisuras para crear virus en laboratorios generalmente oculta evidencia de manipulación, el nuevo estudio desarrolló un proceso estadístico para descubrir dicha evidencia oculta al comparar la distribución de ciertas cadenas de código genético en virus salvajes y virus creados en laboratorio.
Bruttel, Washburne y VanDongen estiman que las probabilidades de que el virus SARS-CoV-2 surja naturalmente se encuentran entre 1 en 100 y 1 en 1400. Sin embargo, esta estimación solo tiene en cuenta la distribución de los sitios de corte. Los autores también observaron una concentración de mutaciones dentro de los sitios de corte que era «extremadamente improbable en los coronavirus salvajes y casi universal en los virus sintéticos». La estimación se reduce a una probabilidad de 1 en 100 millones de que el SARS-CoV-2 sea un virus natural si se tienen en cuenta estas mutaciones. Al considerar criterios adicionales, como el hecho de que los «extremos adhesivos» donde los virus están «pegados». Cuando todos juntos encajan perfectamente, los autores estiman que las probabilidades de un origen natural son aún más bajas.
Los autores concluyen que el SARS-CoV-2 se ensambló en un laboratorio utilizando métodos comunes para ensamblar virus. Los autores no especulan sobre de qué laboratorio escapó el virus.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
