España
¡OJO! El Gobierno no se cierra a la cosoberanía de Ceuta y Melilla con Marruecos y dispara el malestar en el CNI. ¿Lo siguiente? LAS ISLAS CANARIAS
Hasta ahora parecía una quimera. Pero a medida que avanzan las relaciones diplomáticas con Marruecos, son cada vez más los que deslizan que el Gobierno ha puesto sobre la mesa la idea de que la soberanía de Ceuta y Melilla podría compartirse con el país vecino. Desde el Ejecutivo lo niegan. Y las fuentes del Gobierno consultadas insisten en que es algo que el POE no se ha planteado. No a corto plazo, al menos. El problema es que en el CNI y otros sectores de la policía aseguran cada vez con más fuerza que la cosoberanía de Ceuta y Melilla con Marruecos se ha puesto encima de la mesa en más de una ocasión. Los hay que aseguran que ya se ha firmado un pacto para llevarlo a cabo, pero los más prudentes solo aseguran que para el Gobierno siempre ha sido una posible moneda de cambio de la que disponer si merece la pena.
Para Marruecos, Ceuta y Melilla es uno de los problemas territoriales más importantes después del Sáhara Occidental. Que el presidente del Gobierno mandara una carta al rey de Marruecos para reconocer la soberanía del país africano sobre la antigua colonia fue una forma, según fuentes consultadas, de rebajar la presión que pesaba sobre las ciudades autónomas. Aún así, Marruecos no renuncia a estas ciudades españoles y ya hace meses que se ha dedicado a levantar infraestructuras importantes alrededor de Ceuta y Melilla para, según estas fuentes, preparar el terreno para ese escenario de cosoberanía. Para Marruecos, las demandas sobre Gibraltar son un precedente válido para presionar al Gobierno. Y los socialistas tienen claro que, como poco, poner sobre la mesa esta posibilidad es una moneda de cambio más que importante.
En el Centro Nacional de Inteligencia no son ajenos a esta idea. Cada vez circula con más fuerza la idea de que el Gobierno de Pedro Sánchez no ha dejado de lado esta moneda de cambio. Los más aventurados aseguran que será en 2030 cuando se empiece a plantear ese cambio sustancial. Pero sobre todo entienden que se ha reavivado esta idea por la necesidad imperiosa del Gobierno de mantener una fluida relación con Marruecos por cuestiones de abastecimiento energético. Reconocer la soberanía sobre el Sáhara Occidental fue el primer paso. Pero abrirse a hablar de la cosoberanía de las ciudades autónomas también fue clave para que Marruecos se plegara a las exigencias de España.
MARRUECOS HABÍA ACELERADO LA CONSTRUCCIÓN DE INFRAESTRUCTURAS EN TORNO A LAS CIUDADES AUTÓNOMAS
Otras fuentes aseguran que el reconocimiento de la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental fue un modo de rebajar la presión que el país africano ejercía sobre Ceuta y Melilla. Desde hacía meses, Marruecos había acelerado la construcción de infraestructuras en torno a las ciudades autónomas, algo que tanto desde el Ministerio del Interior como desde el CNI vieron como una potencial amenaza. Esto, unido al aviso de Marruecos en forma de abrir la llave del grifo migratorio tanto en Ceuta como en Melilla habría empujado al Ejecutivo, según las fuentes, a tirar la pelota al tejado del Sáhara con tal de librar a estas ciudades de la presión marroquí.
En cualquiera de los dos escenarios, lo cierto es que el CNI, las fuentes policiales e incluso desde el Ministerio del Interior aseguran que el Gobierno no se ha negado a hablar de cosoberanía en Ceuta y Melilla. Lo ha hecho con un horizonte relativamente corto, con vistas a 2030, y lo ha hecho en consonancia con la estrategia seguida para negociar con los independentistas. Los de Gabriel Rufián querían hablar de referéndum de autodeterminación en las negociaciones y Marruecos no quería vetos a la hora de hablar de cosoberanía en estas ciudades españolas que consideran suyas. Y el Gobierno ha seguido su estrategia: no poner límites ni líneas rojas a las conversaciones.
Es tal el enfado tanto en el CNI como en algunos sectores de la policía que el Gobierno ha perdido sustanciales apoyos en instituciones clave. Para los servicios secretos españoles, la cuestión del Sáhara Occidental (en su gran mayoría) es un tema sensible que no han visto con buenos ojos. Que el Gobierno cediera ante la presión de Marruecos y reconociera la soberanía de Mohammed VI sobre el Sáhara Occidental generó un profundo malestar en el Centro Nacional de Inteligencia. Ni que decir tiene que el poner sobre la mesa la cosoberanía de Ceuta y Melilla, aunque sea solo como un punto más a tratar a largo plazo, ha disparado este malestar en el CNI.
Al menos, la parte positiva para el Gobierno de todo este plan es que Marruecos se «comprometería» a defender la misma fórmula con Gibraltar. Es un flaco favor, pero lo cierto es que esto sí se ha puesto sobre la mesa por parte del país vecino. Habría que esperar entonces el turno de las Islas Canarias, pero esto es un reto para más adelante.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
