Sociedad
Almudena Grandes era una alumna aventajada de Margarita -La Puta- Nelken, porque las dos odiaban a las mujeres que no pensaban como ellas. Así se vende el PP. Una vez más
El alcalde de Madrid y cuatro concejales, que han dejado de ser del partido Más Madrid para seguir siendo igual de comunistas que antes, han estado mercadeando con el nombramiento de hija predilecta de Madrid de Almudena Grandes. Y la izquierda ha conseguido su propósito sin gran dificultad, porque después de tantos años es de sobra conocido por donde derrota el Partido Popular.
Lo mismo que para su buen funcionamiento en las comisarías, según dicen, hay un policía bueno y otro malo, en nuestro sistema político la derecha ha cedido el control de las ideas a la izquierda, a cambio de ser ellos los que administren la economía.
Y como dicho tan a las claras semejante reparto queda poco presentable, la derecha política engatusa a la derecha social, y esta se deja engatusar con gran facilidad y sumo gusto, con el mensaje de que primero hay que arreglar las cuentas, para ocuparse de los principios doctrinales en un futuro…, que nunca llega.
La derecha ha cedido el control de las ideas a la izquierda, a cambio de ser ellos los que administren la economía
Así las cosas, el alcalde de Madrid nos ha vendido la operación como un gran sacrificio que ha tenido que hacer contra su voluntad, porque según ha manifestado en los medios de comunicación, él no está de acuerdo en que Almudena Grandes sea nombrada hija predilecta de Madrid.
Y entonces…, si no está de acuerdo, ¿por qué va a nombrar a la columnista de El País, recientemente fallecida, hija predilecta de Madrid? Pues en la respuesta se comprende lo del gran sacrificio del alcalde. Almeida ha aceptado ese sumo sacrificio de llevar la contraria a su beatífica voluntad, para de ese modo hacer un gran favor, no así mismo, por supuesto, sino a todos los madrileños, porque dice que en los presupuestos que le han aprobado los comunistas nos va a bajar los impuestos de tal modo, que de esta salimos de pobres.
Esta estrategia la ha utilizado el PP desde su origen. No recuerdo la fecha exacta, pero sé que fue muy al principio. Todo empezó cuando un “católico moderadito” del PP proclamó la compatibilidad de ser liberal centro reformista y defensor del humanismo cristiano, gracias a que había descubierto las inmensas posibilidades del “mal menor”.
En el PP todo empezó cuando un “católico moderadito” del PP proclamó la compatibilidad de ser liberal centro reformista y defensor del humanismo cristiano, gracias a que había descubierto las inmensas posibilidades del “mal menor”
Porque admitirán conmigo que hay que ser muy radical para no reconocer la sublime moralidad del “mal menor”, y además de radical también hay que ser muy tonto para no aprovecharse de tan magnífica herramienta multiusos, que permite justificar hasta lo del puticlub de don Conegundo, otro «católico moderadito», que justificó la titularidad de este negocio con el siguiente argumento: como en este pueblo de todos modos se iba a instalar un puticlub, se tuvo que luchar para conseguir que el dueño del puticlub fuese católico, para que de este modo el establecimiento cerrase los domingos y fiestas de guardar.
Gran verdad la del dicho popular que afirma que unos tienen la fama y otros cardan la lana. Sin duda, los medios de comunicación de la izquierda, y algunos de la derecha para hacerse perdonar, han elevado sobre el pedestal de la fama a Almudena Grandes, como a pocas. Pero más discutible es que las futuras historias de la Literatura reconozcan su estilo como el propio de una prestigiosa cardadora de lana.
Porque me reconocerán, queridos lectores, que estoy en mi derecho de preguntarme si Almudena Grandes, de haber militado en Falange como su hija, hubiera tenido abiertas las puertas de las editoriales para publicar sus libros y los críticos le hubieran dedicado los mismos piropos a su estilo literario…
Por su condición de feminista, Almudena Grandes se sintió con derecho a blasfemar contra esa gran santa carmelita que es la Madre Maravillas de Jesús
Reconozcamos las cosas como son. En el empeño de la izquierda en aupar a Almudena Grandes como hija predilecta de Madrid hay más interés ideológico que literario. Y todo porque la figura de Almudena Grandes la quieren levantar como bandera del feminismo, que siguiendo los criterios de Margarita Nelken (1894-1968) clasificaba a la mitad de la Humanidad en dos categorías: mujeres y hembras.
Por su condición de feminista, Almudena Grandes se sintió con derecho a blasfemar contra esa gran santa carmelita que es la Madre Maravillas de Jesús (1891-1974). Y lo hizo desde las páginas de El País de la manera más grosera, al arrojar la virginidad consagrada de la monja carmelita en las manos de sudorosos milicianos para que la manosearon, solicitando que la “desbeatificaran”, y no la acabó mandando al infierno ante la posibilidad de tenerla por compañera durante toda la eternidad.
Margarita Nelken acabó mal en el PSOE y se afilió al Partido Comunista, del que pocos años después fue expulsada. El anarquista, Juan García Oliver (1901-1980), que fue ministro de Justicia durante la Guerra Civil, confiesa en su libro El eco de los pasos que Margarita Nelken había “equivocado el camino al tomar el de la acción terrorista irresponsable, que empezó, según me contara ella misma, en la matanza de los presos derechistas detenidos en la cárcel Modelo de Madrid y prosiguió en aquellas noches de espanto luchando a su manera contra el bandolerismo sangriento de la quinta columna”.
Así se entiende que con este currículum el Frente Popular que en la actualidad gobierna en España la está rehabilitando y que la Secretaría de Formación del PSOE haya organizado una conferencia para ensalzar su figura, en la que Rafael Simancas presenta a la exministra Carmen Montón, que en los ratos libres que le ha dejado su dedicación a la Medicina y a la política se ha converetido en una experta biógrafa de Margarita Nelken.
Por lo que Almudena Grandes escribió contra Santa Maravillas de Jesús, puede ser considerada como una alumna aventajada de Margarita Nelken, porque las dos odiaban a las mujeres que no pensaban como ellas, odio que se transformaba en aversión si además eran católicas, y para que te cuento si además de católicas habían profesado en un convento.
Margarita Nelken, en las páginas del periódico socialista Claridad, estableció una clasificación en la que despojaba de la condición de mujer a las que no pensaban como ella. Lo hizo en un famoso artículo titulado “Las hembras de los señoritos”, en su edición del día 28 de agosto de 1936. Con total desprecio se refería a la mujeres católicas católicas en los siguientes términos:
“Allí las tenéis, en los atardeceres sevillanos, paseando con algazara por calle de Tetuán con sus estampitas del sagrado corazón (sic, con minúscula, con sectaria ortografía) y sus lacitos bicolores al pecho. Se dicen católicas y monárquicas. Vitorean a España y a Cristo Rey, y en su representación máxima, al ex general Queipo de Llano. Porque la máxima representación de su España y de su religión es un oficial traidor, sádico y borracho.
Allí las tenéis. Van a esperar a sus hombres, los señoritos sevillanos, de regreso de cacería. La caza del campesino, del obrero, del hombre de izquierdas. La caza de todo el que significa un peligro para sus privilegios y su holganza, de todo aquel cuya vida limpia, honesta, dedicada al trabajo y entrega a un ideal, es una injuria a sus existencias miserables de parásitos (…).
Margarita Nelken inició su trayectoria terrorista con los asesinatos de la cárcel Modelo de Madrid. Como sería lo que allí sucedió, que hizo exclamar a Indalecio Prieto: “La brutalidad de lo que aquí acaba de ocurrir significa, nada menos, que con esto hemos perdido la guerra”
Crucifijos entre los senos desnudos de las cupletistas de baja estofa y de los senos a medio descubrir —más picardía en el acicalarse— de las ilustres damas y damitas. El inri era el mismo. Ahora ya pueden, a sus anchas, y sin necesidad de recurrir al escarnio de un símbolo religioso, dar rienda suelta a su entusiasmo de hembras por los señoritos borrachos y vesánicos. Para expansionarse con toda tranquilidad tienen las pastorales de sus prelados trabucaires y los discursos desenfrenados de su general. También tienen, para recrudecer sus ardores, los desfiles y desmanes de sus legionarios y de sus rifeños. Cuando la exposición de Sevilla hubo moro, empleado en algún cafetín típico, que según la frase corriente no lograba dar abasto; ahora hay moros y legionarios bastantes para contentarlas a todas”.
Margarita Nelken publicó esté artículo pocos días después de los asesinatos de la cárcel Modelo de Madrid, con los que había iniciado su trayectoria terrorista, según cuenta García Oliver. Y como sería lo que allí sucedió, cuando poco después fue a la cárcel el socialista Indalecio Prieto, y ante semejante espectáculo pronunció esta sentencia: “La brutalidad de lo que aquí acaba de ocurrir significa, nada menos, que con esto hemos perdido la guerra”.
Por todo lo expuesto hasta aquí, resulta lógico que después haber descrito como despojos de mujer a esos seres humanos, a las que Margarita Nelken llamaba hembras, acabara su artículo solicitando su extermino con estas palabras:
“Ya falta menos. Cuando llegue el momento no faltarán, de seguro, gentes sencillas, gentes todavía liberales, para implorar piedad para las mujeres. Ese día habrá que establecer la diferencia —rotunda, infranqueable— entre las mujeres y las hembras; entre las compañeras y madres de los hombres y las jaleadoras de los señoritos (…). ¿Venganza? ¿Represalias? No digas cosas absurdas camarada, [que] todavía eres liberal. A las alimañas se las aplasta por eso: porque son alimañas. Y a las fieras dañinas para el hombre, el hombre consciente debe suprimirlas para salvaguardia de la humanidad.
Allí las tenéis, camaradas. Allí habréis de encontrarlas”.
Javier Paredes
Catedrático emérito de Historia Contemporánea de la Universidad de Alcalá.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
