Sociedad
‘Alt News’ analiza el escándalo de los menores explotados sexualmente estando bajo la tutela del Consell de Mallorca
El escándalo de los menores explotados sexualmente estando bajo la tutela del Consell de Mallorca ha sido uno de los temas de debate en «Alt News» (Radio Cadena Española) después de que la mayoría que gobierna en aquella provincia -PSOE, Podemos y Mes-, se negara ayer a abrir una comisión de investigación al respecto.
«¿Qué interés pede tener tener el ‘jorobado de Galapagar’ en que no se investigue la verdad sobre los menores explotados sexualmente?», se preguntó Armando Robles, colaborador del espacio conducido y dirigido por Santiago Fontenla.
Es difícil explicar por qué los socialistas de Francina Armengoll, Podemos y los nacionalistas de Mes, están empeñados en no dar explicaciones sobre el escándalo de las menores tuteladas en varios centros que dependen de los consells insulares de Mallorca y Menorca que han sido inducidas a la prostitución. A la responsabilidad que tiene la Administración regional en la tutela efectiva de esas jóvenes se suma la incoherencia de un Gobierno al que se le llena la boca con la protección de los menores y de las mujeres, que abandera la lucha contra la explotación sexual y después mira para otro lado en un caso que ya afecta a dieciséis personas, tal como ha reconocido el Instituto Mallorquín de Asuntos Sociales.
Lo ocurrido ayer en el parlamento balear con la negativa del tripartito de izquierdas a la creación de una comisión de investigación para que se aclaren y depuren las responsabilidades, es lo contrario de una política eficaz contra la explotación sexual. Es necesario que se investigue este caso hasta el final y se esclarezca lo que ha ocurrido con esas niñas explotadas, para depurar las responsabilidades de quienes no han cumplido con su trabajo de proteger a las menores. Pero hay también una responsabilidad política que debe ser depurada. El silencio del gobierno de Baleares no hace más que levantar sospechas sobre un asunto que asquea, pero también ha sido llamativa la reacción del vicepresidente Iglesias al ser interpelado sobre el asunto. Su actitud elusiva y faltona hacia la oposición sorprende en quien se supone que encarna la quintaesencia de las políticas sociales del gobierno de Sánchez.
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España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
