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‘Alt News’ celebra la victoria de Trump: «Ha ganado la América del country y no la del rap»

Euforia por todo lo alto en el programa ‘Alt News’, de Radio Cadena Española, tras la absolución de Donald Trump, este miércoles por el Senado, de los cargos de abuso de poder y obstrucción al Congreso en el juicio político contra él por presiones a Ucrania.
‘Alt News’ da por descontada la victoria de Donald Trump en las elecciones de noviembre: «No va a ganar, va a arrollar a los demócratas, que por otra parte ya le han hecho la campaña. Los resultados económicos de su gestión son espectaculares».
Durante el programa conducido y dirigido por Santiago Fontenla, el director de AD, Armando Robles, abogó por la ilegalización de todas las organizaciones izquierdistas estadounidenses. Reproducimos su intervención:
«La mafia satánico-globalista quiere acabar con Trump por lo civil o lo criminal. Con ejemplar cinismo han pretendido los demócratas destituir a Trump por un quítame allá esas pajas. El contenido tergiversado de una conversación telefónica de Trump con su homólogo ucraniano ha servido a la mafia globalista a las órdenes de Soros para justificar la activación del «impeachment’. Antes de Trump, Estados Unidos tuvo que convivir con presidentes que mintieron al Senado, que provocaron guerras para salvaguardar los intereses económicos de la élite, que ordenaron bombardear países como Libia para opacar escándalos sexuales, que promovieron golpes de estado y guerras civiles en países del continente, que crearon y armaron a grupos terroristas como el ISIS, que recibieron millonarios fondos de quienes aspiran a imponer el plan satánico de los globalistas…Ahora nos quieren hacer creer que Trump es el peor de todos ellos. Un peligro para el mundo.
Mal deben irle las cosas a la mafia globalista cuando deben precipitar tanto los acontecimientos para mantener su poderío.
Los norteamericanos que hicieron grande a esa nación deberán espabilar y ayudar a su presidente con la determinación de los viejos cow boys. Frente a este desafío sin precedentes, Trump debe parapetarse en sus millones de partidarios para salvar la democracia americana de la mafia satánico-globalista. Debe ordenar la detención de George Soros por conspirar contra el presidente y promover la ilegalización de todas las organizaciones de izquierdas del país. En juego, nada menos que la supervivencia de una civilización que no la hicieron los afroamericanos, ni los asiáticos, ni los LGTB, ni los llegados desde el sur de Río Grande, ni los lobbis sionistas. La América hecha a sí mismo en las antípodas de la ‘harlemizada’ sociedad progre norteamericana. El Mayflower de frente a la nave mundialista. El general Lee contra Malcolm X. El country frente al rap. Mark Twain versus Michael Moore. David Duke en pugna con George Soros. El Medio Oeste salpicado de iglesias en contraste con Wall Street salpicado de logias. La Cruz sureña en el anverso de la bandera del arcoíris. La Biblia frente al vacío. Donald Trump plantando batalla al Mal.Todos con Donal Trump».
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Los dos minutos de odio. Por Diego Fusaro

Quienes hayan leído 1984 de George Orwell (una lectura muy recomendable siempre, y más aún en nuestra época tan orwelliana), recordarán sin duda la emblemática figura de Emmanuel Goldstein.
Él es el principal enemigo del Partido que gobierna Oceanía.
Debido a su oposición al Gran Hermano, todos los días, a partir de las 11:00, en todas las oficinas y lugares públicos, se celebran manifestaciones de histeria colectiva contra él: los «dos minutos de odio», como los califica la obra maestra de Orwell. Las masas hipnotizadas por la propaganda del Gran Hermano suspenden toda actividad para manifestar histéricamente su odio hacia Emmanuel Goldstein, del que no saben nada más que lo que el partido les dice a diario sobre él, presentándolo precisamente como el enemigo por excelencia, como la amenaza que pone en peligro la paz de su mundo.
También en este caso, como en muchos otros, la fantasía distópica de Orwell parece superada con creces por nuestro presente completamente distópico. También el Occidente actual, rectius uccidente, tiene su Emmanuel Goldstein, que sin embargo se llama Vladimir Putin.
A todas horas, la radio, la televisión y los periódicos de la civilización falsamente democrática del Gran Hermano repiten propagandísticamente que él es el enemigo, el peligro máximo, la amenaza suprema para el paraíso occidental Y las masas tecnonarcotizadas y teledependientes se prestan con estúpida euforia a esta representación de histeria colectiva, exhibiéndose en otras tantas variaciones tragicómicas de los dos minutos de odio de la memoria orwelliana.
Es una práctica antigua y probada del poder hacer creer que la contradicción y el enemigo están al otro lado del muro, en el espacio exterior con respecto a la sociedad totalmente administrada por el propio poder: de este modo, desviando siempre la mirada de las contradicciones internas de nuestra sociedad, se produce una unificación ficticia del interior, llamado a cooperar en función de la resistencia al enemigo exterior, del que tal vez, como hoy (pero lo mismo vale para Emmanuel Goldstein), se dice que está listo para invadir nuestra civilización.
Al igual que en la novela de Orwell, siempre hay un Emmanuel Goldstein detrás de cada contradicción, detrás de cada distorsión, detrás de cada mal, y lo mismo ocurre hoy en día en el orden discursivo dominante, que siempre y de nuevo señala a Putin —el nuevo Emmanuel Goldstein— como responsable de todos los males.
¿Alguien se atreve a discrepar de la Unión Europea de la vestal de los mercados apátridas Ursula von der Leyen?
Debe haber detrás la longa manus de Putin. ¿Alguien se atreve a criticar las políticas imperialistas de las barras y estrellas? Debe ser un agente secreto enviado por Putin a Occidente. ¿Alguien se atreve a cuestionar los equilibrios de la globalización neoliberal, cada vez más asimétrica? Por necesidad, es un infiltrado solapado de la Rusia de Putin. Releer a Orwell puede ser realmente beneficioso para un despertar colectivo del hechizo hipnótico de la sociedad del espectáculo y la manipulación milimétrica de las conciencias.
Apaguen la radio y la televisión, lean a Orwell. Quien se lo sugiere es, por supuesto, un espía enviado por Emmanuel Goldstein…
Por Diego Fusaro






