Opinión
Ante la amenaza a la libertad. Por Santiago ABASCAL, Presidente de VOX

En las últimas semanas se ha puesto de manifiesto lo que venimos denunciando de manera reiterada en la tribuna del Congreso de los Diputados, en el Parlamento Europeo y en todos aquellos espacios públicos en los que hemos tenido oportunidad. Aún así, nos ha sorprendido la prepotencia e impunidad con la que las grandes corporaciones tecnológicas han censurado al presidente de Estados Unidos. Han llegado a eliminar un vídeo en el que Donald Trump condenaba la violencia y hacía un llamamiento a la paz y a la convivencia. Este hecho supone una grave vulneración de la libertad de expresión, un ataque inaudito a los derechos fundamentales y al concepto de libertad de las democracias occidentales.
No podemos permitir que las corporaciones se crean que están por encima de nuestra soberanía o de nuestra legislación
Si el presidente de la primera potencia del mundo es censurado por Twitter, Facebook, Amazon, YouTube, Google o Apple, ¿qué no le harán a un español de a pie o a cualquier ciudadano de otra nación? La situación es tan grave, que incluso Angela Merkel, que no ha simpatizado nunca con Trump, transmitió su preocupación por un acto que atenta contra la propia soberanía de las naciones. Pero no ha sido la única. También ha sido críticos con la red social Thierry Breton, comisario europeo de Mercado Interior, y Bruno Le Maire, ministro de Economía de la República Francesa, quien ha llegado a afirmar que la regulación de las corporaciones digitales “no puede ser realizada por la propia oligarquía digital”.
Y no le falta razón a ninguno en sus denuncias, porque lo que está en juego trasciende los colores políticos o las ideologías. No podemos permitir que las corporaciones se crean que están por encima de nuestra soberanía o de nuestra legislación. Menos aún que actúen como empresas editoras, porque no lo son ni querrían nunca regirse por la fiscalidad que padecen las editoras. Porque sobre este tema, la fiscalidad de este tipo de multinacionales, habrá que hablar en profundidad en otro momento. Su principal capital son los datos de sus usuarios, de la información que obtienen de ellos y con la que comercian. Deben entender que esos usuarios son ciudadanos con derechos y libertades, y que tienen gobiernos que tienen la obligación de defender esos derechos y esas libertades. Debemos afrontar sin demora la protección de la soberanía personal de los datos y de la soberanía nacional de los datos. Los gobiernos y los organismos internacionales democráticos tienen el deber ineludible de velar por los derechos fundamentales de las personas. Y entre ellas la libertad de expresión.
Esta censura es (…) más escandalosa cuando se permiten las directrices y soflamas de tiranos y partidos totalitarios condenados
Debemos, por tanto, exigir a las grandes corporaciones digitales la absoluta neutralidad tecnológica. Hacer lo contrario es como poner en manos de las empresas armamentísticas la potestad de declarar las guerras. No podemos permitir que se comporten como censores globales pisoteando la soberanía de nuestras naciones. Internet, que nació como un nuevo ámbito de libertad y una alternativa a los medios tradicionales, no puede convertirse en un espacio uniforme donde no tiene cabida la discrepancia ni el derecho a disentir. Esta censura es más grave aún cuando se aplica a gobernantes elegidos democráticamente, y más escandalosa cuando se permiten las directrices y soflamas de tiranos y partidos totalitarios condenados en innumerables ocasiones por la comunidad internacional como es el caso de los líderes o gobiernos de Irán, China, Venezuela o Cuba.
VOX planteará (…) iniciativas para revertir los abusos del oligopolio tecnológico
Nuestras constituciones, nuestros derechos y nuestros jueces no pueden someterse al dictado de media docena de multimillonarios a los que nadie ha elegido. ¿Para qué somos convocados a las urnas si hay unas corporaciones que actúan como legisladoras de nuestras vidas y de nuestro pensamiento? Nos jugamos la libertad y la democracia. Nos jugamos nuestra soberanía. Las naciones que han construido con éxito estados de derecho, que amparan los derechos y libertades de los ciudadanos, deben actuar con urgencia y contundencia ante esta nueva amenaza. VOX planteará en todos los organismos donde los ciudadanos le han dado representación iniciativas para revertir los abusos del oligopolio tecnológico.
España
Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».
Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.
Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.
Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?
Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.
Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.
En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.
Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.
Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.
Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.
El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.
Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.






