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Sucesos

Ante los atentados terroristas islámicos, la mamporrería mediática reacciona: «¡El peligro es la islamofobia!»

Redacción

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«El peligro es la islamofobia»: así actúan los negacionistas del terrorismo islámico

Son más peligrosos quienes advierten del terrorismo islamista que los yihadistas que pasean machetes por España. Es peor caer en la islamofobia que entrar en una iglesia a matar curas a sangre fría. Sólo así es posible que el asesinato de un sacristán en Algeciras no suscite tanta indignación como la posibilidad de criminalizar a los musulmanes, esto es, revelar la nacionalidad y religión del criminal. Contar la verdad es delito de odio.

Porque, que maten al grito de «Alá es grande», ¿acaso demuestra que el terrorismo islámico tenga algo que ver con el islam? Relacionar ambos fenómenos está fuera de lugar, es racismo. Esos crímenes deben ser cosa de lobos solitarios que, vaya coincidencia, siempre actúan bajo el mismo patrón: matando al infiel. En Europa, a cristianos. 

A ese empeño, el de distorsionar la realidad, se entrega con entusiasmo la gigantesca brigada propagandística comprada por el poder repitiendo consignas que hablan de ‘stop islamofobia’, discursos de odio y otros tópicos de pegatina. Se trata de ir siempre al ataque, de no retroceder ni un centímetro incluso cuando los hechos contradicen su narrativa.

Claro que esto ya lo hemos visto antes. El manifiesto del movimiento 8-M en 2021, lejos de pedir perdón por salir a la calle el año anterior cuando el virus chino campaba a sus anchas, dio la vuelta a la película: «El feminismo es la cura: contágiate y propágalo. Vacúnate contra el machismo».

La repetición sistemática de mantras propicia que el bien y el mal dejen de ser conceptos objetivos, de modo que a un mismo hecho se le aplica un rasero diferente dependiendo de quien lo cometa. Así, la violencia islamista no tiene nada que ver con el islam, pero si un hombre mata a su mujer entonces es violencia con apellido, violencia machista. Las condenas públicas, minutos de silencio, alertas en medios, campañas de acoso a la justicia, pactos de Estado, leyes de género y hasta un ministerio con casi 600 millones de euros de presupuesto son las divisiones acorazadas que imponen el discurso único y amenazan al disidente. Cuestionar este tinglado es negacionismo.

La presión es tal que ha logrado colonizar a la oposición, ya indistinguible en términos ideológicos y semánticos del Gobierno. Si Sánchez se refirió a la víctima como «el sacristán fallecido en el terrible ataque de Algeciras», Feijóo habló de «ataques cometidos esta tarde en Algeciras». Ataques, obsérvese qué coincidencia, como eufemismo para evitar palabras clave como marroquí, inmigrante ilegal, terrorismo islamista, islam o yihadismo.

Lo mismo sucede en los medios de comunicación e incluso en los de la Iglesia. La mañana del jueves fue frenética y en COPE, donde ya criticaron medidas provida, Carlos Herrera trazaba las líneas rojas: «Marruecos es un aliado contra el yihadismo y los musulmanes no yihadistas son las primeras víctimas del yihadismo». Naturalmente que sí, si alguien tiene derecho a quejarse son ellos, los musulmanes, las verdaderas víctimas cuando los cristianos son pasados a cuchillo.

Como es habitual, la Conferencia Episcopal –su reino sí es de este mundo– no se ha salido del guion. Su secretario general y portavoz, César García Magán, ha dicho que «no podemos caer en provocaciones, no podemos echar leña al fuego, no podemos caer en demagogias y no podemos identificar el terrorismo con ninguna religión ni con ninguna fe». Estas palabras han merecido el aplauso de Ferreras, el monaguillo laico que nos hemos dado: «Qué bien ha reaccionado la conferencia episcopal». 

Telecinco entrevistó a un vecino de Algeciras que presenció el atentado. «No podemos mirar a otro lado y ser políticamente correctos con estas cosas, es que nos viene una tormenta gorda». Sus declaraciones incomodaron a Ana Rosa, que se desmarcó rápido: «Habría que pedir a las comunidades, a los políticos, que no alteren, que no provoquen con sus declaraciones enfrentamientos que no existen en este momento en la población». A su lado, un tertuliano remataba: «Todas las reacciones han sido las adecuadas excepto la del presidente de VOX».

Con el periodismo español no conviene usar la expresión no se puede caer más bajo. Susana Griso le soltó al párroco de la iglesia de nuestra Señora de la Palma, que acababa de salvar la vida de milagro, si quería «aprovechar para pedir a sus feligreses que no ataquen a personas creyentes de otra religión».

Por si escaseara la basura en Atresmedia, La Sexta se animó (¿quién dijo miedo?) a hacer un reportaje titulado «los cristianos también han matado en nombre de la religión: ¿cuáles han sido los casos más recientes?». En él, incluían a Anders Breivik, que asesinó a 77 personas en Noruega en 2011. Un pequeño detalle: Breivik no es católico, ni siquiera cristiano.

No podemos decir, de momento, que el martirio de Diego Valencia haya cambiado nuestro mundo. Será difícil con unas élites –las occidentales– que no mueven un dedo ante la sangre derramada por cristianos, ya sea en Oriente u Occidente. A quienes sí rechistan, sin embargo, son a Hungría y Polonia cuando reivindican las raíces cristianas de Europa. Aquí se retrata el burócrata, que prefiere talleres de iniciación sexual para nuestros hijos en los colegios antes que una secretaría de Estado –como tiene Hungría con Tristan Azbej– dedicada a ayudar a los cristianos perseguidos. 

Desconocemos si a estas horas del sábado podemos confirmar ya que se trata de un atentado yihadista, no convendría precipitarnos por más que el asesino gritara «Alá es grande» cuando hundió su machete en el cuerpo del sacristán gaditano.

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España

¡Al fin! VOX trata al PSOE Azul (Antiguo PP) como se merece y advierte: serán «el doble de exigentes» y acusa al PP de «patrocinar guerras sucias» contra Vox

AGENCIAS

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El líder de Vox reclama a los populares negociaciones «serias, sin prisas, con medidas concretas» y plazos y garantías de cumplimiento: «No son de fiar»

 

Santiago Abascal ha ofrecido este lunes una declaración ante los medios de comunicación en la que ha acusado al PP y al PSOE de atacar de forma «permanente» a Vox con «mentiras e insinuaciones» y en concreto a los populares de «patrocinar guerras sucias» contra su formación. Y ha advertido a Alberto Núñez Feijóo de que en las negociaciones, que ahora parece que han quedado en stand by, después de la investidura fallida de María Guardiola y la falta de acuerdo en Aragón para la Mesa de las Cortes, Vox será «el doble de exigente» porque en las urnas los ciudadanos han pedido el doble de Vox.«Después de este maratón de elecciones,(…) podemos concluir que Feijóo ha cometido un grave error impidiendo que se llegasen a acuerdos con Vox tanto en Aragón como en Extremadura que fuesen parecidos a los del PP de la Comunidad Valenciana», ha sostenido Abascal. «Si el PP convocó esas elecciones para no aceptar las exigencias de vox y los extremeños y aragoneses han dicho que quieren el doble de exigencias, nosotros vamos ser el doble de exigentes», ha asegurado.Según ha expresado el líder de Vox, hay un «Gobierno criminal» enfrente y mientras un PP al que ve «absolutamente incapaz» de romper con Pedro Sánchez y de presentar una moción de censura contra él. Y cree que ambos están empeñados en «acabar» con su partido. «Son incapaces de debatir con nosotros sobre los problemas reales de las políticas que han aprobado desde hace décadas y que han impulsado desde Bruselas», ha criticado.

En este contexto ha indicado que es «muy difícil» entablar conversaciones para que haya un acuerdo con el PP y ha reclamado a los populares entablar «negociaciones serias, sin prisas, con medidas concretas» asociadas a presupuestos para poder acometerlas y con plazos y garantías de cumplimiento. «No son de fiar», cree Santiago Abascal.El líder de Vox ha hecho estas declaraciones desde el Parador de Gredos, tras una reunión con el Comité Ejecutivo Nacional, el Comité de Acción Política, los portavoces nacionales y los portavoces autonómicos.Una reunión que se produce a pocos días de las elecciones de Castilla y León, donde a partir de la semana que viene todo apunta a que tendrán que sentarse a hablar con el PP, y tras unos días de tensión a nivel interno, con la reciente expulsión definitiva de Javier Ortega Smith del partido y la apertura de expediente disciplinario a José Ángel Antelo. Ortega Smith este mismo lunes ha anunciado una denuncia contra la Ejecutiva de Vox por la «filtración» de su expediente de expulsión, y recursos contra su expulsión. Y Antelo ha pasado al grupo mixto en la Asamblea de Murcia.Abascal no ha aludido a ninguno de los dos, ya se pronunció al respecto la semana pasada y zanjó: «Nadie está obligado a estar en Vox. Quienes están en Vox están obligados a respetar las normas internas de Vox, sea el presidente o el último afiliado, y eso va a seguir siendo así».Respecto a las «mentiras, demonización y guerra sucia» contra su partido que achaca a Ferraz y a Génova, ha instado al PSOE y al PP a que «pierdan toda esperanza de destruirnos o de pararnos». «Tenemos el apoyo creciente del pueblo español».

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