Internacional
¡Aplaudan a los progres! Hillary Clinton respalda el proyecto de ley de censura global porque ‘refuerza la democracia’
DICE QUE LAS PLATAFORMAS TECNOLÓGICAS HAN AMPLIFICADO LA DESINFORMACIÓN.
El escándalo de los correos de Hillary Clinton fue devotamente silenciado por los grandes medios.
Hoy, la exsecretaria de Estado y fallida candidata a la presidencia debería mantenerse juiciosamente alejada de las redes, pero parece que su instinto totalitario es más fuerte en ella que la prudencia o el pudor. El caso es que la «inevitable» respalda un nuevo proyecto de ley de censura global que cambiaría radicalmente Internet.
Se trata de un oscuro proyecto conocido como Ley de Servicios Digitales que está ganando terreno en la Unión Europea.
“Durante demasiado tiempo, las plataformas tecnológicas han amplificado la desinformación y el extremismo impunemente”, tuiteó Clinton. «La UE está preparada para hacer algo al respecto. Insto a nuestros aliados transatlánticos a impulsar la Ley de Servicios Digitales hasta el final y reforzar la democracia mundial antes de que sea demasiado tarde”.
Cabe señalar que Hillary Clinton alegó falsamente la colusión entre Trump y Rusia, lo que llevó a la vigilancia ilegal de una campaña presidencial y al sabotaje de la presidencia de Trump durante años. Uno de sus tuits también está en la mira de John Durham, el fiscal especial encargado de investigar los orígenes de la investigación sobre Rusia.
«El abogado demócrata de seguridad cibernética acusado de ocultar su trabajo para la campaña de Clinton al FBI no quiere que el fiscal especial John Durham pueda usar el tuit de Hillary Clinton que promociona las afirmaciones de colusión entre Trump y Rusia que él estaba promoviendo como prueba en el juicio», informó el Washington Examiner el martes.
Así, la campaña presidencial de Hillary Clinton pagó a una empresa de tecnología vinculada a investigadores universitarios para espiar las comunicaciones privadas y de campaña del entonces candidato Donald Trump. El abogado especial Durham destacó estos hallazgos en una moción para investigar los posibles conflictos de intereses con el abogado Michael Sussmann, quien había trabajado para la campaña de Hillary.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
