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Argumentario contra los estereotipos sobre Vox que promueve la mafia progresista y que la derecha consiente

Redacción

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AN. ¿Por qué carece la derecha española de la imaginación suficiente para refutar todos y cada uno de los mantras de la izquierda? Con respecto a Vox se cuentan por cientos. En estos tiempos de reduccionismo intelectual, la izquierda es experta en estereotipar a sus rivales políticos en el imaginario callejero. Dada la incapacidad de la derecha de oponer batalla ideológica a la izquierda, esta ha logrado que determinados estigmas sean indelebles. Es esta democracia tan moderna, para un amplio sector de la opinión, es preferible que te condenen por saquear el dinero de los parados andaluces que ser exhibido como un ultraderechista. O como alguien que pacta con ellos, aunque no sea verdad. Si criticas una ley de ingeniería social del Sistema eres un machista, un facha, un homófobo, un xenófobo, alguien que odia a las mujeres y que merece pudrirse en la cárcel.

¿Cuál es la naturaleza de esta incapacidad de la derecha para imponerse argumentalmente a la izquierda, con su zurrón ideológico repleto de trampas y mentiras?

Exponemos un catálogo de respuestas a los anatemas sobre Vox que la mafia progresista pretende instalar en la psique colectiva y que, sorprendentemente, no tienen apenas refutación:

Pregunta tipo del periodista progre: Vox no es un partido constitucionalista.

Respuesta 1: ¿En base a qué hechos concluye usted que Vox es un partido que no acata la Constitución, cuando ellos mismos se declaran a favor de lo que usted les niega?

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Periodista progre: Pues, por ejemplo, a que Vox haya dicho que quiere poner fin a las autonomías…

Respuesta: ¿Acaso la Constitución es un dogma de fe cerrado a cualquier cambio o reforma? ¿Debemos considerar el articulado constitucional como virtudes teologales? Se puede modificar o derogar cualquiera de sus artículos a través de la propia ley. El 2 de septiembre de 2011 el Congreso de los Diputados aprobó, con 316 votos a favor y 5 en contra, la primera reforma constitucional de calado, para introducir de forma urgente en la Carta Magna el principio de estabilidad financiera para limitar el déficit. Nadie acusó entonces al presidente Rodríguez Zapatero ni al líder de la oposición, Mariano Rajoy, de ser anticonstitucionlistas. Una cosa es reformar la Constitución a través de los cauces que ella misma establece y otra muy distinta es hacerlo unilateralmente, de espaldas a la ley, como se hizo en Cataluña por los mismos partidos con los que hoy quiere negociar Pedro Sánchez. ¿Por qué derogar legalmente el Título VIII del sistema Territorial (Autonomías) te sitúa en la inconstitucionalidad y no así propugnar el fin de la Monarquía, piedra angular del Estado y de la propia Constitución, como defiende Podemos.

Sin embargo, hay una ironía más profunda a la postura progre actual: los partidos que hoy más se identifican con la defensa del constitucionalismo han permitido que la Consttución haga aguas y naufrague en los pilares fundamentales. Por ejemplo, el Título I no se corresponde para nada con la realidad. Ni el derecho a la libertad, justicia e igualdad existen, ni el castellano está garantizado en determinadas comunidades autónomas, ni los Derechos fundamentales y las libertades se adecúan a la declaración Universal de Derechos Humanos, ni los españoles somos iguales ante la Ley…

Pregunta tipo del periodista progre: ¿Es o no es cierto que Vox cuestiona los grandes consensos sociales?

Respuesta: ¿Desde cuándo las ideas son herméticas. ¿Acaso no nos hicieron creer que en democracia, cualquier asunto puede ser pacíficamente discutido y cuestionado? Hasta Copérnico y Galileo también había un gran consenso sobre la creencia de que la Tierra era plana y no esférica. Sostener esto último te exponía a una muerte segura. Los consensos se establecen temporalmente sobre unas condiciones muy concretas y están sujetos a revisión, pues de lo contrario serían dogmas tascendentes. En la España de Franco había un gran consenso en torno a la continuidad del régimen tras su muerte. Ese consenso se rompió al poco de ser enterrado. Por otra parte, los grandes consensos en democracia deben ser el resultado de la expresión popular y no del interés de grupos de opinión.

En base a esa pretensión inmovilista respecto a determinados debates, ¿por qué puede cuestionarse la existencia de Dios y no las ideologías de género, el aborto o las autonomías? ¿Significa esto que si niegas a Dios están defendiendo tu libertad de conciencia, mientras que si rechazas el aborto, o el homoseismo como principio natural,, lo que haces es poner en peligro los pilares de la llamada convivencia democrática? Cuando los miembros de un grupo dominante han alcanzado un consenso interno y raramente encuentran a alguien que dispute ese consenso, tienden a creer que todo el mundo, incluyendo las personas que están fuera del grupo, es de la misma opinión que el grupo. Ni en la época más oscura de la humanidad había existido una censura mayor. Cuando no eres libre para tener un punto de vista diferente de los asuntos que conciernen a la moral colectiva, entonces la democracia se convierte en lo contrario de lo que dice representar.

Se gobierna mediante leyes nacidas de los intereses del día, contradictorias con las que regían ayer y con las que se establecerán mañana. La ley ha dejado de ser la muralla que amparaba al ciudadano y se ha convertido en un juguete del sistema, que éste utiliza de acuerdo con sus propias conveniencias mientras pregona que su promulgación obedece al interés colectivo. Soberanía popular, libertad, democracia… sólo son palabras huecas que se llenan con el significado que quiera conferirles el que las maneja.La consumación de esta gran farsa democrática se encuentra privada de cualquier derecho, ya que la responsabilidad rechazada es solo la otra cara de la libertad.

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Pregunta tipo del periodista progre: Vox defiende los malos tratos a las mujeres…

Respuesta: Falso desde todo punto de vista. No hay una sola declaración de algún representante de Vox en esa dirección. Es más, Vox es el único partido que propone penas permanentes de cárcel para los crimenes machistas. Lo que hace Vox es cuestionar la instrumentalización ideológica y económica de algunos grupos de presión feministas, que se  aprovechan de esta lacra social en su propio beneficio.

Como millones de españoles, Vox cuestiona la norma establecida sobre la base de que toda mujer, por el hecho de ser mujer, esté en una situación de desigualdad, inferioridad, sumisión respecto a su pareja, lo que a su juicio es falso.

Como millones de españoles, Vox considera que la Ley de Violencia de Género trata penalmente de forma distinta a los hombres y a las mujeres, aplicando no sólo penas sino todo tipo de mecanismos procesales y extraprocesales distintos por razón de sexo, criminalizando al hombre de partida por el mero hecho de serlo, con efectos devastadores sobre la infancia.

En base a la Ley de violencia de género, y su desarrollo posterior en distintos protocolos de actuación en distintos ámbitos (policial, servicios sociales, asistencia jurídica a través de los colegios de abogados, etc.), se asignan todo tipo de ayudas de carácter asistencial, como son la asistencia jurídica gratuita, tratamientos especiales en cuanto al cese voluntario de la supuesta víctima en su centro de trabajo, ayudas económicas, casas de acogida, etc.

En gran parte, esta humillación al hombre solo por ser hombre, está financiada con los fondos europeos.

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Basta con una simple denuncia, sin prueba alguna contra la pareja o ex pareja, y sin haber sido instruida causa alguna en el Juzgado, ni mucho menos haber sido condenado el hombre,para que se otorguen todas esas ayudas.

El 80% de las denuncias son archivadas o sobreseídas. Ni los juzgados ni la fiscalía, por instrucciones directas del Gobierno, actúan de oficio por un delito de denuncia falsa, por lo que no se devuelven posteriormente todas las ayudas que se fueron concediendo en base a esa denuncia.

Esto hace que el propio sistema se retroalimente de manera progresiva, alentando en un ciclo perverso la interposición de denuncias falsas con fondos europeos: a más denuncias, más dinero.

Los fondos europeos por lo tanto, se asignan finalmente sin fundamento ni justificación, dado que en la mayoría de los casos, se otorgan ayudas en base a denuncias injustificadas que se archivan, generando un sistema que se retroalimenta y que viola los principios de seguridad jurídica y cualquier criterio objetivo y fundamentado de asignación de esos fondos.

La violencia contra la mujer no se combate regando de dinero público asociaciones privadas de marcado contenido ideológico ni con campañas propagandísticas que criminalicen al varón, sino educando en la familia y en la escuela en el respeto al ser humano y a su intrínseca dignidad.

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La ley ha demostrado ser un fracaso y una mera herramienta ideológica con la que confrontar a hombres y mujeres. Los asesinatos no han bajado y los presupuestos para asociaciones y estructuras políticas sí han aumentado.

Pregunta tipo del periodista progre: Vox promueve políticas de odio

Wyoming y Dani Mateo con la cabeza de Franco. / LaSexta

Wyoming y Dani Mateo con la cabeza de Franco. / LaSexta

Respuesta: Todos los diccionarios definen el odio como un sentimiento. Y un sentimiento es un estado del ánimo. De manera que no resulta verosímil que se juzgue a una persona por sus sentimientos. Si yo odio el desorden, la violencia, la corrupción, la delincuencia… ¿me convierte ello en un peligro social? Si yo amo la molicie, la pereza, la invasión de vagos y maleantes… ¿me convierto en un ejemplo social? Si yo denuncio a los musulmanes yihadistas por basar el seguimiento de su doctrina en un libro que contiene más de 100 aleyas (versículos) que predican la violencia… ¿estoy predicando el odio?

Los sentimientos no pueden castigarse. Lo que se castiga es la acción, que es el primer elemento jurídico del delito. Así, si se ataca a un senegalés y se le abre una brecha en la frente es un delito de lesiones, exactamente igual que si alguien les ataca a ustedes y les abre la cabeza, aunque sean de Cuenca. Pero en estos momentos, una riña con un senegalés es “xenofobia” y con uno de Cuenca es una riña. Supuestos idénticos, pero distinto tratamiento jurídico.

Sea cual fuere la orientación sexual, la raza, la religión, la ideología o la clase social, los hechos son los hechos, el delito es el delito y las penas a aplicar han de ser las mismas. De lo contrario, la amplia parafernalia ‘buenista’ que rodea al “odio”, a fuerza de excesos, puede derivar en una especie de patología de la compasión y en arbitrios enfermizos que representen una flagrante inseguridad.

Comprendo los esfuerzos de los gobernantes en su exaltación histriónica de “la corrección política” para proteger a lo que ellos consideran “minorías” desde una perspectiva paternalista y de evidente “superioridad moral”. Pero rizar el rizo en estos temas, “adivinando” los sentimientos más íntimos de un agresor o de un delincuente, es decir, si se mueve por “odio” o por simple maldad, es algo extremadamente delicado y que requiere de la psiquiatría forense más que de la opinión subjetiva de un juez instructor o de un fiscal.

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Un ejemplo: se arma una trifulca y a resultas de la misma tenemos a un marroquí con un brazo roto. De inmediato se clama y se acusa de “odio” y xenofobia al agresor si es español. Pero si ese mismo marroquí arrastra y le parte el brazo a una abuela para robarle el bolso, en este caso no se hablará de “odio” ni nadie se aventuraría a decir que el marroquí “odia” a los españoles y que por eso agredió y robó a la anciana. Nada. Se trataría de un delito de robo con violencia y resultado de lesiones más o menos graves, pero “odio” no hay. ¿Y por qué no va a haber “odio” cuando una persona asalta a otra, sea de Alcorcón o de Nueva Guinea Papua? Todo delito tiene una vertiente oscura e indeterminada. Para muchos, toda violencia implica “odio”, a no ser que sea llevada a cabo por un psicópata o un sociópata carentes de sentimientos, que buscan el mal por el mal, que ni sienten ni padecen y que tan solo quieren causar daño.

¿Odiaba la muchacha podemita que entró en una capilla con las tetas al aire en la Universidad para ofender, vejar y humillar a los católicos? Para mí, sí. Cualquier delito contra los sentimientos religiosos tiene un sustrato de “odio” cuando es totalmente inmotivado, ya que esas personas religiosas ni representan una amenaza, no ofenden a nadie, no imponen sus creencias y no se sirven de ellas para obtener privilegios. De hecho, lo vemos casi a diario, alcaldes radicales lanzan verdaderas andanadas contra los cristianos: que si ordenan quitar las cruces, que si prohíben los símbolos… Ellos y ellas “saben” y son conscientes que este ateísmo riguroso y estalinista causa dolor y humillación a una gran parte de la población. Por consiguiente, ¿se les podría imputar a estas autoridades por un delito de “odio”?

Vistas como están la cosa, tanto puede “odiar” el que lanza botes de humo junto a una mezquita como el que ordena hacer una “batida de cruces”. Odio por todos lados. ¿Y por qué no se imputa absolutamente a todos los políticos por “odiar” a sus contrarios? Castigar sentimientos genera inseguridad y “presumir” de sentimientos resulta más inseguro aún.

Cuando pueden condenarte por islamofobia si denuncias las tendencias violentas que existen en el islam, pero en cambio te protege el sacrosanto derecho a la libertad expresiva si afirmas que todos los curas son pederastas, ¿se puede reprochar a los españoles que hayan elegido la opción política que propone acabar con los delitos de odio?

Pregunta tipo del periodista progre: Vox es un partido que defiende el franquismo

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Jordi Évole abrazado con el etarra Otegi. Junto a ellos, dirigentes de Bildu.

Jordi Évole abrazado con el etarra Otegi. Junto a ellos, dirigentes de Bildu.

No consta una sola declaración de algún dirigente de Vox que apunte en esa dirección. Es más, la dirección de Vox ordenó a sus dirigentes provinciales que no se pronunciaran, ni a favor ni en contra, sobre la exhumación del ex jefe del Estado. Hay sin embargo un hecho objetivo que todos admiten. Antes de la exhumación de Franco, las expectativas electorales de Vox no eran nada buenas. Coincidiendo con la exhumación, Vox se disparó en las encuestas y logró 52 asientos en el Congreso. Nunca en la historia de las democracias liberales europeas, un partido había crecido tanto en tan poco tiempo. La explicación tal vez sea que en España existe un franquismo sociológico de grandes proporciones que los garantes del pensamiento único no habían detectado. Puede ser que millones de españoles consideraran a Vox lo más parecido a un periodo de nuestra historia que les trajo paz, progreso económico y bienestar social, algo que ningún régimen comunista podía haberles ofrecido nunca.

Pregunta tipo del periodista progre: Es necesario parar a la extrema derecha y hacerle un cordón sanitario

Es tanto como decir que hay que asesinar socialmente a los más de tres millones de españoles que votaron a Vox, muchos de ellos antiguos votantes de la izquierda. Vox es hoy lo que es gracias y no a pesar de los millones de españoles que han confiado en su proyecto político. Si nos atenemos al diagnóstico que hace la izquierda, nos encontramos ante una masa de gente enajenada que delira cuando vota y que necesita ser guiada y conducida al redil de los ciudadanos ejemplares.

Si aceptamos la lógica democrática como la mejor de cuantas han sido creadas por el hombre para regirse políticamente, o la menos mala, no debería ser un buen negocio criminalizar a los votantes que han elegido la opción de Vox básicamente porque representa un punto de vista distinto sobre asuntos de la vida española que erróneamente habían sido cerrados a cualquier discusión, desde la inmigración ilegal hasta las ideologías de género.

La democracia busca la participación de todos los ciudadanos en las opciones políticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a sus propios gobernantes, o bien la de sustituirlos oportunamente de manera pacífica. No es fácil respetar y vivir esa democracia, sobre todo cuando políticos y periodistas se defican a criminalizar a quienes votan opciones distintas para hacer frente a problemas reales.

Una auténtica democracia, como la que la izquierda no quiso nunca defender, no es solo resultado de un respeto formal a las reglas, sino el fruto de una aceptación convencida de los valores que inspiran los procedimientos democráticos: la dignidad de toda persona, el respeto de los derechos de cada español a proclamar y defender su identidad en cualquier parte de nuestro territorio nacional, la asunción del “bien común” como fin y criterio regulador de la vida política. Al faltar el consenso general de estos valores entre las mafias progresistas, España ha perdido el significado de la democracia y se ha llegado incluso a comprometer su estabilidad. Esa es la razón principal de que Vox, en menos de un año, haya pasado de ser una fuerza residual a tener 52 diputados en el Congreso.

Si los que nos alertan sobre Vox quieren ser creíbles, comiencen por combatir el virus mortífero y no al enfermo que padece sus consecuencias.

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Pregunta tipo de un periodista progre: Son intolerables manifestaciones como las de Ortega Smith calificando de asesinas y violadoras a las trece rosas. O las de Abascal culpando a los ‘menas’ de cometer delitos y relacionando violaciones con extranjeros. O la de la diputada Alicia Rubio contra el feminismo. O más recientemente las de una camdidata al Congreso por Alicante arremetiendo contra el profesor de su hijo porque consideró que estaba adoctrinando a los alumnos…

Respuesta: Se trata de opiniones que pueden o no ser compartidas. La cuestión sin embargo debería ser otra. ¿Por qué estas opiniones conturban tanto las conciencias progresistas y no así las de Pablo Iglesias, como cuando sostuvo que «el terrorismo de ETA tiene explicaciones políticas? O cuando pidió disculpas «por no romper la cara a todos los fachas con los que discuto en televisión». O cuando soltó las siguientes lindezas «democráticas», elegidas de entre cientos pronunciadas por él mismo y por otros cualificados portavoces de la izquierda:

«Azotaría (a la periodista Mariló Montero) hasta que sangrase»

«Cuando acabemos con esta charla, en vez de mariconadas del teatro, nos vamos de cacería a Segovia a aplicar la justicia proletaria que es lo que se merecen unos cuantos».

«Cuando definimos un enemigo -la lógica capitalista-, ese enemigo solo entiende un lenguaje, el lenguaje de la fuerza».

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«El derecho a portar armas es una de las bases de la democracia».

«Yo solo me he roto un hueso una vez y me lo rompí por dar un puñetazo no porque alguien de mi situación socioeconomica se vea obligado a esa situación… porque estabamos en el Laboratorio y un grupo de lúmpenes, gentuza de una clase social mucho más baja que la nuestra, intentó robar una mesa de mezclas».

«No he dejado de autoproclamarme comunista en Venezuela».

En consecuencia, ¿doble moral de la mafia progresista? No, porque moral, lo que se dice moral, nunca la han tenido. Si hemos llegado hasta aquí ha sido sobre todo por la claudicación ideológica y la rendición intelectual de una parte de la derecha social española.

Si ese sector claudicante de la derecha española quiere que sus ideas tengan un calado socialmente mayoritario, tendrá que dejar de pensar como pasiva “gente de orden” y comenzar a movilizarse, a sacudirse los complejos, a perder el miedo, a preferir el fondo que las formas, a ventilar las contradicciones del enemigo, a vivir con conciencia política, a sostener la coherencia moral como principio básico, a defender sin miedo los valores en los que dice creer, a rechazar la corrección política y la dictadura del pensamiento único, a no dejar que la apisonadora izquierdista nos pase por encima. En AD llevamos años haciéndolo.

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Los dos minutos de odio. Por Diego Fusaro

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Quienes hayan leído 1984 de George Orwell (una lectura muy recomendable siempre, y más aún en nuestra época tan orwelliana), recordarán sin duda la emblemática figura de Emmanuel Goldstein.

Él es el principal enemigo del Partido que gobierna Oceanía.

Debido a su oposición al Gran Hermano, todos los días, a partir de las 11:00, en todas las oficinas y lugares públicos, se celebran manifestaciones de histeria colectiva contra él: los «dos minutos de odio», como los califica la obra maestra de Orwell. Las masas hipnotizadas por la propaganda del Gran Hermano suspenden toda actividad para manifestar histéricamente su odio hacia Emmanuel Goldstein, del que no saben nada más que lo que el partido les dice a diario sobre él, presentándolo precisamente como el enemigo por excelencia, como la amenaza que pone en peligro la paz de su mundo.

También en este caso, como en muchos otros, la fantasía distópica de Orwell parece superada con creces por nuestro presente completamente distópico. También el Occidente actual, rectius uccidente, tiene su Emmanuel Goldstein, que sin embargo se llama Vladimir Putin.

A todas horas, la radio, la televisión y los periódicos de la civilización falsamente democrática del Gran Hermano repiten propagandísticamente que él es el enemigo, el peligro máximo, la amenaza suprema para el paraíso occidental Y las masas tecnonarcotizadas y teledependientes se prestan con estúpida euforia a esta representación de histeria colectiva, exhibiéndose en otras tantas variaciones tragicómicas de los dos minutos de odio de la memoria orwelliana.

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Es una práctica antigua y probada del poder hacer creer que la contradicción y el enemigo están al otro lado del muro, en el espacio exterior con respecto a la sociedad totalmente administrada por el propio poder: de este modo, desviando siempre la mirada de las contradicciones internas de nuestra sociedad, se produce una unificación ficticia del interior, llamado a cooperar en función de la resistencia al enemigo exterior, del que tal vez, como hoy (pero lo mismo vale para Emmanuel Goldstein), se dice que está listo para invadir nuestra civilización.

Al igual que en la novela de Orwell, siempre hay un Emmanuel Goldstein detrás de cada contradicción, detrás de cada distorsión, detrás de cada mal, y lo mismo ocurre hoy en día en el orden discursivo dominante, que siempre y de nuevo señala a Putin —el nuevo Emmanuel Goldstein— como responsable de todos los males.

¿Alguien se atreve a discrepar de la Unión Europea de la vestal de los mercados apátridas Ursula von der Leyen?

Debe haber detrás la longa manus de Putin. ¿Alguien se atreve a criticar las políticas imperialistas de las barras y estrellas? Debe ser un agente secreto enviado por Putin a Occidente. ¿Alguien se atreve a cuestionar los equilibrios de la globalización neoliberal, cada vez más asimétrica? Por necesidad, es un infiltrado solapado de la Rusia de Putin. Releer a Orwell puede ser realmente beneficioso para un despertar colectivo del hechizo hipnótico de la sociedad del espectáculo y la manipulación milimétrica de las conciencias.

Apaguen la radio y la televisión, lean a Orwell. Quien se lo sugiere es, por supuesto, un espía enviado por Emmanuel Goldstein…

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Por Diego Fusaro

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