Sociedad
Asesinan a dos trabajadores de la ONG Acción Contra el Hambre en Etiopía
Atacantes no identificados mataron a dos trabajadores de la ONG Acción Contra el Hambre en la región de Gambella, fronteriza con Sudán del Sur y localizada en en el oeste de Etiopía, según informó la propia organización.
En un comunicado, la ONG confirmó que el suceso ocurrió este jueves, mientras miembros de su equipo regresaban de un centro de nutrición infantil ubicado en el campamento de refugiados de Nguenyyiel.
Aunque en un primer momento, varios medios informaron de que podrían ser españoles, la ONG lo desmintió. Confirmaron que los dos fallecidos eran trabajadores locales, de nacionalidad etíope.
«(Los trabajadores humanitarios) fueron emboscados por individuos armados. Dos empleados fueron asesinados en el lugar de los hechos», reza el comunicado, en el que Acción Contra el Hambre añade que se han suspendido todas las operaciones en Gambella.
Por su parte, las Naciones Unidas condenaron el ataque al subrayar que supone una violación del derecho internacional humanitario, y se mostraron confiadas en que se investigarán los hechos.
«Estoy seguro de que las autoridades etíopes arrestarán y procesarán a los responsables del ataque», afirmó en un comunicado el coordinador humanitario y residente de la ONU en Etiopía, Steven Were Omamo.
El campamento de Nguenyyiel alberga unos 74.000 refugiados de Sudán del Sur, según datos de la Agencia de Refugiados de la ONU (Acnur), parte de los 1,8 millones de personas que, desde que estallara una guerra civil en diciembre de 2013, han huido a países vecinos.
El presidente sursudanés, Salva Kiir, afirmó este jueves que el próximo noviembre se formará el Gobierno de unidad nacional estipulado por el acuerdo de paz que rubricó con la oposición armada hace un año y que estaba previsto que se estableciera el pasado mes de mayo.
El pacto de 2018 ha conseguido, de cierto modo, detener la violencia en el país, donde estalló un conflicto de tintes étnicos a finales de 2013 entre las fuerzas de Kiir y los seguidores de Salva Machar, que era en aquel entonces su vicepresidente, pero no ha logrado que los afectados puedan regresar a sus casas.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
