Sociedad
Así se financia el feminismo marxista actual: Las exesposas de Bill Gates y Jeff Bezos donan 40 millones de dólares a proyectos de igualdad de género
MacKenzie Scott y Melinda Gates, exesposas de los multimillonarios Jeff Bezos y Bill Gates, han unido fuerzas para donar 40 millones de dólares a cuatro organizaciones que promocionan la igualdad de género.
Pivotal Ventures, compañía de inversiones de Melinda Gates, con el apoyo de MacKenzie Scott y su marido actual, Dan Jewett, así como de otra filántropa multimillonaria, Lynn Schusterman, han seleccionado en un concurso de proyectos a cuatro entidades que trabajan en el ámbito de los cuidados, educación superior, tecnologías y minorías, a cada uno de los cuales se asignaron 10 millones de dólares, informa CNBC.
Asimismo, otros 8 millones de dólares serán repartidos entre dos finalistas que trabajan en la lucha contra la violencia doméstica y en la enseñanza a las mujeres a ejercer su derechos políticos.
En junio, Scott donó otros 2.700 millones de dólares a centenares de organizaciones centradas en una variedad de problemáticas, desde la justicia racial hasta la lucha contra la violencia machista, mientras que en diciembre pasado anunció donaciones por valor de 4.200 millones de dólares a numerosas entidades.
El patrimonio de Scott ha sido valuado por Bloomberg en 64.100 millones de dólares. Se convirtió en una de las mujeres más ricas del mundo tras su divorcio de Jeff Bezos en 2019, que le dejó un 4 % de las acciones de Amazon.
Mientras, Melinda Gates cuenta con una fortuna de 3.300 millones de dólares, según Forbes. La mujer centra su actividad benéfica en la igualdad de género, y asignó 1.000 millones a este fin en 2019 a través de Pivotal Ventures. Asimismo, la fundación de Bill y Melinda Gates anunció en junio que gastaría 2.100 millones de dólares en los próximos cinco años a la promoción de esta causa globalmente.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
