España
¡ATENCIÓN! VOTANTES DEL PP: YA SABÉIS LA VERDAD POR BOCA DEL TRAIDOR: Pablo Casado confirma que ofrecerá un gran pacto al PSOE tras las elecciones
¿Derechita cobarde? NO. Derechita inmunda, cobarde, traidora: nauseabunda.
Derecha rastrera, ruin, absolutamente deleznable. Derecha traicionera, ya desde su origen en la CEDA: parodia de seriedad; burla de señorío: albañal de España. Pedro Casado, con sus mamporreros y masajistas, ha mancillado las buenas intenciones de una enorme masa de ingenuos y atontados pero bienintencionados votantes. Ha elegido -le han ordenado, seguramente- tomar sus principios, y metérselos por retambufa a algún amiguito de logia. Para placer de ambos.
De cualquier manera, ya está claro: las cartas están vueltas y las jugadas, hechas. A partir de aquí estamos en manos de esa materia maloliente que se ha dado en llamar «conjunto de la ciudadanía que vota».
Los votantes del Partido Popular recibieron ayer una noticia inesperada: el todavía líder del PP, Pablo Casado, contó la verdad sobre sus intenciones poselectorales y aseguró en voz alta que ofrecerá una gran coalición de Gobierno al PSOE. O, como segunda opción, una rendición unilateral, incondicional y sin ningún tipo de contraprestación de los votos de VOX, que deberá hacer presidente del Gobierno a Casado poco menos que por su cara bonita.
Si aceptáramos ‘gran coalición’ con el socialismo como un bien para España, que no lo hacemos porque para aceptarlo habría que beberse de tres a cuatro barricas de jumilla, el asunto nuclear sería saber qué proyecto tiene Casado en la cabeza para que le da igual usar a sus votantes para asociarse con el socialismo sanchista, ese campeón de la pandemia y aliado de comunistas y proetarras, que con VOX, el único partido que desde la tribuna del Congreso, desde la calle y desde los tribunales se ha opuesto al desastre socialista y a sus agendas globalistas, aquí y en toda la Iberosfera.
Conocemos bien a la militancia popular, como conocemos los afectos e inclinaciones de millones de españoles que todavía votan al PP, y nos solidarizamos con su estupefacción en este momento crucial en el que Casado ha decidido, por fin, que el Partido Popular ya no les va a mentir más. Su proyecto es la supervivencia del bipartidismo al precio que sea. Es decir: la nada. Una nada europeísta, atlantista y reformista en la que, por lo que parece, no cabe España.
Hay 47,35 millones de razones para mandar al PSOE al olvidadero de la Historia. Blanquear el desastre, ofrecer una gran coalición a los campeones europeos de la crisis pandémica, a los que eligieron ideología antes que salud, a los que cada día gastan el dinero de nuestros impuestos en políticas ideológicas que provocan división —y enfrentamiento— entre españoles, a los indultadores de sediciosos no arrepentidos, a los mentirosos compulsivos de los que no recordamos una sola verdad, a los que, y esto es esencial, no han movido un dedo cuando fanáticos independentistas catalanes han llamado a apedrear la casa de un niño catalán que pidió estudiar en español, es delirante.
Con los primeros movimientos preelectorales de Juanma Moreno Bonilla en Andaucía y sus guiños al PSOE de los ERE y otros prostíbulos y con la guerra interna de egos en el PP que Casado no sabe cerrar, hasta un ratón ciego —no digamos tres— podría deducir la nueva estrategia del PP de blanqueamiento del socialismo. Y por eso lo advertimos. Es cierto que no esperábamos una confirmación tan tempranera por parte del propio Pablo Casado, pero lo esencial es que hoy, en el año de Nuestro Señor de 2021, el votante del Partido Popular conoce a lo que Casado quiere destinar su voto.
Habrá quien diga que la única conclusión sensata a la que puede llegar una persona normal es que Pablo Casado no quiere ser presidente del Gobierno. Puede ser, pero no es lo importante. Lo fundamental es que hoy, por fin, la responsabilidad absoluta es del votante del Partido Popular que ya conoce la verdad y no podrá refugiarse en excusas de realpolitik para disculpar las mentiras preelectorales de Génova.
Esperemos que esa verdad les haga libres.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
