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(AUDIO) Armando Robles explota en ‘Buenos días España’: «No tendrían cojones de entrar en las mezquitas los que entran en las iglesias suspendiendo misas y echando a los fieles»

Redacción

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Los ataques anticlericales de un sector de la sociedad española no son nuevos. La izquierda padece desde siempre un mal endémico que la convierte en alérgica a todo lo católico.

Ahora ha visto una oportunidad con el coronavirus para impedir las aperturas de iglesias y catedrales. Lo vemos estos días. La Policía allana iglesias en plena eucaristía, desalojando a los fieles, que nunca rebasan los límites de seguridad. Justo es aclarar que los agentes policiales llevan a cabo su tarea por orden de sus jefes políticos. [SIGUE MÁS ABAJO]

La diferencia entre obediencia y deber debería percibirla, más que nosotros, los agentes que obligaron  a interrumpir una eucaristía celebrada en una azotea y difundida por altavoces para proporcionar asistencia espiritual a los vecinos.

Del peligro sanitario que representaba la presencia en la azotea de únicamente cinco religiosos, que mantenían entre ellos una más que prudente distancia, no hay respuestas. Nunca antes desde la guerra civil, los cuerpos y fuerzas de seguridad habían entrado en los templos y catedrales como se está haciendo estos días. La gravedad de los allanamientos no es nada comparada con la interrupción de la presencia eucarística de Cristo, fuente y culmen de la vida de todo cristiano. [SIGUE MÁS ABAJO]

Paralelamente, el Gobierno autoriza los desplazamientos de sus localidades a las personas de religión musulmana con motivo del ramadán. El programa «Buenos días España», de Radio Cadena Española, analizó este doble rasero en las actuaciones del Gobierno estos días.

Armando Robles, colaborador del espacio que conduce y dirige Santiago Fontenla, muy indignado atribuyó esta ubicuidad de la izquierda al objetivo largamente perseguido de clausurar los templos católicos y prohibir los oficios religiosos.

Se preguntó si los jefes políticos de la Policía se atreverían a ordenar la entrada en el interior de las mezquitas. Muy irritado, el propio director de AD dio la respuesta: «No tendrían cojones de ordenar la entrada de policías en las mezquitas los que en cambio sí ordenan que se entre en las iglesias, suspendiendo las santas misas y echando a los fieles», enfatizó.

Robles excluyó a los musulmanes de sus críticas. «Ellos no tienen la culpa ni no son responsables del clima de cristianofobia promovido por la izquierda en el Gobierno. Incluso tengo que elogiar la coherencia de estas personas en la defensa de su fe, lo que haría imposible que en las mezquitas puedan llevarse a cabo las acciones intimidatorias que sí están teniendo lugar en recintos católicos, bajo la cobarde mirada de la jerarquía episcopal y del propio papa».

Por otra parte, el director de AD criticó asimismo la designación de Ana Pastor como «Inquisidora mayor del Reino». «Al final la democracia española consistía en que alguien tan despreciable como Pastor decida en nombre de 45 millones de españoles lo que es verdad y lo que no, lo que es falso o verdadero, lo que hay que publicar o lo que hay que censurar».

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«Buenos días España» se volvió a posicionar contra la presencia del PP y de Vox en los llamados Pactos de La Moncloa, ahora rebautizados como ‘Pactos contra el coronavirus’. «No se busca una salida a la tragedia que el Gobierno ha provocado. La ideología imperante no es más que el afán del poder y la ocupación del poder con los medios que haga falta. Y la prueba de ello es que el Gobierno del PSOE con sus aliados comunistas ha declinado la dirección del país en un mercenario como Iván Redondo».

«Los nuevos Pactos de la Moncloa que se anuncian no son para un proyecto común, sino para que se asuma el proyecto ideológico de Pablo Iglesias para afrontar la salida de la crisis», se añadió.

También se cuestionó la labor informativa de los medios supuestamente conservadores. «Es el momento mas grave en este país desde la guerra civil. Y todo son informaciones blandas, de cómo viven la tragedia pacíficamente en un pueblo de Burgos y similares. ¡Pero si está cambiando nuestra vida para siempre! ¿No hay análisis? No se está analizando lo que de verdad nos está pasando, ocultamos los perfiles más duros, más polémicos y hasta los más prometedores». «Falta en todas las grandes cadenas ese afán de profundizar, ese espíritu crítico, que debería ser la esencia de nuestro periodismo en momentos tan comprometidos como este. Se trata de banalizar el drama y de anestesiar a los españoles».

En definitiva, un programa único en su estilo, disidente y crítico, a veces irreverente, que no puede perderse. PINCHE ABAJO PARA ESCUCHARLO:

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Los dos minutos de odio. Por Diego Fusaro

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Quienes hayan leído 1984 de George Orwell (una lectura muy recomendable siempre, y más aún en nuestra época tan orwelliana), recordarán sin duda la emblemática figura de Emmanuel Goldstein.

Él es el principal enemigo del Partido que gobierna Oceanía.

Debido a su oposición al Gran Hermano, todos los días, a partir de las 11:00, en todas las oficinas y lugares públicos, se celebran manifestaciones de histeria colectiva contra él: los «dos minutos de odio», como los califica la obra maestra de Orwell. Las masas hipnotizadas por la propaganda del Gran Hermano suspenden toda actividad para manifestar histéricamente su odio hacia Emmanuel Goldstein, del que no saben nada más que lo que el partido les dice a diario sobre él, presentándolo precisamente como el enemigo por excelencia, como la amenaza que pone en peligro la paz de su mundo.

También en este caso, como en muchos otros, la fantasía distópica de Orwell parece superada con creces por nuestro presente completamente distópico. También el Occidente actual, rectius uccidente, tiene su Emmanuel Goldstein, que sin embargo se llama Vladimir Putin.

A todas horas, la radio, la televisión y los periódicos de la civilización falsamente democrática del Gran Hermano repiten propagandísticamente que él es el enemigo, el peligro máximo, la amenaza suprema para el paraíso occidental Y las masas tecnonarcotizadas y teledependientes se prestan con estúpida euforia a esta representación de histeria colectiva, exhibiéndose en otras tantas variaciones tragicómicas de los dos minutos de odio de la memoria orwelliana.

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Es una práctica antigua y probada del poder hacer creer que la contradicción y el enemigo están al otro lado del muro, en el espacio exterior con respecto a la sociedad totalmente administrada por el propio poder: de este modo, desviando siempre la mirada de las contradicciones internas de nuestra sociedad, se produce una unificación ficticia del interior, llamado a cooperar en función de la resistencia al enemigo exterior, del que tal vez, como hoy (pero lo mismo vale para Emmanuel Goldstein), se dice que está listo para invadir nuestra civilización.

Al igual que en la novela de Orwell, siempre hay un Emmanuel Goldstein detrás de cada contradicción, detrás de cada distorsión, detrás de cada mal, y lo mismo ocurre hoy en día en el orden discursivo dominante, que siempre y de nuevo señala a Putin —el nuevo Emmanuel Goldstein— como responsable de todos los males.

¿Alguien se atreve a discrepar de la Unión Europea de la vestal de los mercados apátridas Ursula von der Leyen?

Debe haber detrás la longa manus de Putin. ¿Alguien se atreve a criticar las políticas imperialistas de las barras y estrellas? Debe ser un agente secreto enviado por Putin a Occidente. ¿Alguien se atreve a cuestionar los equilibrios de la globalización neoliberal, cada vez más asimétrica? Por necesidad, es un infiltrado solapado de la Rusia de Putin. Releer a Orwell puede ser realmente beneficioso para un despertar colectivo del hechizo hipnótico de la sociedad del espectáculo y la manipulación milimétrica de las conciencias.

Apaguen la radio y la televisión, lean a Orwell. Quien se lo sugiere es, por supuesto, un espía enviado por Emmanuel Goldstein…

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Por Diego Fusaro

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