Sucesos
Aumentan a doce los turistas americanos muertos misteriosamente en República Dominicana
Otro ciudadano americano ha muerto en República Dominicana. Van doce. Así lo confirmó un funcionario del Departamento de Estado de Estados Unidos que no ofreció detalles sobre la identidad o la causa de la muerte del hombre.
Según la CNN, varios informes de medios de comunicación citaban la muerte de un hombre de Nueva York cuya familia dice que se enfermó repentinamente y falleció el lunes pasado.
La familia del fallecido lo identificó como Vittorio Caruso de Glen Cove, Long Island, según la afiliada de CNN News 12 Long Island. Es el décimo turista estadounidense que murió durante o después de su estancia en República Dominicana durante los últimos 13 meses.
La cuñada de Caruso, Lisa Maria Caruso, dijo a News 12 Long Island que Vittorio Caruso murió por sufrir problemas respiratorios y posiblemente un ataque al corazón mientras estaba de vacaciones.
La muerte de varios turistas estadounidenses en los últimos meses en la República Dominicana sigue siendo un misterio para las autoridades.
El 30 de mayo, Nathaniel Edward Holmes, de 63 años, y Cynthia Ann Day, de 49, fallecieron en un hotel de la cadena española Bahía Príncipe Hotels & Resorts ubicado entre San Pedro de Macorís y La Romana, en el este del país caribeño.
Cinco días antes, en un hotel de la misma cadena, fallecía la también estadounidense Miranda Schaup-Werner, de 41 años, quien estaba hospedada junto a su pareja, Daniel Frank Werner, de 49 años, celebrando su décimo aniversario de bodas.
Jay McDonald, portavoz de la familia Werner, sugería a «FOX News» que todo iba «más allá de una coincidencia. Los otros [dos turistas] fallecieron cinco días después, y se determinó que la causa [de su muerte] fue la misma. Algo está sucediendo y queremos saber qué es», reclamó.
El informe preliminar de las autopsias practicadas a los tres cuerpos concluye que murieron por complicaciones de salud, pero todos tenían los pulmones inundados.
En el caso de la pareja de turistas, la causa, según el Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif), fue insuficiencia respiratoria y edema pulmonar; en el caso de Schaup-Werner, un infarto, tal y como informaba la cadena hotelera en Twitter.
Las autoridades dominicanas siguen a la espera de los resultados de los estudios de toxicología para emitir el informe final sobre estas muertes que, según fuentes consultadas por Efe, ha llevado al Gobierno a crear una mesa de crisis para tratar el asunto.
A las investigaciones se ha sumado el FBI, mientras que medios estadounidenses hablan de la posibilidad de que las muertes estén relacionadas con el consumo de alcohol adulterado.
El último en sumarse a la lista ha sido, este sábado, el exagente de Policía de Ohio Jerry Curran, que murió en enero en el hotel Dreams Resort de Punta Cana.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
