Opinión
Ayudas escasas, sufrimiento excesivo. Por Jesús Salamanca Alonso
«Hoy mismo en TVE y A3 exponían varios afectados que no han recibido nada de nada y que el Gobierno es un tongo de muy mal gusto».
Desde el Gobierno lo niegan todo. Es su forma de hacer política, sea mintiendo y negando o escurriendo el bulto como irresponsables que han demostrado ser. Lo están viendo a diario: con Alvarito, en su nefasto papel de fiscal general desprecian lo que el juez comprueba con suma claridad, pero si hasta Miguel Ángel Rodríguez ha presentado los correos y ha echado abajo las mentiras de los ministros «dóberman» y del mismo mentiroso de Moncloa. Ahí tenemos la prueba de que a España le falta un hervor para llegar al nivel de democracia de Europa occidental o, mejor dicho, a quienes les falta ese hervor es a los titulares de ciertas instituciones que impiden madurar hacia la democracia al órgano u organismo del que son titulares.
Se mire por donde se mire, y a pesar de que el habitante de «Moncloaca» se agarra a la silla como un ladrón al botín, lo cierto es que el presidente del Gobierno «Frankenstein» hace tiempo que es un podrido «cadáver político», tal y como le han definido en el Europarlamento, y seguramente se haya convertido en el personaje más despreciado de la política española, tanto fuera como dentro del país. Pruebas sobran y actos también. Tal como reseñaba hace unos días en otro artículo de colaboración para este medio: «El mundo entero ha conocido la ineptitud del presidente, su inutilidad para hacer política seria y rigurosa, su dejadez ante las adversidades, su irresponsabilidad y el alto grado de degeneración que proyecta», en palabras de una alcaldesa de las poblaciones afectadas por la DANA.
Esa ineptitud, degeneración, cobardía, odio al prójimo, venganza, inutilidad, irresponsabilidad y desidia del inquilino monclovita se ha puesto de manifiesto en la visita de los Reyes a varias poblaciones afectadas por la catástrofe natural. Hoy es un hecho que las culpas han de repartirlas –aunque no sé si por igual– entre el presidente Mazón y el presidente del desgobierno nacional que, a propósito, siguió divirtiéndose y jugando con coronas de florecitas en la India durante dos noches más, lo mismo que Mazón se fue a comer con una periodista. Precisamente, por los cientos de fallecidos por la DANA, Sánchez carece de autoridad para reiterar cuanto ha afirmado, eso de que «nuestro objetivo es salvar vidas». Y no les digo con eso otro de «si necesitan ayuda, que la pidan».
Mientras la gente moría, la despreciable coalición del Congreso convocaba un pleno urgente para repartirse los cargos del Consejo de RTVE donde no faltan miembros de la mafia de «Opinión Sincronizada». ¿Se lo cobrarán los valencianos en las elecciones? Hoy mismo en TVE y A3 exponían varios afectados que no han recibido nada de nada y que el Gobierno es un tongo de muy mal gusto. «Al menos sabemos –decía una afectada—que las ayudas de Mazón sí llegan desde el primer día y eso lo agradecemos los afectados, pero las del Gobierno nadie sabe nada, ni te informan. Es una vergüenza». Ya verán cómo la delegada del Gobierno en Valencia sale a los medios diciendo que todos los afectados han recibido ayudas.
La desatención de la ciudadanía es un hecho irrefutable, su valentía es cero, su cobardía es humillante y su desprecio por la población una realidad visible. Tras la DANA se aprobó un primer montante que superaba los 10.600 millones de euros y posteriormente un segundo paquete de ayudas por casi 3.800 millones. Hablamos de más de 14.000 millones. Se trataba de paliar el impacto de la catástrofe en familias y empresas. ¿A dónde ha ido a parar ese dinero? No creo que haya tanto mangante como hubo en los ERE, que desaparecieron 860 millones robados a los parados y aún no lo han devuelto, que es a lo que se comprometió Sánchez si llegaba al Gobierno. Llegó y nunca más se supo.
Cerca de la mitad del dinero recibido tiene como condición el ser reembolsado al Estado. El 40% de los casi 14.000 millones «se articula a través de créditos, aplazamientos fiscales o moratorias crediticias. Existe un compromiso de pago a futuro por parte de los solicitantes» decía ElEconomista del 16 de noviembre de 2024. ¿Se va a atrever el Gobierno a negármelo? Porque, según estoy viendo, solo 1.888 millones pueden cifrarse o catalogarse «como ayudas directas a fondo perdido. Gran parte del dinero aprobado para el desastre son créditos ICO y una parte importante procede del Consorcio de Compensación del Seguro».
El sacrificio y esfuerzo que vende Pedro Sánchez es falso, sigue mintiendo y acabará pasándole lo que a Pedro y el lobo en el cuento. Las ayudas son escasas y muchas hay que devolverlas. Cree que nos envuelve con sus mentiras, pero lo tenemos calado y tiene menos rigor y credibilidad que el Tribunal Constitucional o EH Bildu. Un minucioso estudio de la Generalitat valenciana plasma que el dinero necesario para compensar gastos y necesidades debe llegar a los 35.000 millones para que alcance a todos, pero Sánchez en el BOE concede 1.888 millones; eso sí, a Cataluña le regala 15.000 millones por sujetarle a él el culo en Moncloa y le perdona la deuda del FLA, que es desorbitada. ¿Se puede ser más miserable? Ya no hay duda: ¡Cataluña nos roba, pero esa Comunidad pierde empresas a chorro!
Lo cierto es que Mazón está dando lecciones a Sánchez en el reparto de ayudas a la población afectada, aunque las ayudas de la Generalidad valenciana es imposible que alcancen los montantes que debería poner el Estado. Ahí está la labor de la oposición y ¿saben cuál es? Pues es luchar por conseguir ayudas, pero ni lo hacen, ni lo van a hacer. ¿Acaso esperaban algo de la derechita cobarde de Feijóo? En el momento que tienen escaño para asentar las posaderas, se sientan, observan y espolean. ¡Ahí te quedas, pueblo!
Las empresas arruinadas por la catástrofe son las eternas olvidadas y apenas perciben ayudas económicas. Si quieren continuar produciendo, que accedan a los créditos ICO; al menos es lo que dice el desastroso Gobierno central. Las pymes se quedan mirando al sol porque las ayudas a ellas destinadas son casi nada; es decir, parientes del tío nadie. No pueden superar los 150.000 euros.
Y mientras todo eso sucede en Valencia y se tiñe de decepciones, el Gobierno socialcomunista sigue enredando con MUFACE, las aseguradoras, la ineficacia de Función Pública y las barbaridades de la ME-MA, hoy ministra de Sanidad, por obra y gracia de Sánchez y para desgracia de la ciudadanía en general.
Hace un año, la ministra de Sanidad afirmó y defendió la «inviabilidad» de MUFACE, pero parece desconocer que, desde hace 11 años, la Unión Europea calificó de «inviable» a la Seguridad Social española, así como descontrolado el gasto sanitario y en pensiones. Y aquí no hay colores políticos porque la derechita cobarde y la irresponsable izquierda han sesteado en exceso durante años.
Finalmente decir que, en los años buenos de la Mutualidad, los gobiernos de ambos colores llegaron a retirar dinero de la misma para tapar agujeros en la Seguridad Social. Otro día hablaremos de por qué ya no se ingresa dinero en la Hucha Común. Aquellos polvos traen estos lodos.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
