Sociedad
AYUSO ES «Derechita Cobarde» y obedece a Casado. Abascal: ‘El voto útil es una milonga, y más en Madrid, que es una circunscripción única’
Entre gritos de “hay que votar a VOX” y “presidente, presidente”. Así recibió Pozuelo –“el barrio de Errejón y Pedro Sánchez”- a Rocío Monasterio y Santiago Abascal. Ambos dieron allí una lección de patriotismo y se comprometieron a proteger a los madrileños y los españoles tanto del comunismo que pretende asaltar la Comunidad de Madrid como de los partidos que no se atreven a hacerle oposición.
El presidente de VOX recordó de qué sirvió la última mayoría absoluta: “Quiero que digáis a vuestros padres dubitativos qué ocurrió cuando hace muy dieron 186 escaños a un señor. Y lo que ocurrió es que se subieron los impuestos más de lo que quería IU en aquellos momentos, se mantuvieron las leyes del aborto, la negociación de Zapatero y ETA, la Ley de Memoria Histórica, las leyes de género y todas las zarandajas y porquerías que había traído la izquierda a España”, se dirigió Abascal a los jóvenes de VOX. “Lo que ocurrió es que aquellos 186 escaños otorgados con tanta ilusión fueron perfectamente inútiles”, zanjó tras recordar “el mensaje confuso” que algunos medios de comunicación de “la derecha domesticada” están dando en los últimos tiempos sobre el voto útil.
“Eso del voto útil, que siempre es una milonga, lo es especialmente en estas elecciones de Madrid, que hay una circunscripción única y no se pierde un voto. Así que votad lo que queráis y dad fuerza a aquellos que queráis respaldar. Donde nos pongáis, actuaremos. El otro día dijo Casado que votar a Ayuso era votar a Pablo Casado para la Presidencia de Gobierno. Y yo os quiero decir que votar a Rocío Monasterio es votarme a mí para la Presidencia del Gobierno”, concluyó Santiago Abascal tras recordar que la candidata de VOX a la Presidencia de la Comunidad de Madrid es la única que se ha puesto “a las leyes ideológicas, también del PP” en el Parlamento regional.
Ella, precisamente, recordó su misión de acabar con el adoctrinamiento en los colegios. “Esta izquierda quiere atacar nuestros pilares fundamentales mientras nosotros estamos distraídos con otras cosas y por eso la Educación es fundamental”, manifestó tras recordar cómo algunos han perdido la esperanza en Cataluña ante la gran cantidad de jóvenes adoctrinados por el independentismo. “Por supuesto que queda mucho por hacer y por eso está VOX ahí -recordó-. Y aquí hay que tener cuidado para que no nos pase lo mismo”, advirtió tras relatar cómo lo primero que le dijo Isa Serra (Podemos) fue que quería quitarle a sus hijos.
Monasterio, que relató su vida de madre de una familia numerosa -siempre corriendo a todas partes para intentar llegar a todo- de las que nadie más quiere hablar, incidió además en que “para tener libertad hay que tener seguridad” y se comprometió a proteger a las familias madrileñas. ¿Cómo? Para empezar, devolviendo sus bolsillos los recursos que hoy en día se destinan a gasto político ineficaz. “No queremos una reforma del IRPF dentro de dos años, la queremos ya”, sentenció tras comprometerse una vez más a rebajar los impuestos de forma inmediata cuando llegue al Gobierno de la Puerta del Sol.
“Muchos de los que estamos en VOX hemos dejado nuestros trabajo y hemos dejado de pasar tiempo con nuestros niños porque estamos comprometidos con todos vosotros y con España. Y os prometemos que vamos a ser la alternativa a la izquierda y la alternativa a la sumisión de otros partidos que no quieren hacerle frente. No vamos a permitir que la izquierda entre en Madrid y eso lo va a hacer VOX, no otros”, concluyó Monasterio.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
