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Opinión

Ayuso: un ser hecho de propaganda

Redacción

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Ayuso es pura propaganda; su único activo es salirse de lo políticamente correcto; y eso provoca fervor. Pero no les gusta ella, simplemente odian al sistema.

Mi novia, siempre que utilizo la palabra propaganda para referirme a los panfletos publicitarios que te dan por la calle, me corrige, alegando que eso no es propaganda, sino publicidad. Sin darnos cuenta, tenemos tan metida la mentira que se encargan de difundirnos a través de esa propaganda, que cuando vemos cualquier cosa que se le parece ya creemos que estamos ante un cuento chino.

Casi todo lo que nos rodea está contaminado por la propaganda. El sentido de que no tomemos ya aceite de palma o que prefiramos a este candidato en lugar del otro, se encuentra condicionado por la percepción que un medio determinado se ha encargado de imponernos. Algunos viven como si fueran los creadores de esa materia o como si hubieran descubierto la panacea, sin darse cuenta de que esa manipulación mediática ya existía desde siglos como destaca Elvira Roca en su Imperiofobia y leyenda y negra.

Juego del engaño, arte de retorcer las conciencias de la gente, que ya utilizó Stalin cuando fue fotografiado abrazando a una niña cariñosamente. Tan solo utilizó la capacidad de influencia para llenar todas las esferas públicas con esa imagen en forma de estatuas, panfletos y cualquier marco cultural capaz de hacer pensar a la gente lo que uno quiere. Toda la Unión Soviética vio al líder gracias a esa figura como un garante padre de la patria soviética. No sabían, que poco después de tomarse esa fotografía, ordenó la ejecución del padre de la pequeña al considerarle un espía japonés.

Hoy en día, asistimos, sin tener conciencia de ello, como les ocurría a los languidecientes ciudadanos soviéticos por aquel entonces, a campañas de propaganda permanentes en las que se vende gato por liebre. Pasa con Isabel Díaz Ayuso. Toda la derecha está dando palmas por una política a la que todavía intento buscarle la gracia. No es ni intelectualmente superior a sus oponentes, ni tiene el carisma real que se le atesora.

Ostenta, en su lugar, un equipo marketiniano cubriéndole las espaldas que multiplica sus atributos por tres. No hace más que decir chorradas, insinuar ventajas irrisorias sobre vivir en Madrid… Gusta, y como me dijo Cristina Casabón, columnista de The Objetive, lo hace porque dice lo que piensa, rompe con lo establecido. Choca con la monotonía tradicional, es lo que Trump ha sido para EE. UU. En una sociedad anestesiada por lo políticamente correcto, todo el que dice algo distinto a lo marcado tiene las de ganar.

Es más fácil que entonces producir una campaña política entre otras cosas porque la mayoría de los candidatos y partidos invocan la ya manoseada Agenda 2030 cambiando algún matiz. La ciudadanía es cada vez más consciente de que la plutocracia se las ha ingeniado para que las cosas cambien y que todo siga igual. Van a votar a todo lo que se salga de lo habitual, de lo normal, de lo correcto, aunque sea una memez. A pesar de que un tío americano con peluquín humille a los inmigrantes mexicanos o una mujer diga cualquier parida sin sentido que se le pase por la mente, les van a votar. No les votan a ellos, censuran el sistema.

 

Jorge Brugos

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España

Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

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«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».

Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.

Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.

Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?

Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.

Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.

En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.

Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.

Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.

Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.

El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.

Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.

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