Internacional
¿Permitiría usted que un anciano con alzhéimer se sentara en la Casa Blanca con el dedo en el botón nuclear?
Un prestigioso psiquiatra de Noruega sugiere que el candidato presidencial de Estados Unidos Joe Biden sufre demencia senil.
Tras analizar las apariciones públicas del aspirante al presidente de Estados Unidos Joe Biden, el psiquiatra noruego Fred Heggen ha notado un evidente fracaso congitivo en su salud mental, que puede ser un signo de empeoramiento de la demencia.
Lo que comenzó como episodios menores cuando Biden comenzó su campaña electoral para convertirse en el candidato presidencial demócrata — «olvido, travesuras, confusiones, engaños y agresión» — ha empeorado «a velocidad de galope», señaló Heggen en un artículo de opinión publicado por Nettavisen.
En la pieza llamada «¿Por qué los demócratas siguen respaldando a un candidato posiblemente demente?» Heggen señaló que Biden ahora está en gran parte excluido del contacto con los medios y el público. Cuando aparece, el discurso dura un máximo de 10 minutos. Biden recibe instrucciones a través de un auricular o lee el texto en un teleprompter. No se permiten preguntas de la prensa.
«Las pocas veces que Biden participó en un debate real, luchó con problemas de concentración, pérdida de memoria y repentinos bloqueos de pensamiento», dijo.
“Por supuesto, aún puedo juzgarlo erróneamente, pero a mis ojos parece una persona que ya está muy afectada por la demencia. Y las elecciones presidenciales aún están muy avanzadas. ¿Qué pasa si su condición empeora aún más en los próximos dos o tres meses?», se preguntó Heggen.
En el peor de los casos, reflexionó Heggen, existe el riesgo de que Biden no pueda construir oraciones completas o significativas o incluso mantener las actividades de la vida diaria (AVD).
“Esto no es propaganda de miedo de mi parte. Todos los que han tenido experiencia con personas con demencia saben que un deterioro puede llegar rápidamente y tener un curso particularmente dramático ”, escribió Heggen, advirtiendo sobre los peligros potenciales asociados con una posible víctima de demencia como presidente esperanzado», advirtió.
“Este hombre es en quien confían los demócratas y los demás globalistas del mundo. Este es el hombre que se sentará en la Casa Blanca con el dedo en el botón nuclear. Ya no estamos hablando de política racional. Estamos hablando de la locura puesta en el sistema ”, concluyó Heggen.
Fred Heggen es director médico de la clínica psiquiátrica del Hospital Diaconal de Lovisenberg en Oslo y columnista del periódico Nettavisen.
Anteriormente, numerosos medios de comunicación, como Consortium News, CounterPunch y Politico, han especulado sobre que Joe Biden tiene demencia. Varios políticos y expertos, incluido el abogado de Trump y el ex alcalde de Nueva York, Rudi Giuliani, y la escritora y columnista conservadora Ann Coulter, también sugirieron que Biden, de 77 años, tiene demencia senil.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
